Extravagancias
Hay actitudes extravagantes. También hay cosas que lo son.
Por ejemplo el puente sobre el río Santa Lucía, a la altura del kilómetro 83 de la ruta 11, a la entrada (o salida, según se mire) de la ciudad homónima. Fue construido en una depresión natural del terreno y tiene una estructura combada hacia abajo. Obvio, las aguas del río lo pasan por encima varias veces al año, aislando a miles de pobladores de tres departamentos. Es el único puente de la región que no necesita de piqueteros ambientalistas para ser cortado.
Pues bien, tras varios decenios de padecimientos originados por esta extravagancia arquitectónica, el Ministerio de Transporte y Obras Públicas ha anunciado que hará un nuevo puente, algo más al norte –del que uno espera que al menos quede combado hacia arriba–, cuya construcción comenzaría a fines de 2007 o principios de 2008.
Por las barbas de Mahoma, que así sea.
Pero, qué macana, no hay alegría completa. Anunciada la construcción, que insumirá alrededor de doce millones de dólares, las autoridades competentes declararon que aún desconocen cómo se financiará. Ante la perplejidad que de inmediato deben haber intuido a su alrededor, aclararon, presurosos, que los fondos podrían ser propios, del BID, del Banco Mundial o hasta de inversores privados (por suerte no mencionaron a Bin Laden). En realidad, no está claro quién pondrá el cheque ni si lo habrá.
Como el ministro Rossi y el subsecretario Lazo son personas serias, conjeturo que no pueden haber prometido una obra sin saber si alguien la pagará. No, imposible; jamás caerían en semejante extravagancia. La información difundida debe ser errónea o incompleta.
De lo contrario –y me niego a considerarlo, insisto– habría que pensar que su percepción ha sido gravemente afectada. Bueno, Helmoltz dijo, hace años, que si un cirujano pudiese unir el nervio óptico a los gangliocitos de la esfera auditiva y el nervio auditivo a la esfera óptica, «oiríamos el relámpago y veríamos el trueno». *
Compartí tu opinión con toda la comunidad