Ciudad desnuda
Cerrar los ojos y dejarse llevar por un aleteo confuso e indescifrable, mover apenas la cabeza sin tomar en cuenta la realidad circundante… «soñar no cuesta nada». Pero tal vez sea duro despertar, aún sin articular palabras, sin atinar a mover un solo músculo, tomándole el pulso a la vida desde la perspectiva múltiple y variable que la ciudad desnuda nos ofrece… Una tarde cualquiera de cualquier día, sin importar la época del año. Una calle reinventada entre sueños rotos será la fingida postal de lacerantes aristas que rasgará nuestros párpados cansados para que el ojo vea aún a fuerza de dolor. Así, la ciudad se abre paso sin quererlo, desde sus mercados y ferias que recogen el aliento vecinal y rutinario, hasta la oscura soledad nocturnal que cobijará traicionera e implacable, la dudosa suerte de un extraño ser anónimo… Antes o después de la lluvia; el descolorido ropaje de la urbe no habrá cambiado en absoluto, sólo mojados los ojos y la piel… *
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