RECHAZARON VERSIONES QUE LOS ACUSAN DE PARTICIPAR EN ACTIVIDADES ILICITAS

Pescadores mexicanos ratificaron veracidad de su asombrosa odisea

Visiblemente cansados, vestidos de camisa y pantalón informal, los pescadores Salvador Ordóñez Vázquez, de 37 años, Jesús Eduardo Vidaña López y Lucio Rendón Becerra, ambos de 27 años, se enfrentaron ayer a un bombardeo de preguntas sobre la veracidad de su historia.

Los tres pescadores, junto a otros dos más que murieron a comienzos de año, zarparon el 28 de octubre de 2005 de la costa de Nayarit (noroeste) para pescar tiburones en un barco de nueve metros de largo por tres de ancho, pero el motor se descompuso y quedaron durante nueve meses a merced del Océano Pacífico, que los alejó hasta las aguas de las Islas Marshall, donde fueron rescatados.

Tras conocerse la increíble historia, en la prensa comenzaron a surgir versiones que señalaban que en las costas de Nayarit los pescadores, ante la poca paga por la pesca, «rescataban» paquetes en alta mar para bandas del crimen organizado, en especial del narcotráfico.

También generó dudas el aparente buen estado de salud que mostraban luego de sus nueve meses en altamar, durante los cuales murieron otros dos tripulantes, Juan David, el dueño del barco, y otro hombre conocido como «El Farsero».

Según su relato, sobrevivieron bebiendo agua de lluvia y comiendo pescados y gaviotas crudos, algo que no fue soportado por sus compañeros que fallecieron.

«Nos miraban que nos comíamos los patos, las aves, en pedazos, crudos, y volteaban y se nos quedaban viendo (…). Juan me decía: ‘no comas eso, no comas, va a pasar un barco’. ‘Pues yo tengo hambre’, le decía. Y ahí están las consecuencias, aquí estoy, viéndolos a ustedes», dijo Salvador al explicar por qué lograron sobrevivir.

«Para los que no nos creen, pues ojalá no les pase a ellos lo que nos pasó a nosotros. Si no nos creen, allá ellos, lo único que sé es que le agradezco a Dios estar aquí», dijo Jesús Eduardo.

 

Una tienda de campaña

Los tres explicaron que su piel no sufrió estragos porque con una manta que llevaban en la lancha montaban una especie de «tienda de campaña» que los protegía del sol.

También atribuyeron su buen estado al excelente trato que recibieron en el atunero taiwanés que les rescató y donde permanecieron 12 días antes de llegar a las Islas Marshall. «Todo el día con aire acondicionado y comiendo: mucha sopa y arroz», explicó Salvador en una entrevista con Televisa, con expresión de agradecimiento.

Reconocieron que habían bebido orina para sobrevivir y detallaron que, además de llenar las dos garrafas de gasolina con agua de lluvia para beber, dejaron varios centímetros de agua dulce en el fondo de la barca para poder lavarse.

«Nos cuidábamos, nos bañábamos dos o tres veces al día», explicó Salvador. Interrogado sobre por qué no notificaron a las autoridades marítimas mexicanas su salida a pescar, en octubre de 2005, Salvador explicó que el trámite era responsabilidad de Juan David y que él, urgido de trabajo, no cuestionó el viaje.

«Yo acababa de llegar de un viaje de tiburón que me fui en un barco por 42 días (…) no gané ni para la renta (alquiler de casa). No supe nada del permiso (para salir a pescar). La verdad, como tenía ganas de trabajar, al otro salimos con poca comida y poca agua», explicó el pescador.

Mientras en sus localidades de origen preparan misas y sacrifican corderos para agasajar a los tres héroes, los pescadores aseguraron que están dispuestos a declarar ante las autoridades e incluso someterse a un detector de mentiras.

Explicaron que regresarán a la caza del tiburón, aunque reconocieron que tienen ya ofrecimientos para vender su historia.

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