El país de todos los vientos
El pasado martes 27 de junio se realizó en Melo un seminario sobre energías alternativas auspiciado por la Intendencia Municipal de Cerro Largo.
En él pudimos oír y ver un excelente informe (el mejor que hayamos disfrutado hasta la fecha) acerca de la energía eólica, brindado nada menos que por el señor Gerente de Generación Hidráulica de UTE, Ingeniero Oscar Ferriño, quien ha sido designado encargado de «generación eólica» en dicho ente.
Recién llegado de una gira realizada por España, brindó entre muchísimos más, los datos que a continuación veremos.
España cubre hoy con dicha energía dos veces y medio las necesidades eléctricas totales de Uruguay para lo que ha instalado en pocos años doce mil molinos generadores dándole trabajo a treinta y cuatro mil obreros en su fabricación y a tres mil en su operación y desarrollando una tecnología que avanza aceleradamente mejorando rendimientos y abaratando costos.
Están entrando a funcionar en ese enorme parque de generación, aparatos de dos megavatios de potencia con una envergadura de aspas cercana a los cien metros (mayor que la de los mas grandes aviones conocidos a la fecha). Obviamente, la altura del fuste supera esos cien metros.
La potencia eólica así lograda equivale en España a la potencia hidráulica: cerca de diez mil megavatios (la de Uruguay es de mil quinientos) y dicho reino se propone como meta concreta duplicar el parque eólico actual llegando a los veinte mil megavatios en el 2010 a razón de dos mil quinientos por año.
El costo de instalación es de novecientos setenta euros el kilovatio instalado (en el «rango» de otros emprendimientos que hoy se propone la UTE) y el de generación es inferior al de todas nuestras centrales térmicas y al precio que pagamos por la energía importada.
Hace no muchos años (en materia de energía eólica) ambas cifras eran muy superiores y fueron subsidiadas porque se daba comienzo a una nueva industria y a una nueva tecnología.
Aquella siembra dio sus frutos y como siempre pasa, gracias a esa clarividencia y a ese respaldo inicial, ahora tanto la tecnología como los costos pertenecen a una industria en estado de madurez avanzando a pasos agigantados.
Gracias a ello ahora España es proveedora internacional de la tecnología, la fabricación y hasta de la operación de dichos ingenios.
Que, dicho sea de paso, se instalan en nueve meses lo que inmediatamente hace pensar, al oír un informe como el que venimos comentando, en traer de apuro un «pequeño» parque eólico para resolver en nueve meses nuestras necesidades más urgentes. No debe haber «central» de generación de construcción mas «rápida».
Pero he aquí, y este es otro elemento a destacar, que las fábricas de estos artefactos ven superada su oferta por una demanda que hace largas colas esperando dicho suministro.
Así que ni con el dinero en la mano, si hubiera voluntad, podríamos hoy llegar a tener uno de esos.
Los treinta y cuatro mil obreros españoles (e inmigrantes) tienen trabajo asegurado (allá) por muchos años.
Así se entiende también por qué la gente se nos va y por qué la gente se nos queda.
¡Hay culpas y hasta pecados que no se los podemos achacar siempre a los «países ricos»!
Porque mientras tanto: ¿Qué hicimos en casa? ¿Qué estamos haciendo ahora?
Absolutamente nada o, lo que es peor, desde la UTE todo en contra.
Recién en estos últimos días, ante el fracaso total, y como hoja de parra tan chiquita que no alcanza para tapar nada, se llama a licitación por, escúchese bien, veinte megavatios (diez «molinos de viento» de los nuevos).
Algo tan lastimoso y ridículo no da ni para comentarios. Tampoco para, en el supuesto caso de que a alguien le interese, pagar los gastos de flete: no vale la pena. En Uruguay, en esas condiciones se instalarán los molinitos de papel que venden en la puerta de Villa Dolores. Con lo que de paso, para quienes no manejen información, se desprestigiará nuevamente dicha fuente de energía. Corremos el riesgo de la chatarra. De lo usado. De lo descartado en los países serios.
Nosotros también fuimos a España (en enero de este año), concretamente a Galicia (porque España es la segunda en Europa y Galicia la primera en España en energía eólica), para ver lo mismo que vio el ingeniero de la UTE. Y allí se nos ofreció mucho más que muy generosamente, para Uruguay, todo el asesoramiento que necesitáramos agregándonos lo siguiente:
– «Lo que más y mejor les podemos ofrecer, ya que van a empezar, es la información acerca de los errores que nosotros cometimos cuando empezamos».
Según ellos, empezar era también, de algún modo, envidiable: porque permitía evitar las trampas, los rodeos, los escollos y los errores que comete quien explora por primera vez un camino.
Por razones que todos imaginarán, Uruguay es muy querido en Galicia.
Aquellos amigos y amigas, cuando nos mostraban sus fábricas e instalaciones, y las entrañas de los aparatos nos aclaraban:
– «Tengan en cuenta que esto no es la NASA No verán nada del otro mundo».
Y fue verdad: cuando vimos lo que vimos y a pesar de nuestra ignorancia, sería faltarle el respeto a la industria metalúrgica uruguaya de hoy, a nuestros ingenieros y a nuestros obreros, pensar que eso no pueda ser hecho acá.
Como no somos aventureros, hemos consultado a unos cuantos ingenieros uruguayos, a unos cuantos empresarios y a unos cuantos obreros calificados para sostener lo que sostenemos.
Hay muchas fuentes de trabajo, demasiadas, para obreros y para técnicos e investigadores uruguayos que se despilfarran y omiten.
Que por ceguera se expulsan del país.
En el país de todos los vientos (todos los «enterados» opinan que Uruguay tiene superiores condiciones que España para la energía eólica) haber clausurado esta vía de desarrollo, independencia y libertad es imperdonable. Seguir impidiéndola hoy es criminal.
También en este caso, tanto los «costos» de fabricación e instalación, como los de generación, deben incluir forzosamente, las fuentes de trabajo generadas, los aportes a la DGI y al BPS, la radicación de gente en la patria, el crecimiento de la economía, los salarios y otros insumos que quedan dentro de fronteras, la dinamización que ello produce, los ahorros en el INAU, la Policía, las cárceles, la salud pública, los comedores escolares, el INDA y demás gastos que trae consigo la «corte de la miseria».
Sin mencionar apenas los ingresos espirituales emanados simplemente de ganar el pan con el sudor de la frente y de poder seguir viviendo en casa con la familia entera. *
(*) Senador de la República
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