La realidad nacional

Paradojas y estupores

Sin ánimo de pretender aparentar una juventud que hace ya un buen tiempo me abandonó, me diferencio de mi ancestro porque mantengo intacta mi capacidad de asombro. A pesar de mi edad provecta, sigo sorprendiéndome y asombrándome hasta de las cosas más elementales. En realidad, no soy el único; algo de eso dice el maestro Borges en su memorable poema El Mar: «Quien lo mira lo ve por vez primera siempre, con el asombro que las cosas elementales dejan: las hermosas tardes, la luna, el fuego de una hoguera».

Pero no quiero irme por las ramas porque usted, querido/a lector/a, no tiene por qué soportar mis devaneos sobre el gran poeta argentino. Lo que me proponía era compartir con usted algunas informaciones aparecidas en la prensa durante la semana que expira y que me resultaron francamente asombrosas.

 

Crecimiento ma non troppo

Gobierno y oposición coinciden en la necesidad de crecer. Tenemos que desarrollarnos. Es preciso atraer inversores que creen puestos de trabajo de calidad. Tenemos que mejorar el salario real y disminuir la desocupación. Por eso no solo toleramos sino que aplaudimos –y nos ponemos la celeste para defender su instalación– las plantas de celulosa.

Sin embargo, tampoco es cuestión de entusiasmarse demasiado pues un temible fantasma acecha y asecha: la inflación. Ojo, guardabajo, guambia. ¿Saben por qué? Pues porque «un exceso de pesos en el mercado puede alentar una tendencia inflacionaria al alza; (…) habrá que seguir muy de cerca la demanda de dinero hasta el cierre del tercer trimestre; (…) hay que vigilar el impacto de los aumentos de ingresos por las negociaciones salariales y ganancias empresariales», según nos advierten los popes de la economía.

Traducido el mensaje a códigos de comunicación común y corriente, debe interpretarse lo siguiente: el equilibrio cambiario y la estabilidad monetaria son sagrados; todo lo que signifique un peligro o una amenaza a ese equilibrio sacrosanto debe ser ipsofacto neutralizado, denunciado y condenado por hallarse incurso en el delito de atentado a la salud económica en reiteración real (no sé si hay delitos en reiteración ficticia, pero eso es lo de menos). Ergo, no se nos debe ir la mano, no podemos ser excesivamente generosos en la cuestión de la recuperación salarial. Porque si le damos guita a la gente, ésta –irresponsable como siempre– se pone a consumir sin medida, y ñácate, la demanda supera a la oferta y suben los precios. Así que ya saben: no conspiren contra el equilibrio económico del país con pedidos de aumentos de salarios. ¿Tamo?

Conclusión: la reactivación puede ser enemiga del equilibrio macroeconómico. Mirá vos.

 

El Círculo se asesora

El coronel ya tiene quien le escriba. Y no sólo eso: los capitanes, los generales y otros militares sobre quienes pesa un pedido de extradición tienen quien los defienda, quien los asesore y quien les lave la imagen.

Rodolfo Fattoruso, hombre de la cultura del Partido Colorado y ex asesor presidencial, sostiene que si se conceden las extradiciones solicitadas por Argentina, nuestros sacrificados soldados que defendieron la Patria y nos salvaron de la conspiración marxista internacional serán víctimas de un linchamiento judicial porque «el presidente Kirchner es el propietario de los jueces argentinos» (sic). La Justicia argentina no da garantías para que estos abnegados servidores, verdadera reserva moral de la nación, que cometieron el pequeño error de hacer desaparecer a una ciudadana argentina después de robarle el bebé, tengan un «juicio transparente».

El vocero del Círculo Militar afirma que seguramente el presidente Kirchner tenga ya el veredicto que emitirán los jueces argentinos. «La justicia argentina sufre un fuerte desprestigio desde hace tiempo»; no es como «nuestro sistema judicial, que es excelente y que tanto nos costó recuperar luego de un período de años de desencuentros», reflexionó el distinguido intelectual compatriota.

No queda claro a qué se refiere con eso de «recuperar el sistema judicial» ni cuáles fueron los «desencuentros» ocurridos antaño, puesto que durante los años dorados de gobierno cívico-militar el sistema judicial funcionó sin ningún tipo de problemas: todos los delitos políticos eran juzgados por la Justicia Militar; eso sí que era justicia: juicios imparciales, con todas las garantías, procedimientos inobjetables, respeto a los derechos humanos… ¿No es así, Fattoruso?

No sé si Fattoruso está asociado a –o es empleado de– Merino & Asociados, la firma que gira en el rubro limpieza y que prepara su batería de detergentes para lavar la imagen del Círculo y sus socios. Lo que está claro es que resulta un complemento inestimable a la labor emprendida por dicha empresa asesora, contratada por el Círculo Militar y abocada a la noble tarea de «hacer reflexionar a la opinión pública sobre la falta de garantías que existe en la extradición de los militares uruguayos a Argentina» (sic). Se queja Andrés Merino –responsable de la empresa– de que «no hay independencia entre la Justicia argentina y el Poder Ejecutivo, lo que hace que no estén dadas las condiciones para un juicio imparcial» (sic). No hay caso: no hay como el sistema de garantías y libertades que regía cuando nos gobernaban los salvadores de la patria.

Yo no quiero quedarme atrás en esta patriada y sugiero que los bravos soldados sean juzgados en nuestro país. No por jueces pichis sospechosos de connivencia con la sedición, sino por el Supremo Tribunal Militar, única garantía de imparcialidad y de equidad. No olvidemos que fue ese organismo jurisdiccional el encargado de juzgar a los antisociales que pretendieron destruir las bases de nuestra nacionalidad; entonces, para que las cosas sean equitativas, debería también juzgar a quienes ofrendaron la vida (la vida de los opositores, no la suya, valga la aclaración) para combatir a la subversión.

No permitamos que Satán Kirchner se salga con la suya. *

(*) Periodista

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