Líbano. Entre el esplendor y la tragedia
La brutalidad unida al misticismo. Lo reaccionario expuesto con emoción revolucionaria. Eso es el fundamentalismo.
Una consideración previa, o como dirían los economistas «un dato de la realidad». Los uruguayos provienen-provenimos mayoritariamente del tronco migratorio español e italiano. Minoritariamente, de judíos, armenios y árabes cristianos. Estas tres étnias, que tienen en común la persecución, el sufrimiento y la diáspora, han producido una generación de uruguayos con una dosis de sensibilidad ante la injusticia mayor que la del resto de sus compatriotas, producto seguramente de la peripecia dolorosa que marcó a fuego a sus mayores. Por tales razones, a todos, sin excepción, el Líbano nos duele. Como antes nos dolió España.
Como maldición bíblica, el Líbano, único país de raíz cristiana del Medio Oriente ha vivido asolado por las guerras de los otros. Es en 1858, cuando toda la región se llamaba Siria y formaba parte del imperio turco, los cristianos maronitas (seguidores de Maron, un monje que cristianizó una parte de los árabes en tiempo de las Cruzadas) se rebelaron contra el feudal sistema de tenencia de la tierra. Los vecinos musulmanes y drusos (secta militar de árabes que profesan creencias, mezcla de cristianismo e islam), masacraron a los cristianos en 1860, lo que produjo un desembarco francés en Beirut. El sultán fue obligado a crear una provincia, «El pequeño Líbano», gobernada por un maronita. Con la derrota turca en la Primera Gran Guerra, Francia acreció al Líbano a sus dimensiones actuales, concediéndole la independencia plena en 1947 y separándola definitivamente de Siria.
El Líbano vivió una época de esplendor. Era la perla del Mediterráneo, y Beirut, el París del Medio Oriente, que atraía al Jet Set con el eslogan: «De mañana, a la playa, de tarde a esquiar a la montaña y de noche al casino».
Pero todo era fachada, porque el sistema político que reservaba el cargo de presidente a un cristiano y el de primer ministro a un musulmán sunnita, estaba sustentado en una injusta distribución, donde los maronitas se reservaban la riqueza, amén del control del gobierno y de la oficialidad del ejército. Los sunnitas se dedicaban al comercio. Los desclasados chiitas eran proletarios o soldados rasos. Como se ve, todo un sistema en equilibrio inestable. Que durará poco. Y no sólo por culpa de los de afuera. Porque así como los cristianos se dividieron en fracciones católicas, protestantes y ortodoxas que se combatieron con ferocidad, los seguidores del Islam se separaron en sunnitas, o seguidores ortodoxos del profeta, y chiitas, seguidores de Alí, primo y yerno de Mahoma matándose con el mismo fervor que otrora los cristianos.
El 14 de mayo de 1948, Ben Gurión proclamó el Estado de Israel, en cumplimiento de una resolución de las Naciones Unidas. Cinco países árabes (Líbano, Siria, Jordania Egipto e Irak) arremetieron contra el novel Estado por todos los frentes. Israel detuvo a los atacantes y firmó un armisticio en 1949. Miles de palestinos huyeron a campamentos en Líbano y Jordania. Es 1952 sube a la presidencia del Líbano el pro occidental Camille Chamoun. Pero nuevos sucesos sacuden la región. El rey Faruk de Egipto es derrocado, y un nuevo líder asoma. Se llama Nasser y en rápida sucesión, proclama la República y jura que «echará a Israel al mar». Cuando nacionaliza el canal de Suez en 1956, franceses e ingleses invaden Egipto. Israel se suma a la guerra. EEUU y la URSS, aunque en plena guerra fría ordenan a los aliados de la aventura bélica que se retiren y acepten la nacionalización del canal. Israel, sin embargo sigue ocupando el Sinaí. En 1958 estalla la guerra civil entre maronitas y musulmanes. A pedido de Chamoun, 10.000 marines desembarcan en Beirut y permanecen entre julio y octubre. El 27 de mayo de 1964 nace la OLP y su brazo armado Al Fatah, bajo la conducción de Yasser Arafat. El ejército palestino disputó el dominio del Líbano al ejército regular comenzando otro capítulo trágico en la Tierra de los Cedros. Es 1967 e Israel obtiene una fulgurante victoria al derrotar en la Guerra de los seis Días, a los ejércitos coaligados de Egipto, Siria y Jordania lo que le permite ocupar Jerusalén Este, Cisjordania, la franja de Gaza y los altos del Golán. Más refugiados y más problemas para el Líbano y Jordania. Allí la OLP quiso desplazar al ejército. El rey Hussein, en setiembre de 1970 «el viernes negro», hizo que su fuerza blindada masacrara a los palestinos que en número de 300.000 huyeron al Líbano. En ese tiempo los musulmanes ya son mayoría y entre ellos los chiitas. Comienza el cuestionamiento al sistema político que privilegiaba a los cristianos y en menor medida a los sunnitas. Hay disturbios, a nivel de guerra civil, porque los musulmanes querían alinear al Líbano con el Egipto de Nasser, que fallecerá ese mismo año 1970, dando paso a Anuar el Sadat. 1973: Guerra del Yom Kipur, del 6 al 25 de octubre. Victoria de Israel, que aunque con dificultades derrota a Egipto y Siria. 1975: Comienza la guerra civil en el Líbano entre cristianos y musulmanes. Durará 15 años en los que los bandos beligerantes entran en una verdadera puja de salvajadas. 1978: Israel invade el sur del Líbano creando una así llamada «zona de seguridad» a cargo de un ejército cristiano maronita. El mundo ve con asombro cómo los judíos arman un ejército árabe cristiano para que pelee contra los árabes musulmanes. 1980: El sunnita Saddam Hussein (instado por occidente) lanza sus ejércitos contra los del muy chiíta ayatolá Jomeini en una guerra que durará 8 años. Paralelamente, la URSS, llevará la guerra a Afganistán. Será derrotada por los mujaidines, al mando del mejor aliado de los EEUU, un saudita llamado Bin Laden..
