Modelo fallecida: ciencia descarta nexo de muerte súbita con adelgazamiento
«El periodista que me entrevistó, escribió después un disparate», afirmó el doctor Raúl Pisabarro, en referencia a la crónica publicada por El Observador, ligando la muerte súbita de la modelo Luisel Ramos, con la necesidad de adelgazamientos propia de esa profesión, bajo el título: Anfetaminas, dietas y patologías. «A mí ni siquiera me explicaron que había muerto una joven», explicó el endocrinólogo Pisabarro, desmintiendo haber dicho que «es común que a las modelos se les receta anfetaminas u hormonas tiroideas que están prohibidas».
Reconoció haber planteado que la delgadez extrema puede conducir a alteraciones mortales, pero ello apuntó más a situaciones extremas -como las propias de hambrunas africanas- que a las de alguien con un nivel cultural capaz de compensar su alimentación. «Si alguien está peleando por un peso que no es para su cuerpo, se puede hacer un desbalance de tal magnitud que la mujer, y ocurre en las modelos, puede dejar de ovular, de menstruar, e incluso perder masa ósea, pero de allí a asociar esto con la muerte súbita hay un abismo», explicó el especialista.
LA REPUBLICA accedió a otras fuentes identificables (ediciones del Ministerio de Salud Pública y Sindicato Médico del Uruguay), las que si bien documentan la creciente problemática de la bulimia y la anorexia principalmente entre la juventud con sus distintas consecuencias, en absoluto apuntan a dichas enfermedades como causantes de muerte súbita. Más aún, dentro de las causas de mortalidad en Uruguay, la paramétrica por muerte súbita apunta básicamente a una incidencia pediátrica, enmarcada en el síndrome de muerte súbita lactante. La muerte súbita en Uruguay, después de la infancia, tiene paradójicamente, su incidencia más alta entre los obesos, por causas de origen cardiovascular. Corresponde agregar, en salvaguarda de la conducta de Luisel Ramos, la modelo de 22 años fallecida en la pasarela, que su círculo más íntimo desmintió que estuviera estresada, que hiciera días «no probaba una comida decente» (?), o hubiera consumido alguna droga «para no comer». Todos los involucrados han solicitado a El Observador las rectificaciones correspondientes, aunque el medio se excusó, sin retractarse.
La muerte súbita
Hace dos mil años, Hipócrates, el padre de la medicina moderna decía: «La muerte súbita es más común entre aquellos que son naturalmente gordos, en comparación con los naturalmente delgados». Casi nada cambió en 20 siglos, al límite que hasta comienzos de la década de 1960, aún se consideraba que los pesos superiores al promedio, constituían una «reserva» para enfrentar las enfermedades. Los estudios norteamericanos sobre relación del peso corporal con el riesgo de vida, demostraron que los obesos y colaterales morían antes. El debate continuó hasta que las compañías aseguradoras de Nueva York, decidieron cobrar pólizas más altas a los obesos: a partir de allí, el mundo aceptó la realidad. De modo alguno ello significa en nuestros días caer en el extremo opuesto: la bulimia y la anorexia son enfermedades reconocidas, de prevalencia creciente, con alto componente social y educativo, y por ende: prevenibles. De allí a intentar asociar la profesión de las modelos al paro cardíaco debido a dietas de adelgazamiento, hay igual abismo que inducir a creer que las muertes súbitas entre los deportistas, ocurren por hacer ejercicio. Por supuesto que ampliar el target de una noticia aumenta su importancia en la edición. Cuando una fatalidad propia de la crónica policial o de sociedad, es convertida a los prepos, en un fenómeno capaz de abarcar a miles de jovencitas y sus padres, la noticia gana espacio y tapa. Asustar incautos, ¡bonita forma de ganarse la vida! *
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