San José se ha visto conmovido por polémicos y trágicos episodios
El pasado sábado, aproximadamente un millar de vecinos de Libertad marchaba en defensa del doctor Diego Magga, acusado de matar a pacientes del nosocomio de dicha localidad, ex profeso, aplicándoles dosis letales de morfina que no serían necesarias en esos casos. Así lo consideró el comité de ética de la Federación Médica del Interior (FEMI), y Magga fue expulsado de la Federación. Hecho casi sin precedentes, que había sucedido sólo con tres médicos torturadores.
Los cinco obreros muertos
Horas antes, el viernes 18, se cumplía un mes del trágico accidente de tránsito que costó la vida a cinco obreros de la planta de Punta el Tigre, que UTE construye allí. Los familiares y compañeros de las víctimas organizaron una movilización en el sitio donde se produjo la desgracia: ruta 1, kilómetro 33. En medio de un silencio sepulcral, cientos de personas rodeaban la cruz que simbólicamente colocaron allí, un mes atrás, quienes ahora lloran por sus seres queridos sin encontrar respuesta alguna a su desconsuelo.
El bebé abandonado
Por otra parte, a principios de esa misma semana, un bebito de seis horas de nacido era abandonado por su madre, de 31 años, que tiene ocho hijos más y vive sola con ellos, en la absoluta miseria. La desesperación provocó que la mujer que finalmente fue hallada y procesada, dejara al pequeñito frente a una vivienda de la ciudad de San José. El bebé fue trasladado enseguida al Pereira Rossell y su estado de salud es «bueno», informaron los médicos que le atendieron. Los josefinos reaccionaron condenando o absolviendo a la mujer, por medio de la prensa local, particularmente las radios de la ciudad. Cualquiera de los tres casos, han conmovido y generado reacciones directas de la población, que participa demostrando lo que siente, enfrentando opiniones y argumentos, en particular, en el caso del doctor Magga. Los manifestantes caminaron unos tres kilómetros. Partieron del kilómetro 50 de la ruta 1 e ingresaron a Libertad por la calle céntrica, que atraviesa la ciudad, 25 de Agosto. En la Plaza principal tomaron por calle Artigas para dirigirse al Hospital ingresando al predio, aunque no al edificio. Desde allí, continuaron caminando hasta llegar a la casa de Magga, ubicada contra la misma ruta. Frente al hogar del doctor, de quien se desconoce el paradero, habló el doctor Donabella, un médico retirado, respetado y calificado profesional que defiende a Magga desde el principio exponiendo sólidos argumentos en los medios de prensa tanto locales como nacionales. Sin dudas, Donabella ha sido una carta fundamental para que la opinión pública conozca «la otra cara de la moneda», y muchas voces que en un principio permanecían calladas y hasta reaccionando con «estupor» por lo sucedido, ahora se animen a defender al enjuiciado, y cuestionar el veredicto de FEMI.
Donabella explica que si bien respeta al comité de ética de la Federación, considera que éste «se equivocó»; que la principal acusadora de Magga, la doctora Marta Zerbino, es una «mediocre, envidiosa»; que ella además, en primera instancia y antes de denunciar que el doctor había matado a nueve pacientes mediante dosis letales de morfina, lo acusó de necrofílico, alcohólico y homosexual. Estos extremos fueron ratificados a LA REPUBLICA por integrantes de la Gremial Médica de San José (Gremesa), que estaban en la reunión donde la doctora expuso estos argumentos, entonces «sin pruebas», señalaron los testigos. Unos meses después de esas primeras acusaciones «Zerbino apareció con las historias clínicas de los supuestos asesinatos de Magga; él puede haberse equivocado, pero no mató ex profeso a nadie», dijo Donabella a LA REPUBLICA, y se extendió en un largo testimonio mediante el cual defiende la «brillantez» del joven médico y su «calidad humana». La doctora Hebe Martínez Burlé, abogada de Magga, se presentará esta semana en el Juzgado maragato. Martínez Burlé ha pedido a la Justicia que investigue las historias clínicas de todo el país en las que pacientes, terminales o no, han sido tratados con morfina y luego muerto. La abogada dijo a LA REPUBLICA: «Yo tomé el caso porque creo que es inocente y es más… cada vez estoy más convencida de que es inocente».
Otras voces, que han decidido opinar, son las de algunos periodistas de Libertad, que «conocen» a Magga «desde chiquito». Es el caso del redactor responsable del semanario «La Semana», Javier Perdomo, quien participó de la marcha como profesional, y declaró a LA REPUBLICA poco rato después de culminada la misma: «Salvo porque me quisieron linchar, todo estuvo tranquilo (en la marcha) salvo para mí que me putearon todo el camino y sobre todo frente a la casa de Magga, porque yo dije lo que pensaba, que es culpable, eso es lo que pienso, que se pasó de rosca, lo conozco de chiquito y era un gordito así nomás, ahora es un palo… porque está pasado de rosca, se enloqueció… No me extraña nada que haya hecho lo que hizo, yo pedí justicia, eso fue lo que escribí en el editorial por el que me condenan los que defienden a Magga».
Sin embargo, el «clima» en Libertad entre los vecinos parece estarse inclinando a favor de Diego Magga. En la marcha, gente y carteles coincidían al pedir «volvé Diego, te queremos aquí, es una vergüenza lo que le han hecho, es un mártir».
«Todos nos equivocamos»
Muchas son las preguntas que surgen en este caso. Será la Justicia la que decidirá por fin si lo absuelve, o es culpable. Sobre «su principal enemiga», la doctora Zerbino, mucha gente, inclusive profesionales colegas de la misma, opinan que es «mediocre y que actuó por envidia y maldad». Por ejemplo la nurse del hospital libertense.
Pero hay una cuestión que llama la atención en particular: «¿cómo pudo haberse equivocado tanto el comité de ética de la Federación Médica del Interior?», si es que se equivocó. Dice Donabella: «Todos, absolutamente todos nos equivocamos, desde el más capaz al más ignorante… pudo equivocarse el Comité, pudo equivocarse Diego, pero no es un asesino». *
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