Se busca patrón
+Hablando de Hammett, a quien admiraba, Osvaldo Soriano aludió una vez a «ese estilo de tragedia sin emoción» que recorre sus libros.
Esa frase apareció en mi memoria mientras reflexionaba acerca de lo que les ocurre a las empleadas domésticas. Una parte más de esa tragedia sin emoción a la que, en la mayoría de los casos, las ha condenado la vida.
-Paquita está embarazada.
-Me imaginaba, te dije.
-Y pide un aumentillo.
-¡Que lo consiga haciendo la calle!
Ahora el país está en plena primavera sindical. Los Consejos de Salarios hicieron nacer decenas de asociaciones de trabajadores de los más diversos oficios y labores. Entre ellas, claro, la de quienes prestan el llamado «servicio doméstico». Y más allá de matices por provincias va la cosa, unas veces bien, otras no tanto- la gran mayoría ha advertido que tiene más derechos de los que hasta ahora se le permitía acceder.
Pero, qué curioso, no aparece el empresario el patrón, o su representación- para crear junto a las trabajadoras y al Poder Ejecutivo un ámbito inexistente. Hasta hoy todo fue anárquico, arbitrario e injusto. Esclavista.
Ciertamente, y sólo como ejemplo, si la Asociación de Amas de Casa no agarra viaje es para compadecer al Ministerio de Bonomi.
Llegó la hora de pasar la página. Que sea el Poder Ejecutivo el que determine las condiciones dignas salariales, de horarios, trato y demás- para que estas trabajadores escapen de su tragedia sin emoción y avienten, si es posible para siempre, ese destino de tango cursi: «Una historia larga y una vida breve».
Lo aguardan Paquita, Ramona, Olga, Aurora, Fanny.
Ah, no, Fanny no. Ese nombre es mufa. Recuerda al ama de llaves de Borges, a la cual, sobre el final de la vida de su sublime empleador, le apareció una patrona inesperada, la Kodama, que la dejó en la calle.
Y Fanny pasó a ser la doméstica metafóricamente más violada de la historia.
Pobre mujer, qué destino. Pero, por las dudas, cruzo los dedos y sigo pensando en Paquita, Ramona, Aurora, Olga. *
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