La caja boba
Roustand dijo que el saber puede medirse. Es una suma de conocimientos. Y Wimpi, sabio, añadió que cultura es otra cosa, porque, aunque necesita del saber, se hace de valores para formar o deformar- el juicio del hombre ante sus circunstancias cotidianas.
En Montevideo se acaba de medir algo importante, aunque enunciado de un modo, en mi opinión, erróneo. Se trata de una encuesta del Observatorio Universitario de Políticas Culturales de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación -¡pavada de nombrecito!- sobre consumo y comportamiento cultural de personas mayores de 16 años que habitan en asentamientos.
Algunos resultados: más del 50% no supo contestar quién fue Joaquín Torres García; la mitad no fue jamás al teatro; más de la mitad no leyó un libro en el último año; y el 68% hace años que no va al cine.
Si le creo a Roustand y a Wimpi me parece, y como buen agnóstico admito la posibilidad de estar equivocado, que se ha medido más bien el saber que la cultura. Una persona que desconoce a Torres García, que jamás fue al teatro o que cree que el Cabo de Hornos es donde se accidentó el joven futbolista de Durazno, puede ser alguien culto. Bastaría que rigiese su vida por valores como la responsabilidad, la tolerancia, la solidaridad y la benevolencia, sin olvidar el sentido común.
¿Debatible? Sí. Pero, de todos modos, los problemas más graves son otros.
Uno, destapado por la encuesta: el 96% de los habitantes de asentamientos mira televisión abierta. Dos, comprobado por la experiencia e información empírica, ese porcentaje puede extenderse a la enorme mayoría de los capitalinos; la única diferencia será en qué condiciones cómodas, aceptables o indignas- se mira televisión.
Es para rajarse las venas con una foto de Noelia Campo.
A fin de cuentas, tanto para su acumulación de conocimiento como para su formación cultural, casi todos los montevideanos dependen de la «caja boba».
¿Para rajarse las venas con una foto? No, con los mostachos de Puglia. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad