Las piezas del tablero

Cada cual atiende su juego

La guerra en el Líbano viene siendo protagonizada por dos piezas de tipo atacante en el tablero, que son Hezbolá e Israel. Pero detrás de ellas hay otras fuerzas que mueven sus piezas igual que en un tablero de ajedrez. Para jugar el juego político del Medio Oriente, hay que saber cuáles son las piezas y bajo qué reglas se mueven en el tablero.

 

Líbano

Primer ministro: Fouad Siniora. Hasta hace poco el gobierno de Siniora era pro occidental. Según los últimos acontecimientos, el americano Bush parece reconocer que es más importante destruir la facción militante libanesa Hezbolá, que proteger la incipiente democracia del Líbano. El Hezbolá, que también tiene representación política democrática, posee una milicia armada paralela más poderosa que el propio gobierno legal, hecho que es el principal motivo de discordia limítrofe con Israel. Aún así, el poder central libanés reconoce que Hezbolá es la única fuerza capaz de detener una invasión militar israelí.

 

Jordania

Jefe de Estado vitalicio: Rey Abdullah II. Aliada de Estados Unidos e Inglaterra pero nerviosa porque la situación en el Líbano puede fortalecer fuerzas islámicas extremistas locales. Se mantiene independiente del conflicto. Apoya un inmediato cese del fuego. Reconoce como catastrófica la excesiva voracidad del ataque israelí sobre el Líbano.

 

Siria

Jefe de Estado vitalicio: Bashar al-Assad. Acérrimo enemigo de Israel y uno de los países estrategas geopolíticos de la región. Es tecnológicamente incapaz de sostener un frente bélico convencional con Israel. Conjuntamente con Irán, Siria es reconocida internacionalmente como el país que apoya las facciones militares y políticas del Hezbolá. El grado exacto de su influencia es objeto de especulación, pero es obvio que le sirve mantener al Líbano como estado amortiguador entre Damasco y Tel Aviv.

 

Irán

Primer ministro: Almudinejad. Actualmente es el gran cuco del Medio Oriente, según las potencias occidentales, y es también objeto de preocupaciones de algunas naciones árabes prooccidentales por su creciente influencia en la región. Irán es un fuerte punto de apoyo para Hezbolá, con armas y dinero. Desde la caída de Saddam Hussein en Irak, Irán se ha convertido en el pivot de la creciente influencia religiosa chiita en el Medio Oriente, principalmente en Irak y Líbano.

 

Arabia Saudita

Jefe de Estado vitalicio: Abdullah bin Abdulaziz. Pide inmediato cese del fuego y por detrás del escenario de acción busca influir decisiones de Estados Unidos, el principal operador regional, buscando calmar la situación. De religión wahabi-sunita, es calificado como el más moderado de los países árabes importantes. Aliado de Estados Unidos pero nervioso por la situación general en Irak, Líbano y la creciente influencia chiita iraní.

 

Egipto

Presidente vitalicio: Mubarak. Recibe importante apoyo financiero de Estados Unidos a cambio de una política moderada y no intervencionista en los asuntos regionales. Intenta intermediar entre Hamas e Israel por el tema de la zona palestina de Gaza. Su influencia individual en el Medio Oriente es secundaria pero es un importante aliado de varias naciones prooccidentales, como Jordania y Arabia Saudita.

 

Estados Unidos

Presidente: George Bush. Principal operador geopolítico de la región y proveedor de armas y ayuda económica a Israel. Aun así, mantiene buenas relaciones diplomáticas con varios países árabes como Arabia Saudita, Jordania, Kuwait y Egipto. Su principal interés estratégico es el control de pozos petroleros en varios países del Medio Oriente y, la llamada por Washington, «guerra contra el terror» islamista. Se encuentra empantanado en una dudosa guerra en Irak y ha perdido gran parte de su flexibilidad objetiva frente a la opinión pública árabe moderada. Su apoyo tácito al reciente «ataque quirúrgico» israelí sobre el Líbano le ha complicado su relación con varios gobiernos locales. Aun así, es el gran punta de lanza definidor.

 

Israel

Primer ministro: Ehud Olmert. Asediado desde su creación por todos los países árabes de la región, mantiene un grado precario de coexistencia tensionada con los más incómodos, Siria e Irán. Varios territorios sirios, jordanos y palestinos son ocupados por Israel desde hace más de 40 años y son motivo de tensiones locales, a través de grupos milicianos limítrofes como Hamas, Fatah y Hezbolá. Israel asegura que la ocupación de territorios extranjeros es de vital importancia para su seguridad. Un secreto a gritos es su arsenal de armas nucleares. Su excesivo poder bélico es a veces una desventaja para lograr soluciones más duraderas.

 

Inglaterra

Primer ministro: Tony Blair. Hasta la guerra de Irak de 2003, de mínima influencia en la zona del Medio Oriente, a pesar de haber sido colonialista de varios países de la región como Palestina, Egipto y Arabia Saudita. Inglaterra se encuentra ahora víctima de la tensión geopolítica regional, sufriendo sus consecuencias, sin posibilidad de decidir su futuro.

 

Francia

Presidente: Jacques Chirac. Gracias a su influencia histórica colonialista en el Líbano y Siria y a su negativa de incluirse en la invasión de Irak de 2003, Francia ha ganado un porcentaje importante de influencia regional. Es la primera vez que el país emerge con importante perfil, como un intermediario honesto, si esto es posible en la volátil región.

 

Hezbolá, Hamas, Fatah

Milicias regionales independentistas, con representación política democrática en sus respectivos países. Los tres movimientos son apoyados por importantes contribuciones extranjeras árabes, según intereses creados. El más importante, el chiita Hezbolá (Líbano), nació como resultado de la ocupación israelí del Líbano entre 1980 y 2000. Hamas (Gaza y West Bank) se disparó como representante palestino en los territorios ocupados por Israel, debido a la inoperancia militante de Fatah, que pasó a segundo plano. *

(*) Corresponsal en Londres

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