A 53 años del asalto al cuartel de Moncada

La primera gran acción de Fidel Castro en su camino hacia el poder

El plan de asalto al cuartel Moncada, dirigido por Fidel Castro el 26 de julio de 1953 en la oriental ciudad de Santiago de Cuba, contaba con el apoyo popular como fulminante para el estallido de una revolución en el país.

Así refirió el propio líder de la Revolución Cubana al periodista francés Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique, cuando le reveló que tenía el propósito de realizar un llamado a la Huelga General una vez tomada la fortaleza militar.

Para lograr este objetivo, el joven combatiente contaba con apoderarse de la emisora CMKC, ubicada a unos 400 metros de la guarnición militar y a través de sus micrófonos darle a conocer al pueblo de la región oriental la última alocución de Eduardo Chibás, líder del Partido Ortodoxo.

En ese histórico discurso, Chibás, minutos antes de morir, llamó al pueblo a levantarse contra la tiranía y a barrer todo vestigio de corrupción, robo, fraude y otros males gubernamentales de una sociedad decadente.

Previo al hecho serían repartidas más de tres mil armas arrebatadas al enemigo y distribuidas en varios puntos de la ciudad, fundamentalmente azoteas y edificios altos para repeler cualquier ataque de la aviación.

También se daría a conocer por esa radioemisora local un conjunto de leyes favorables al pueblo una vez alcanzado el triunfo revolucionario, esbozadas pocos meses después por Fidel Castro en su famosa autodefensa por los hechos del Moncada, conocida como La Historia me absolverá.

La pérdida del factor sorpresa en el ataque a la fortaleza enemiga fue causa directa del desmoronamiento del resto del plan y la retirada de los combatientes del escenario de la epopeya.

En el asalto participaron 120 jóvenes de apenas 24 años de edad contra mil 500 soldados entrenados y guarnecidos dentro de un poderoso emplazamiento militar protegido por un ancho muro de concreto.

El plan de Fidel Castro consistía en tomar con un grupo de los combatientes el hospital, al fondo del cuartel, considerado el objetivo menos peligroso y donde estaría el segundo jefe del movimiento, Abel Santamaría, así como dos mujeres y el doctor Mario Muñoz para atender a los heridos.

El segundo grupo tomaría el edificio del Palacio de Justicia, con Raúl Castro entre los combatientes.

En el tercer comando, Fidel Castro, con siete hombres, se encargaría de apoderarse de la sede del Estado Mayor, mientras el resto de sus 90 combatientes entrarían a las barracas de los soldados y les obligarían a concentrarse desarmados en el patio.

Todo se cumplió como estaba previsto, excepto el factor sorpresa en el momento de reducir la guarnición militar del cuartel debido a la llegada imprevista de una patrulla de soldados.

En el combate los revolucionarios perdieron cinco hombres mientras 56 fueron capturados y asesinados salvajemente horas después.

Los uniformes de sargentos utilizados por los combatientes como parte del plan de confusión en la mañana de la Santa Ana fueron confeccionados, en parte, por Melba Hernández, una de las Heroínas del Moncada.

Al rememorar los históricos acontecimientos, Fidel Castro le expresó a Ramonet: Si fuera de nuevo a organizar un plan de cómo tomar el Moncada, lo haría exactamente igual, no modifico nada.

Para alcanzar este objetivo táctico estaba previsto sembrar el caos y la confusión entre el resto de las unidades militares de la provincia con el lanzamiento de una proclama al estilo de los sargentos sublevados en 1933.

El plan concebía cortar la línea de ferrocarril para evitar la entrada de refuerzos y armas a la ciudad, así como destruir el puente sobre el río Cauto, al norte de la oriental ciudad de Bayamo, a unos 200 kilómetros de Santiago de Cuba.

Con este objetivo fueron destinados por Fidel Castro 40 combatientes para el asalto al cuartel militar Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo, en acción simultánea con el ataque a la fortaleza santiaguera.

De esa forma quedaría cortada toda ayuda desde el fuerte regimiento militar de la ciudad de Holguín, a unos 134 kilómetros de la ciudad capital.

A las 4.45 del 26 de julio de 1953 salieron Fidel Castro y sus combatientes desde la Granjita de Siboney hacia el cuartel de la tiranía, en una ciudad trasnochada por los festejos de los carnavales.

Treinta minutos después comenzó el ataque al Moncada. En el fragor del combate y perdida toda posibilidad del factor sorpresa y la caída de la fortaleza, Fidel Castro anuncia la retirada.

Mientras sus hombres abandonan el lugar en varios vehículos, el líder observa una ametralladora pesada calibre 50 dispuesta a diezmar al resto de los revolucionarios y sin pensarlo dos veces se lanza al medio de la calle con una escopeta y neutraliza tan peligrosa arma.

Luego monta en el último de los vehículos en retirada, pero ve a un combatiente llegar a pie y baja del automóvil para cederle el puesto.

Queda sólo en aquel temible escenario y calculaba la manera de evadir la persecución a través de las callejuelas santiagueras cuando aparece de imprevisto un carro de los combatientes que regresaba a buscarlo.

No obstante el fracaso del plan, el joven rebelde mantiene el compromiso de continuar la lucha y convence a un grupo de sus hombres para trasladarse inmediatamente hasta el poblado El Caney, a cinco kilómetros de esa ciudad, y atacar la guarnición militar del sitio.

Según reveló al periodista francés Ignacio Ramonet en el libro Cien Horas con Fidel, sus intenciones con aquel asalto (El Caney) era crear una situación de guerra para evitar que las fuerzas del ejército se dirigieran hacia Bayamo, donde estaba otro grupo de revolucionarios atacando un cuartel militar.

El proyecto no llega a realizarse porque el vehículo de la punta de la caravana en su retirada se equivoca de calle y toma el camino de regreso a la Granjita Siboney. Detrás prosiguen los demás.

Después vendrían los días del encarcelamiento de Fidel Castro y los sobrevivientes de la gesta, la salida del presidio por reclamo popular y la ida hacia México para organizar el regreso de los expedicionarios a Cuba.

La epopeya crecería con la organización y fortalecimiento del Ejército Rebelde en la Sierra Maestra y el triunfo de la Revolución Cubana el 1º de enero de 1959.

Y como es tradición, los nombres de los mártires de aquella primera gesta volverán a escucharse durante el pase de lista en el antiguo Cuartel Moncada, hoy museo y Ciudad Escolar, este amanecer del 26 de julio, Día de la Rebeldía Nacional. *

(*) El autor es periodista de la Redacción Nacional de Prensa Latina.

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