Por esa misma fecha, la Guardia Revolucionaria de Irán, crea en el Líbano, en el valle de Bekaa, el «Partido de Dios» ( Hezbolá), de filosofía ultraintegrista chiita y rabiosamente antiisraelí. En los campos de refugiados de Palestina, que vive de la ayuda internacional nace el movimiento «Fervor» (Hamas), fundamentalista, sunnita, que se distingue por monitorear la primera Intifada, y por encabezar los atentados suicidas en Israel. Le disputa el poder a la OLP y a Yasser Arafat. El 6 de junio de1982 Israel, invade el Líbano en la operación «Paz para Galilea» en un intento de remover a Hezbolá de la frontera norte.
En setiembre la milicia falangista cristiana masacra a los refugiados de los campos de Sabra y Chatila so pretexto de venganza por el atentado dinamitero del cuartel de la Falange, en Beirut, que le costó la vida al electo presidente maronita Bashir Gemayel. El general Ariel Sharon, fue acusado de «complaciente con la Falange».
En 1984 el presidente Reagan hace retirar las tropas de EEUU del Líbano después que Hezbolá hizo volar por los aires a 300 marines.
En 1988 termina la Primera Guerra del Golfo. Es 1990, y el 2 de agosto, Irak invade Kuwait. 1991: El 7 de enero una coalición de 30 países árabes inclusive derrota al sunnita Saddam Hussein. 1996: Israel inicia la operación «Uvas de la ira» contra las bases de Hesbolá, en el sur. Año 2000: El ejército de Israel se retira del Líbano. Poco tiempo después lo hará el «Ejército Pacificador Sirio». Hezbolá un «Estado dentro del Estado», queda dueño del Líbano, porque el débil ejército oficial libanés, es incapaz de hacer cumplir la resolución 1559 de Naciones Unidad, que dispone que las FFAA del Líbano ocupen la frontera Sur. 11 de setiembre de 2001: El atentado contra las torres gemelas, cambia el curso de la historia. EEUU y sus aliados, negando a las Naciones Unidas, ocupan Afganistán e Irak. Es en esta última donde los c
hiitas pro Norteamérica se dinamitan mutuamente con los sunnitas, que no aceptan que Saddam Hussein enfrente la pena de muerte. Como telón de fondo, por si algo faltara en esta caldera del diablo, el presidente de Irán, el ultra ortodoxo chiita Ahmadinejat, al tiempo que niega el Holocausto, proclama su decisión de barrer a Israel de la faz de la tierra mientras que, Hamás, asesina a un joven granjero y secuestra a un soldado israelí. El 12 de julio un comando de Hezbolá incursiona a través de la frontera, mata a 8 soldados israelíes y secuestra a dos. Ya lo había hecho victoriosamente dos años atrás cuando entregó a un empresario y los restos de cuatro soldados tomados prisioneros y muertos. Esta vez la respuesta de Israel fue desatar los fuegos del infierno. Los analistas más calificados sostienen que estas acciones de Hezbolá no pudieron haber sido llevadas a cabo, sin la aquiescencia del gobierno iraní, interesado en distraer la atención internacional del actual contencioso nuclear. En nuestra modesta opinión, el volumen y la capacidad de fuego de los misiles de Hezbolá señalan que estamos en presencia de la primera guerra entre Israel e Irán.
Que para desgracia del pueblo del Líbano, otra vez se desarrolla sobre su tierra.
Una reflexión final, con todo respeto, parafraseando a Jesús de Nazaret: quien en esta guerra esté libre de culpas que arroje la primera piedra.
(*) Contraalmirante (r)
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