El tren
Según Alvin Toffler, «contra la idea de que el arte debe ser aislado de la masa de la humanidad, existe la noción contraria y nada irrazonable de que el arte debe ser parte orgánica de la sociedad, incorporada a la vida de millones de personas».
Leverkuhn, personaje de «Doctor Faustus» de Thomas Mann, dice que ese arte «estaría solo hasta la muerte de no hallar un camino hacia el pueblo». Y que sólo cuando lo hallase, «se vería como el servidor de una comunidad (…) ligada por mucho más que la educación, una comunidad que no tendría una cultura sino que sería una cultura».
Algo parecido se puede decir de la política.
Así interpretada, ésta hallará su propio camino hacia el pueblo cuando los ciudadanos no sólo vean que «hay una política», allá lejos, sino que, participando, «se sientan parte de ella».
Esto viene a cuento del ya famoso e indefinido acuerdo con Estados Unidos. Justo en el momento en que desde diversos sectores se reclama un amplio y profundo debate sobre la cuestión, el Presidente manda callar a sus ministros.
Alguien dirá: son cosas distintas. Está bien, pero un presidente debe laudar, lo que implica ejercer la autoridad; Vázquez tiene experiencia en eso y sabe cómo hacerlo, desmalezando el camino. No estoy tan seguro de que, para dictar sentencia o para disolver obstáculos, sea propicia una suerte de comunicación excluyente. De hecho, se ha seguido hablando del tema, algún ministro incluido, demostrando que, a veces, hay recipientes cuyo hermetismo no evita la dispersión del contenido.
Además, esta decisión presidencial puede inducir a percepciones erróneas.
Creo que el Presidente no ha deseado dar un mensaje autoritario. Sin embargo, sería bueno que, previo a zanjar la nueva relación comercial con Estados Unidos si es que queda zanjada-, estimule explícitamente ese gran debate que se pide, sin perder de vista el horario del último tren.
De tal modo, y para el bien nacional, se pondrá codo a codo con Leverkuhn, aunque éste no hablase de política. *
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