El país alcanzable
«Pintar de blanco todo lo que esté quieto y arrestar todo lo que se mueva» (frase de los cuarteles uruguayos).
En nuestra columna anterior, respondiendo a la pregunta «¿Qué país queremos?». Señalamos lo que a nuestro juicio resulta obvio: apoyar nuestras fortalezas y atacar nuestras debilidades.
En ese sentido aprovechar las ventajas que nos ofrecen la tierra y el agua disponible (incluyendo en ella el mar) y sus respectivos subsuelos hasta hoy casi inexplorados y por ende inexplotados.
Y atacar la inadmisible dependencia y debilidad que mostramos en la cuestión energética para poder hacer posible la proyección estratégica hacia el bienestar de la población usando esa lucha como palanca para el desarrollo científico y técnico del «novedoso» rubro de las energías alternativas, la eficiencia energética y los sistemas de acumulación de energía.
Señalamos también que en materia de vías navegables, puertos y océanos fácilmente accesibles, Uruguay tuvo y tendrá, si así lo quiere, una ventaja promisoria.
En ese aspecto debemos agregar que entre nuestras fortalezas está la peculiar ubicación geográfica.
Basta con «leer» detenidamente un buen mapa, para concluir que si a lo anterior le agregamos el formidable lugar en el que estamos, tenemos también un evidente destino «logístico» apuntando a la región y al mundo.
Se trata de un servicio (algunos dicen industria y hasta ciencia) que muestra la paradoja de haber sido olvidado por las decisiones gubernamentales y sin embargo haberse desarrollado (a veces contra esas decisiones) a niveles que por sí solos demuestran la potencialidad del sector a poco se haga de él un objetivo nacional.
También en esta rama, obviamente vinculada al transporte intermodal y a una extensa gama de servicios, además de fuentes de trabajo hay ancho y profundo campo para la investigación, la ciencia, la tecnología y la innovación propias.
Nos animamos a incluir en estos rubros básicos de nuestra puntería estratégica los siguientes:
El turismo por las razones que ahorramos explicar. La medicina de alto nivel con proyección regional basándonos para ello en nuestras reconocidas capacidades tanto materiales como intelectuales y hacerlo antes de que sea demasiado tarde y lo que vaya quedando de ellas se evapore.
Pronto estaremos discutiendo la reforma del Sistema de Salud y esa será una buena oportunidad para incluir este aspecto de propósito estratégico: por nuestra ubicación, seguridad, facilidades de transporte, clima y los otros elementos ya señalados, Uruguay puede plantearse ser un centro regional de salud de alto nivel. Exportar medicina. Crear con ello fuentes de trabajo y salvar las actuales.
La producción de «contenidos» audiovisuales en todos los rubros y «sostenes» imaginables (ciencia, educación, entretenimientos…)
Creemos que Uruguay, su cultura, su gente, está muy bien dotado para encarar estos asuntos como parte de su estrategia.
Hasta acá lo que aventuramos para tratar de responder la pregunta acerca de qué país queremos.
Hasta acá lo que consideramos vectores principales de un impulso estratégico válido para el Uruguay de carne y hueso.
Pero éste ni otro algún «sueño» serán posibles si antes los uruguayos no rompemos las formidables cadenas físicas y mentales, políticas y culturales, que nos atan a la burocracia pública y privada.
Cada uno de nosotros, todos en bloque y el país en su conjunto, estamos amarrados a un sistema entrecruzado y tramposo de lastres y anclas burocráticas de todo tipo y tamaño que nos paralizan y empujan al abismo.
Si no reaccionamos a tiempo, el país desaparece como nación.
El principal daño, escollo y barrera que hoy sufrimos proviene de nosotros mismos. Si no comenzamos por ir cambiando, es inútil pedirle al mundo que se adapte a nuestra perversión.
Debemos, primero, mirarnos en el espejo y sincerarnos. Podemos, también, seguir mintiéndonos con entusiasmo encomiable.
Usamos la palabra burocracia en su sentido más profundamente peyorativo: en el peor imaginable.
Porque bien sabemos que las tareas administrativas son imprescindibles para la acción productiva.
