¿Qué hace Brovetto?
¿Será Jorge Brovetto ese «buceador agilísimo de las más diversas realidades» que describió Bioy Casares en su «Diccionario del argentino exquisito»?
Supongo que fue el presidente Vázquez quien encomendó a Brovetto una misión que, al menos inicialmente y mirada con cierta generosidad, podría ser «socrática». Digo, en el sentido de aquella tarea que el gran griego hacía a la perfección: ayudar a dar a luz el pensamiento correcto, para lo cual, está claro, viene al dedillo ser un «buceador agilísimo».
Ahora bien, ¿por qué no me cierra?
Allá fue Brovetto nomás, a reunirse con delegados de las bancadas oficialistas y también con el ministro Astori y sus asesores, a fin de tejer el acuerdo sobre la reforma tributaria. Pero hoy, tras varios encuentros, supongo que muy francos y cordiales, flota un aire de decepción al advertirse que todo está igual que al comienzo. Por lo menos igual al momento en que los legisladores pusieron freno de mano con veintitantas correcciones al proyecto. Lo acaban de confirmar voceros del MPP.
Y entonces aparecen las interrogantes. ¿Qué está haciendo Brovetto en realidad? ¿Le cuenta a Astori lo que éste ya sabe, pero lo hace con un estilo suave, de palabra tersa y amistosa, que convence al ministro de aceptar lo que antes rechazó? ¿Les habla a los legisladores, con ese buen talante que nadie le niega, y los persuade de aflojar un poquito la mano que endurecieron tanto? A fin de cuentas, ¿es un mediador, un correo, un colchón o un alcanzapelotas?
Confieso que no lo sé. Y, a la par de adjudicarlo a mi oceánica ignorancia, me permito deslizar una reflexión: es bueno cuidarse de la burocracia, sobre todo porque abunda y muta constantemente. Hoy mismo podríamos estar frente a una especie nueva que se nos metió entre las ropas. ¡Cuánto tiempo puede hacernos perder!
Ahora que recuerdo, Bioy Casares explicó que «buceador» –agilísimo o no– era nada más que una exquisitez verbal importada a estas tierras hacia la década de 1920. *
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