"Besos machos"… ayer casi alcanzan a la selección uruguaya de fútbol
Al inicio del segundo tiempo entre la selección compatriota y la egipcia, se produjo un incidente. El choque entre el capitán del equipo africano y el volante compatriota Giacomazzi, terminó con ambos tendidos por un instante en el campo de juego. De inmediato el egipcio se levantó y aproximó al uruguayo, tomándolo de la cara y dirigiendo sus labios hacia los del actual mediocampista del Lecce de Italia. Giacomazzi rechazó ostensiblemente el gesto del rival, ante la sorpresa del egipcio que parecía no encontrar nada raro en su efusividad. El hecho no pasó inadvertido a relatores y comentaristas en Uruguay. Alvaro González Márquez, de El Espectador, dijo que el egipcio tuvo «intenciones poco claras» y toda la plantilla comentó divertidamente al aire lo ocurrido. Sonsol en Radio Sport, dijo que Hassan «le quiso hacer un mimo, pero Giacomazzi puso gesto de «a mí solo me gustan las mujeres». Cosas veredes Sancho…
Viriles besos
La costumbre de besarse entre hombres llegó de la mano del fútbol al Río de la Plata a fines del siglo XX. Aunque las mujeres siempre habían compartido esa forma de saludo, a los hombres les parecía limitado a los parientes y sólo en una mejilla. Surgido en Buenos Aires, donde Maradona lo exhibió el primero, alcanzó estas orillas. Los jóvenes impusieron la costumbre, ante los ojos algo atónitos de los adultos y la condenación de los provectos, que entendían el asunto como «de mariquitas». LA REPUBLICA consultó a la sicóloga Carolina Villalba, correalizadora del programa «Por Arte de Sexo» de TV LIBRE, la que entendió que «el beso entre hombres está regido por la concepción cultural y social vigente, del sitio en que ocurre». Apuntó a fenómenos como los besos masculinos en Rusia «donde ese intercambio masculino está ligado a símbolos de poder», así como entre la mafia, donde existe el famoso «beso de la muerte». «El símbolo responde a algo, una cuestión, que originalmente se concibió como algo de hombres», explica la sexóloga. Explica en ese sentido que en un trabajo académico que se apresta a concluir, en el que analiza distintas iniciaciones sexuales antiguas, se detalla la existencia «de tribus en las que el inicio sexual se realiza a partir de la entrega del adolescente varón a otro varón adulto: las primeras relaciones las tendrá con ese hombre, considerándose después de ese período que el joven está preparado para su vida sexual adulta. Ello desde la perspectiva de nuestras sociedades sería visto como una aberración absoluta». Circunscribiendo el tema a nuestro país, Villalba consideró que ha existido durante decenios una conducta «muy condicionada por la homofobia, no porque el hombre no quiera expresar públicamente sus sentimientos, sino por el temor a lo que dirá el resto de la sociedad acerca de su conducta». Detalló paralelamente la concepción «del machismo, cuyas normas establecen que el hombre no llora, no besuquea, camina delante de la mujer: no transgredir esas concepciones es necesario en el machista para no posicionarse en un lugar fuera del contexto que él mismo defiende».
«Ahora bien: la sociedad deviene hacia un afloje del machismo, tanto en el plano de la caída de íconos tan masculinos, como a un mayor rol de la mujer (de más verborragia, con abordaje propio de lo sexual) en la interacción», concluyó apuntando la especialista.
¿Y en el mundo, qué?
Antropológicamente los besos de hombres aparecen dados a objetos sagrados o mágicos, con la finalidad de captar esa influencia sacra o sobrenatural. De ahí a la historia en la que distintos personajes abrazan y besan los pies, las rodillas de reyes, héroes y jueces, como señal de devoción. Entre los aborígenes de Australia, es costumbre besar el suelo del lugar que se visita como homenaje y para recibir la energía del lugar…. en ceremonia casi igual a como lo hacía el anterior Papa. Griegos y romanos aceptaron el beso entre hombres en las mejillas, como símbolo de respeto al poder. En la Edad Media, la costumbre entre nobles contenía una estricta simbología representantiva del estadio de poder correspondiente a cada uno, con besos que iban de pies, a manos, frente y boca. Actualmente los besos entre hombres tienen tantas connnotaciones como culturas existen. Casi toda América Latina acepta el beso en la mejilla, aunque en México es inaceptable. Los norteamericanos de la costa oeste lo practican más comúnmente que los de la costa este y en los estados del centro y sur no parece algo habitual.
En Europa: mientras los irlandeses lo consideran de pésimo gusto, los rusos se besan en los labios sin mayores complicaciones. En Bélgica, y Luxemburgo, los hombres se dan tres besos en las mejillas… pero sus vecinos holandeses no lo consideran. Los escandinavos tampoco aceptan como costumbre el beso entre hombres, pero los franceses lo consideran algo que ni merece atención.
Los griegos, turcos y mediorientales, aceptan el beso en la mejilla y el paseo de hombres «del brazo», o con manos entrelazadas…. algo detestable para españoles, portugueses y europeos del centro continental.
En definitiva: si las costumbres marcan la sociedad que tendremos, en buena posición evolutiva parecemos, a la hora cuando menos de derribar el machismo de estos pueblos. *
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