La burocracia, como plaga, adviene justamente cuando en base a las tareas administrativas se usurpan (del más variado modo) las tareas de autoridad y mando genuinos (sean éstos políticos, científicos, deportivos, culturales y etcétera).
Se trata de una subversión del orden.
La acción subversiva más sutil, traidora, lúbrica y venenosa que la humanidad haya conocido hasta la fecha.
Ha producido y produce colosales catástrofes de las que siempre logra echarle la culpa a otros. Lo que es evidentemente meritorio en cuestiones de maldad.
Busca y conquista, mediante ese procedimiento principal, posiciones de poder supremo sin arriesgar absolutamente nada (ni tan siquiera «capital»): poder sobre las personas, los bienes y las cosas. Poder omnímodo, omnicomprensivo, omnipresente y omnipotente allí donde y cuando por fin logra apoderarse de absolutamente todo: vidas y haciendas.
Atención: eso ha pasado y pasa bajo cualquier ideología predominante.
En realidad es una subversión callada de los mediocres o de la mediocridad. Su color es siempre gris (sueñan con ser eminencias o al menos protuberancias grises), su ángulo preferido: el obtuso, su forma organizativa la pirámide y su olor característico es el de la papelería vieja (por lo tanto rancia y amontonada).
Como alguien dijo, su consigna sorda y secreta es: «En lugar del talento, el reglamento».
Pugnan incansablemente por el control. Como le tienen terror a la libertad y a lo que no entienden (por lo general entienden muy poco) tratan de controlar hasta los asuntos más nimios y, a veces, lo logran, edificando monumentales dechados de policía total (muy en especial secreta).
En materia ideológica son idénticos al camaleón, como no tienen otra que la tripa o la de pasarla bien sin arriesgar nada y sin trabajar, puede venirles cómoda cualquiera.
Son polivalentes: los hay de izquierda, de centro y de derecha o, mejor dicho, son potencialmente las tres cosas según les convenga. Les importan un pito.
En ese sentido es en el único en el que dan muestras de velocidad: cambian «de camiseta» en un abrir y cerrar de ojos si eso es lo que les conviene.
Su principal vocación plástica se expresa en los embudos, los cuellos de botella, los sellos en sus más diversas formas, los mostradores. Y en literatura: los reglamentos en papel biblia y voluminosos tomos que sólo ellos conocen (porque los elaboran o, mejor diríamos, segregan).
Su principal vocación política no es tomar el poder ocupándolo (eso tiene riesgos) sino controlar el poder (de ser posible sin que el poder lo advierta). El «gasto» siempre debe correr por cuenta de otros.
Por regla general no aparecen resolviendo absolutamente nada (le hacen dar la cara a otros) con lo que si la cosa sale bien digieren el resultado y engordan; y si sale mal, critican duramente con lo que también engordan.
Apuestan siempre a favor de los dos bandos (o de los bandos que haya): salen ganando siempre.
En materia deportiva, juegan en la Liga: jamás en la cancha. Y, lo que es peor, le chupan la sangre al deporte en general mas que a alguna Institución en particular (cosa que, de paso, también hacen).
Les gusta el deporte de flotar (corchos, boyas de todo tipo…), el paracaidismo y el alpinismo (son eximios trepadores).
Adoran las escaleras en todas sus formas; las sillas, los sillones y la bulonería para mejor atornillarse en ellos.
Tienen como ídolo, en materia de herramientas, el serrucho.
Y, en
cuestión forestal o, mejor dicho, de maderas: producen y utilizan varias muy nacionales, el palo de gallinero y el palo en la rueda. En eso son insuperables.
Aman las ventosas, los tentáculos (son de la familia de los pulpos), los garfios, los anzuelos, las carnadas y las uñas curvas y largas. Abrigan sus manos en latas.
Su forma sustantiva es el cubo, pariente del adoquín y el ladrillo.
Su animal preferido: la rémora. Su órgano supremo: la teta.
Si usted querido lector, ha visto algo de esto en Uruguay, podrá con el corazón en la mano deducir si mis palabras portan algo de razón.
Por mi parte creo que, o derribamos esta dictadura pública y privada, o estamos fritos. *
(*) Senador de la República
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