El Conejo Ramos
Leyendo sobre ciertas diferencias entre el Ministerio de Acción Social y el Consejo de Primaria, por la distribución de canastas de alimentos para escuelas de contexto crítico, recordé una anécdota.
Dirigí a un futbolista del interior profundo, hace más de treinta años, adornado de características peculiares. Defensor a la antigua, sacaba todo, llegaba siempre a los cruces, saltaba más que los otros y, sobre todo, le pegaba fortísimo a la pelota, que, por ese frenético impulso, no siempre caía en sitio correcto. Apellidado Ramos, le decían Conejo.
Con paciencia, porque lo mataban la ansiedad y un carácter atropellador, pude inculcarle la técnica del despeje orientado; confieso, empero, que para aprovechar sus condiciones conté con la voluntad de los delanteros del equipo, quienes, cada vez que veían el pie del Conejo a punto de castigar a la pelota corrían como posesos, lo más lejos posible y en distintas direcciones, a ver si alguno la agarraba al vuelo. Con el tiempo, entre todos, logramos una combinación relativamente efectiva y el Conejo fue figura.
El Ministerio de Acción Social me recuerda al Conejo Ramos. Le sobran entusiasmo, ideas y fortaleza de ánimo. Entonces, por ejemplo, agarra unas canastas, las encaja en un camión del Ejército y se las propina con cierta dosis de sorpresa -como hacía el Conejo con el redondo adminículo de su inquietud- a las escuelas elegidas; mejor dicho a sus maestras, para que éstas hagan lo que puedan.
Claro, esta vez se complicó. Y el Consejo de Primaria debió acordar con el Ministerio la suspensión de los pelotazos -perdón, de los envíos- hasta tanto haya una coordinación que evite que un noble esfuerzo se transforme en un desaguisado.
Me parece magnífico. Ahora bien, apelé a la metáfora futbolística sólo para contribuir a la distensión. Pero me preocupa ignorar por qué el Ministerio de Desarrollo Social insiste, cada vez que emprende una de sus tantas plausibles acciones, en asemejarse al Conejo Ramos. *
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