Perplejidad
El mundo político vernáculo sigue causando perplejidad.
Es insólita la sorpresa a todas luces desagradable que ha conmovido a unos cuantos herreristas, y sobre todo a Luis Alberto Heber, luego que Luis Alberto Lacalle dijera que no descarta ser candidato a las internas de 2009.
¿Realmente los ha sorprendido el Cuqui?
Dicen que habían acordado postergar la cuestión electoral, precisamente a propuesta de Lacalle, una vez que el propio Heber, Chiruchi y Vidalín expresaron interés en sus respectivas postulaciones. Y le reprochan ahora que haya pateado el nido, en una suerte de inesperada anticipación.
No puedo creerlo. ¿Pensaron realmente que un hombre que nació, fue preparado y ha vivido para hacer política, y al que impulsa una explicable sed de revancha, iba a desestimar una buena oportunidad a la vista para hacer la primera jugada?
Caramba. Pensé que la experiencia servía de algo a los políticos. Heber, Chiruchi y Vidalín no se cuecen ya al primer hervor. Y tienen un conocimiento acabado de las realidades y circunstancias que los rodean. ¿Acaso estaban persuadidos de que al Cuqui le servía dejar las cosas quietitas hasta 2008? ¿Desde cuándo el más desarrollado «animal político» de este país ignora cómo tejer un liderazgo? ¿Olvidaron, tal vez, que ese hombre, en la última contienda electoral, se sintió traicionado por propios compañeros que lo radiaron como si contagiara algo dañoso? ¿Es posible tanta ingenuidad, inadvertencia o boludez?
Estoy perplejo. Pensar que ya en la época acádica los hombres públicos comprendían todo lo terrenal. Más aún: ante alguna duda, apelaban a infalibles técnicas adivinatorias como la extirpación, o sea el examen de las vísceras de animales sacrificados.
Con todos los corderos que suelen comer los herreristas no entiendo cómo ninguna achura ni un miserable riñoncito les reveló este movimiento ajedrecístico del Cuqui, previsible como los centros que tiraba el negro Joya (cuando Damiani ni soñaba renunciar). *
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