Un pontifex
Huxley postuló que a veces se necesita un pontifex –vocablo latino que designaba a miembros del colegio de sacerdotes de Roma y que significa «constructor de puentes»–, que permita pasar sin tropiezos de un punto de vista a otro, de un conjunto de ideas a otro.
El diputado socialista José Luis Blasina, con seguridad sin pensar que alguien podría asemejarlo a un pontifex, ha decidido hacer precisamente eso: tender puentes para que una cosa importante y compleja, la seguridad social, se entienda mejor. Desde ahora, Blasina es un «diputado a domicilio»; irá a la casa de cualquier ciudadano que lo llame, sea del partido que sea, a fin de responder, con los elementos que provienen de su especialización en el tema, las dudas que la sociedad civil tenga al respecto.
Uno podría decir «qué meritorio» o «qué idea políticamente ingeniosa», y hasta sospechar que detrás haya una estrategia electoral. Pero lo correcto es recibir la iniciativa sin suspicacia y con alegría, más allá de los resultados que logre. Porque está claro: Blasina se aleja de otros que permanecen muy concentrados en sus «celdas» parlamentarias, reduciendo el contacto con la gente, no en una relación de abastecedor a cliente sino informativa, de servicio. Esos, sin advertirlo, emulan a aquellos escolásticos a los que Bacon calificó de «arañas que urden sus telas en su propio cerebro, sin prestar atención a lo que sucede en el mundo»; por tanto, esas telas, para Bacon, carecían de sustancia y no tenían provecho.
Es riesgosa la apuesta de Blasina. No será sencillo enfrentar a la intemperie mil y una preguntas, detrás de las cuales habrá incomprensión, expectativas, necesidades y críticas, acerca de un asunto sustantivo como la seguridad social.
En fin. Parece que le sobra fe para retrucar la sentencia de Martín Fierro: «Yo he visto muchos cantores,/ con famas bien otenidas,/ y que después de alquiridas/ no las quieren sustentar:/ parece que sin largar/ se cansaron de partidas». *
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