"SOLO UNA PLURALIDAD DE PROTAGONISMOS COLECTIVOS PODRA ABRIR EL CAMINO A UNA NUEVA REFORMA UNIVERSITARIA"

Rodrigo Arocena: La universidad debe promover la generación de conocimientos en todos los campos

Carta abierta a la comunidad universitaria

La elección rectoral en la Universidad de la República (UR) ha entrado en su última etapa. Ha suscitado ya un inédito intercambio de ideas, que reaviva el interés de la República por su Universidad. Puede así constituirse en el punto de partida tanto de un diálogo más estrecho entre universidad y sociedad como de un nuevo ciclo de transformaciones en la UR.

Es momento de sintetizar y reafirmar metas. Mi candidatura al rectorado fue propuesta por un colectivo, la juventud organizada en la FEUU, para trabajar por un programa que apunte hacia una nueva Reforma Universitaria. Los apoyos recibidos muestran que, si bien estamos al comienzo del camino, vamos en la buena dirección. Vale la pena pues redoblar esfuerzos.

La Ley Orgánica de 1958 marcó en Uruguay la culminación de la Reforma Universitaria propuesta a comienzos del siglo XX. La definen el propósito de expandir e interconectar enseñanza, investigación y extensión, la reivindicación del cogobierno democrático de la universidad y de su autonomía, el ejercicio de esa autonomía para respaldar las causas populares y para colaborar en la mejora de las condiciones sociales. En el siglo XXI, cuando el acceso al conocimiento y a la educación inciden como nunca antes en que las naciones progresen o no y en que las sociedades se hagan menos o más desiguales, hacen falta nuevas vías para afirmar aquellos rasgos de valor perdurable. Ese es el propósito orientador de una nueva Reforma Universitaria.

Como lo muestra la experiencia internacional, un futuro deseable para el país requiere que la mayoría de la gente pueda aprender a lo largo de la vida entera, a alto nivel y en conexión con el trabajo. Esa es la meta de la Gran Reforma que el debate educativo en curso debe afrontar, y a la cual la UR mucho debe aportar. Debe colaborar para mejorar la formación de los docentes de todos los niveles de la enseñanza. Debe diversificar sus propias modalidades educativas, en particular para procurar disminuir la deserción, sabiendo que ésta responde en gran medida a factores ajenos a la universidad, pero sin despreciar lo que puede lograr una educación orientada a disminuir las desigualdades. Para enfrentar la dimensión geográfica de la desigualdad, la UR debe profundizar su accionar en el Interior, cooperando al mismo tiempo con la ANEP y con otros actores en el enriquecimiento y la diversificación institucional de la enseñanza terciaria pública.

Lejos de la tesis según la cual la universidad debe ser sólo para los supuestamente «mejores», trabajamos por una universidad que siempre colabore a que todos podamos aprender cada vez mejor.

La amplia mayoría de la investigación nacional tiene lugar en la UR: ésa es una contribución fundamental a la solución de problemas acuciantes, a la construcción de perspectivas más promisorias a largo plazo, y a la creación cultural. Para todo eso la UR debe avanzar mucho en la colaboración entre distintas facultades y en el trabajo interdisciplinario. Una universidad debe promover la generación de conocimientos en todos los campos. Una universidad de un país fragmentado, que procura escapar al subdesarrollo, tiene además que atribuir especial importancia a la investigación orientada a encarar la emergencia social y a respaldar al país productivo.

A partir de la rica experiencia de cooperación de la UR con la sociedad, hay que abrir a todos los estudiantes posibilidades de realizar una labor de «extensionismo» social, agrario, tecnológico, científico, en la salud o en la cultura. Los egresados, cada vez más vinculados a la UR por las demandas de una formación permanente, podrán respaldar esa labor de los jóvenes, ayudándolos a que se formen también fuera de las aulas. Unos y otros podrán así retribuir mejor lo que el país invierte en su educación.

Expandir la enseñanza terciaria y multiplicar la generación de conocimientos requiere un aumento sustancial de la inversión pública y también de los salarios universitarios: de eso no puede caber dudas. Ahora bien, cuando la deuda social atenaza al Uruguay, las reivindicaciones presupuestales de la UR tienen que ser acompañadas por un uso cada vez mejor de los recursos disponibles y por una mayor contribución al desarrollo nacional. En ambas direcciones se ha venido avanzando; seguirlo haciendo ampliará tanto la capacidad estatal como la disposición ciudadana para incrementar la inversión en la enseñanza superior.

Se han conseguido ya algunas mejoras presupuestales; es posible afrontar ahora grandes urgencias universitarias, que incluyen entre otras ciertas condiciones edilicias inaceptables, la situación de muchos docentes jóvenes a punto de perder su empleo y la falta de apoyos básicos para impulsar la investigación. Atender problemas de ese tipo y, al mismo tiempo, fomentar el florecimiento de iniciativas   de todos los universitarios, incluidos los funcionarios – colaborará a un mejor funcionamiento de nuestra institución. Y así se creará un clima propicio para impulsar cambios.

Sólo una pluralidad de protagonismos colectivos podrá abrir el camino a una nueva Reforma Universitaria. En los debates en Facultades y Escuelas, no hemos pretendido saber qué debe hacerse en cada lugar ni prometido soluciones desde lo alto para sus problemas, pero sí promovido la reflexión sobre ideas y experiencias, para que cada colectivo se sienta impulsado a proponer iniciativas acerca de lo que mejor conoce, buscando insertarlas en un proyecto general.

Si avanzamos en ese sentido, se hará factible la revitalización del cogobierno. Este es un objetivo mayor al que debemos contribuir de múltiples maneras. Tenemos que descentralizar y simplificar varios procesos de decisión, para facilitar la participación. Tenemos también que ayudar a que los estudiantes conozcan mejor a su universidad. El cogobierno, además de un derecho y un frecuente factor de avance, es una invalorable escuela potencial de ciudadanía, que la UR tiene la obligación de afianzar.

Necesitamos estabilidad y respaldo amplio para los cambios. Si no soy electo, la nueva conducción puede contar con toda mi colaboración militante. Si lo soy, convocaré con vocación plural y progresista al esfuerzo colectivo, para asegurar una gestión eficiente, la consolidación de todo lo que se viene haciendo bien y el avance hacia transformaciones sustantivas.

En todo caso, el candidato puede perder, el programa no. Suceda lo que suceda, habrá que seguir trabajando en pro de una nueva Reforma Universitaria. *

Universidad de la República, 12 de julio de 2006

Rodrigo Arocena

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