La maternidad en adolescentes es un escape al desamparo y opresión familiar
En el marco del Día Mundial de la Población, se presentó ayer un estudio cualitativo sobre reproducción biológica y social de la población uruguaya. El relevamiento fue realizado por un equipo integrado por investigadores de la Universidad de la República, con apoyo del Ministerio de Salud Pública, el Instituto Nacional de Estadística, la Intendencia de Montevideo, la organización no gubernamental Mujer y Salud Uruguay, PNUD y Fondo de Población de Naciones Unidas.
La publicación se centra en tres temas: el papel de los adultos mayores, la maternidad y paternidad en los adolescentes y el conocimiento de los derechos sexuales y reproductivos de los uruguayos. La coordinadora del estudio, Alejandra López, dijo ayer que el objetivo es contar con «evidencia científica en temas de población con una perspectiva de género, generaciones y derechos, que oficie como soporte para encarar políticas públicas».
El primer capítulo refleja cómo viven la vejez las personas de entre 65 y 75 años, de nivel socioeconómico medio-alto y bajo. Los resultados arrojan que esta generación tiene una percepción compleja de la vejez y el envejecimiento, dividida en dos paradigmas. Por un lado existe la vinculación del envejecimiento con la pasividad, la enfermedad y la dependencia; y por otro, se plantea la integración de estas personas con redes sociales y con nuevas realidades.
Otro de los ejes es la correlación establecida entre el envejecimiento y el par actividad/pasividad. En este punto se muestran diferencias entre hombres y mujeres: si bien ambos manifiestan su temor a la dependencia, la pérdida de autonomía funcional, social y psicológica, los varones posicionan al trabajo como el único medio para poder construir y tener una familia, responsabilidad que sienten como propia. En las mujeres, en cambio, el trabajo es una forma de ocupar el tiempo, más allá de la remuneración.
Es por esto que los hombres muestran una menor plasticidad para incorporar otros caminos de autonomía o subsistencia, incluso se manifiesta la posibilidad del suicidio frente a la situación de no poder valerse de forma autónoma. El estudio plantea marcos de acción, como integrar a los adultos mayores con otras franjas etarias de la sociedad, jerarquizar su participación y generar un retiro laboral que no sea «abrupto», tal como sucede en la actualidad cuando se produce la jubilación.
Los adolescentes
En el segundo capítulo, donde se estudia la maternidad y paternidad en los adolescentes uruguayos de Montevideo de 15 a 20 años -con y sin hijos-, queda de manifiesto que «la asimetría de poder entre mujeres y varones y la permanencia de los modelos de masculinidad y femeneidad deja un escaso margen para que las adolescentes independicen su vida sexual de la reproducción». Para el viceministro de Salud Pública, Miguel Fernández Galeano, hay que «trabajar para que la sexualidad no esté absolutamente ligada a la reproducción sino a la satisfacción de las personas». Además manifestó la necesidad de «implementar una educación sexual formal y no formal para que los adolescentes, sobre todo de bajos recursos, identifiquen a la maternidad como una forma de escapar del desorden y desestructura de su familia». Los adolescentes estudiados no reflexionaron hasta este momento acerca de la maternidad y paternidad. López dijo que «no transmiten una decisión de tener hijos, sino que les llegan, por omisión, accidente o castigo. Y así como se conciben, se tienen, sin mediar una reflexión. Es que para hacer una reflexión hay que tener determinadas herramientas de educación, información y transmisión de valores.
La publicación da cuenta de la existencia de pensamientos conservadores y hegemónicos en los adolescentes. Esto se refleja cuando los varones plantean que la condición de madre impone a la mujer una restricción sobre su vida, fundamentalmente sobre la sexual. Queda sentado que el erotismo de la madre no es compatible con el «respeto por sus hijos».
La maternidad es tomada diferente según los estratos sociales a los que pertenecen. En los estratos sociales bajos está legitimada ya que se vive como una «ganancia», les proporciona un estatus en su medio social y es la manera de encontrar un lugar en el mundo. Mientras que en los sectores medios, tener un hijo significa la pérdida de un futuro desarrollo personal y laboral, ya que no es un proyecto fundamental de sus vidas.
Derechos sexuales y reproductivos
El tercer capítulo refiere al conocimiento y ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos de personas de 20 a 59 años, de sectores sociales bajos, medios y altos. Antes de entrar en detalles, los entrevistados mostraron una conceptualización difusa de estos derechos. Salvo en una ocasión, ninguno de estos dos derechos surgen como derechos humanos en el discurso de los entrevistados.
A la hora de señalar los derechos sexuales, se destaca la demanda a vivir la sexualidad con libertad y respeto. Por otra parte se hace referencia a una «mala» y una «buena» sexualidad: la primera se asocia con el riesgo a la enfermedad y contagio, mientras que la segunda es vista como una «sexualidad sana». Salvo excepciones, las ideas de placer y deseo aparecen mayoritariamente en el discurso de los hombres.
Los entrevistados dejan en claro la importancia de la información, el conocimiento y la educación sexual y ven con buenos ojos que el Estado implemente políticas al respecto. La posibilidad de relacionarse con una persona del mismo sexo aparece como algo «ajeno» y reiteran sus reservas a que los homosexuales accedan a derechos como casarse, tener hijos y heredar los bienes de su pareja. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad