Abajo el TLC, viva el TLC
Viva la pureza ideológica. Abajo cualquier cosa que nos comprometa con nuestros eternos enemigos. Levantemos barricadas, piquetes y cavemos trincheras para cercar a todos los partidarios de entregar el país al vil precio del comercio. Transformemos nuevas siglas en los miedos colectivos más profundos: TLC, por ejemplo.
Del otro lado. Hagamos flamear todas las expectativas, depositemos todos nuestros fracasos en la mágica solución de un tratado (que nuestros feroces opositores no pudieron ni siquiera rozar) y de paso interpelemos -en una travesura política- a dos ministros juntos para escarbar en las contradicciones y avanzar en la batalla política y sobre todo ideológica contra la izquierda. Y de paso abandonemos el Mercosur. ¡Ya!
El miércoles pasado escuché con mucha atención -como seguramente lo habrán hecho muchos uruguayos- el discurso del presidente Tabaré Vázquez en el Consejo de las América, con una preocupación casi obsesiva: qué sucederá con el ya legendario tratado de libre comercio con los Estados Unidos.
Sobre un tema tan delicado y complejo, que tiene tantas connotaciones con la historia de cada uno de nosotros y mucho más con el futuro del país -para bien o para mal- debemos atender todas las voces, saber escuchar y después opinar. Esto no se arregla con mitos, con avivadas políticas, o con pases mágicos que lo resolverán todo. Para analizarlo hay que primero situarse, elegir una posición desde la cual opinar.
Algunos ya han elegido un lugar de ambos lados de las barricadas, han elegido la ideología, los prejuicios a favor y en contra de un tratado con Estados Unidos, se llame como se llame y contenga lo que contenga. Para unos será siempre negativo y entregará una parte de nuestra soberanía y para los otros será inmensamente positivo y maravilloso y resolverá todos nuestros problemas.
Creo que la posición del Presidente de la República, el punto de observación y análisis fue justo, preciso y que sobre todo es absolutamente coherente con la gran promesa electoral con la que fue elegido: gobernar para todos los uruguayos y entre todos construir un país más libre, más desarrollado, más justo y más en serio. Con menos mitos y más realidades.
Lo dijo explícitamente, el tren de la historia no nos espera ni pasará dos veces, ni en este ni en ningún tema de fondo. El Uruguay necesita aumentar su comercio, es una premisa que nadie discute. La devaluación de Brasil, la crisis de la aftosa son dos episodios muy expresivos del fuerte impacto negativo que para toda la sociedad uruguaya y en particular para los sectores más débiles socialmente tuvo la drástica reducción de comercio exterior que se produjo a partir de esos dos acontecimientos. Tenemos allí una prueba irrefutable y por la negativa de la importancia del comercio exterior para nuestro país y nuestra sociedad.
El actual crecimiento de nuestra economía en los últimos años sería absolutamente imposible sin el fuerte crecimiento de nuestro comercio exterior. Exportaciones e importaciones. ¿el país debe existir y rotar en torno al comercio exterior y de cualquier manera? No, el Uruguay tiene que tener un proyecto de desarrollo en el que la economía política, que incluye la prioridad del empleo, de las políticas sociales, del aumento del porcentaje de los salarios en la renta nacional, y las reformas estructurales se integre con el comercio interno y externo, con la inversión pública y privada y con el manejo de las diversas herramientas económicas.
Cuando las herramientas se transforman en mitos, en principios, en valores ideológicos en cualquier sentido, hacia la derecha o hacia la izquierda, son un peligro ambulante.
Coincido totalmente con lo expuesto por el presidente Vázquez en su exposición, en la mesura y el sentido de Estado y de nación con que trató este tema. Y así me ahorro muchas palabras. Y coincido particularmente cuando habló que en este y en otros temas hay espacio para la capacidad de encontrar caminos, ser creativos y saber combinar intereses diversos. De eso se trata.
Y me parece un verdadero insulto, una agresión a un gobierno que ha demostrado firmeza, capacidad de negociación -por ejemplo en los cambios que logró en el tratado de protección de inversiones con los Estados Unidos- pensar que está en su horizonte entregar principios y valores. Es un insulto cuando viene de fuerzas que son partidarias del gobierno y mucho más cuando las acusaciones abiertas o veladas surgen de integrantes del propio gobierno. Una cosa es el debate de ideas y otra muy distinta es atribuirse la herencia y la defensa de los valores de la izquierda.
