A 70 años del asalto franquista contra la República Española
Hoy, a 70 años del inicio de la Guerra Civil, desde la distancia física, emocional y temporal, recordamos a los uruguayos que no dudaron en sumarse a las Brigadas Internacionales que llegaron al suelo español para defender con su sangre a la República democrática. Según relató Alberto Etchepare quién llegó a España como corresponsal , en su libro «Don Quijote fusilado», «era en octubre de 1936. Cuando hubo que organizar la centuria Nº 65, nosotros pedimos el privilegio de bautizarla, de encargarnos de su instrucción política, de su aprovisionamiento». El entusiasmo de Etchepare es indisimulable. Ya Emilio Frugoni había expresado que cuando «una mañana el telégrafo nos trajo la noticia del estallido de una sublevación militar en España, contra la República… esa mañana, Alberto Etchepare, con esa intrépida resolución de la juventud que no todos los jóvenes conocen, se propuso trasladarse al sitio de los sucesos para relatarlos como corresponsal, pero también para vivirlos con su alma inquieta y encendida en el fervor de los ideales que la Revolución Española encarnaba».
La Centuria Grauert
«Y no encontramos otro nombre en aquellas circunstancias relata Etchepare , que expresara mejor nuestra protesta contra la ruptura de relaciones del gobierno de Terra con el legítimo de España, que el nombre acusador de Julio César Grauert». El propio Etchepare, junto a un puñado de compatriotas, se encargaron en mítines y asambleas, tanto en frente como en la retaguardia, de explicar a los españoles quién era Grauert, y cómo había caído defendiendo los ideales democráticos enfrentando la dictadura de Terra. De esa manera, la Centuria «Julio César Grauert» desfiló por las calles de Barcelona entre los cálidos aplausos y vítores de la multitud.
Fue un homenaje al Uruguay progresista, democrático y solidario. «Una cadena de broadcastings -relata Etchepare-, recogió la palabra de los uruguayos y llevó al corazón de millones de españoles la total adhesión de nuestro pueblo. Aquellos muchachos marcharon entusiastamente hacia Aragón, con sus escarapelas uruguayas en las blusas de milicianos, entonando la canción optimista que engendra la fe y la confianza en la justicia». La crónica inflamada del joven cronista destaca que «leyendo en la roja bandera de la columna el nombre de «Grauert», que ellos sabían había sido un gran luchador antifascista, sentimos con Ramón Tajes y con Luis Tuya el legítimo orgullo de haber contribuido en alguna medida a la reivindicación de nuestro malparado prestigio nacional».
Historia y leyenda
En el mensaje de despedida a los voluntarios de las Brigadas Internacionales, que Dolores Ibarruri «La Pasionaria», expresara el 1º de noviembre de 1938 en la ciudad de Barcelona, sentimos palpitar hoy -70 años después de la alevosa traición franquista-, el espíritu combatiente y solidario de Alberto Etchepare, Ramón Tajes, Luis Tuya, José B. Gomensoro, Roberto Cotelo y otros uruguayos que supieron responder al llamado de la República Española. Resuena todavía desde el fondo de la historia la voz de pasionaria: «Â¡Madres!… ¡Mujeres!… Cuando los años pasen y las heridas de la guerra se vayan restañando; cuando el recuerdo de los días dolorosos y sangrientos se esfumen en un presente de libertad, de paz y de bienestar; cuando los rencores se vayan atenuando y el orgullo de la patria libre sea igualmente sentido por todos los españoles, hablad a vuestros hijos; habladles de estos hombres de las Brigadas Internacionales». Y ya dirigiéndose a los milicianos que cubiertos de flores desfilaban por las calles, expresaba Ibarruri, que «podéis marchar orgullosos. Sois la historia, sois la leyenda, sois el ejemplo heroico de la solidaridad y de la universalidad de la democracia, frente al espíritu vil y acomodaticio de los que interpretan los principios democráticos mirando hacia las cajas de caudales, o hacia las acciones industriales, que quieren salvar de todo riesgo».
Más de 500.000 personas murieron desde 1936 al 1939. Esta cifra no incluye a quienes murieron por malnutrición, hambre y enfermedades causadas por la guerra. Fueron evacuados unos 30.000 niños a diferentes países -ellos son conocidos como los «niños de la guerra»-, después de 1939 se exiliaron 70.000 españoles. El sistema judicial de la dictadura de Franco sembró la inmunidad para los torturadores debido a la Ley de Amnistía de 1977 que no permite juzgar. La Iglesia Española todavía no ha pedido perdón. Aún se espera acceder con facilidad a las fosas comunes e identificar los restos. *
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