Voy a agregar algunos argumentos más. Máximo en tres años Brasil tendrá un acuerdo de comercio con Estados Unidos. Y todos, absolutamente todos los que queremos el desarrollo con justicia de nuestro vecino y hermano país del norte tenemos que ayudar y alegrarnos de esa posibilidad. ¿Será un TLC o tendrá otra modalidad? Nadie puede decirlo hoy. Pero ya están trabajando y hacen muy bien. Y Brasil tendrá acuerdos con muchos otros países.
Cuba en los últimos tres años compró en los Estados Unidos, 4.1 millones de toneladas de productos agrícolas y alimentos por un valor de 1.048 millones de dólares, en el año 2004 se superaron los 450 millones de dólares, este importe triplica el nivel de operaciones realizadas en 2002 y muestran un crecimiento del 35 por ciento respecto a lo ejecutado en 2003. Y hace muy pero muy bien Cuba, es inteligente y además impacta positivamente sobre su economía, sobre su población y sobre sus relaciones. Esto en medio del bloqueo injustificable y repudiado por el mundo entero e impuesto por Washington.
Desde el fin de la guerra en 1975 hasta el año 1995 el intercambio comercial entre Vietnam y los Estados Unidos fue casi nulo. A principios de los 90, Vietnam era uno de los países más pobres del mundo, con un ingreso per cápita de aproximadamente $200 dólares. El 60 por ciento del país vivía por debajo de la línea de pobreza que establece el Banco Mundial. Luego de siete rondas y una última y tensa negociación Viet Nam y Estados Unidos firmaron en setiembre de 1999 un tratado de comercio que se hizo efectivo en enero del año 2001. El año 2002 el comercio entre ambos países alcanzó los 3 mil millones de dólares y para el 2005 fue de ocho mil millones de dólares. Aproximadamente 27 mil millones de dólares en inversión extranjera han ingresado al país desde los años 90. Pero eso no es todo, se crearon 10 millones de empleos. El ingreso per cápita se triplicó. Y la pobreza, que había sido del 60 por ciento a mediados de los 90, cayó a un 20 por ciento. El mérito es del pueblo y el gobierno vietnamita pero el tratado tuvo un fuerte impacto y lo reconoce explícitamente el gobierno viatnamita.
Viet Nam, el único país que le propinó una derrota militar a los Estados Unidos tiene un tratado de comercio y de inversiones que seguramente le sirve a ambas naciones. ¿Nosotros los uruguayos somos más puros, más íntegros que Viet Nam?
La negociación será ardua y compleja, el viva, viva de algunos entusiastas no refleja la realidad. Un tratado es un conjunto muy delicado de intereses y de equilibrios. En particular cuando se trata de naciones tan disímiles, en tamaños, en producción y en muchas otras cosas. Pero si negociamos bien, si las enormes presiones corporativas que existen y existirán en los Estados Unidos y también en Uruguay no nos vencen y si logramos como suma y resta de todos los factores que crezcan nuestras exportaciones, en rubros industrializados y con valor agregado sobre todo de trabajo nacional, si tenemos que asumir los riesgos y los desafíos de estos nuevos
horizontes, si somos inteligentes y audaces, si negociamos bien con nuestros socios del Mercosur, sin romper ni mucho menos con nuestra geografía, nuestra historia y nuestra realidad, podemos dar un paso adelante.
Para evitar la implosión del Mercosur hace falta mejorar el comercio fuera de la región de todos sus integrantes. Un nuevo horizonte para el comercio de Uruguay con Estados Unidos, con China, con México, con la India es la única solución para corregir las asimetrías y para evitar el colapso del Mercosur.
Si no somos capaces de subirnos al vigoroso tren del comercio y de la economía, la historia nos pasará por encima y nos quedaremos sollozando sobre nuestro atraso y nuestras injusticias.
El tamaño del paso que vamos a dar no depende sólo o principalmente del tratado, depende de nosotros, de nuestra capacidad de innovación, de esfuerzo, de trabajo, de inversión y de integración social. Todo esto como elementos indivisibles. *
(*) Periodista. Coordinador de Bitácora. Uruguay
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