"LA DIGITALIZACION HA DEGRADADO LA ESENCIA DE LA CINEMATOGRAFIA PORQUE CARECE DE VEROSIMILITUD"

¿La imagen chatarra o el cine en serio?

Tampoco pudo advertir los riesgos mediáticos que se avecinaban en otro tipo de pantallas. Alguna pista fue dada por Orwell a través de su obra 1984 en lo referente a la manipulación de masas; pero ni siquiera él pudo pronosticar el nivel de consumismo que generaría todo lo relacionado con la imagen en sus diferentes formatos y el correspondiente bastardeo de los contenidos. En la actualidad, teóricos de la talla de Román Gubern (ensayista, historiador del cine y ex decano de la Universidad Autónoma de Barcelona), advierten sobre un proceso en el que la supuesta obra de arte se ha convertido cada vez más en objeto de consumo y producto que, no necesariamente, va dirigido a la pantalla grande como principal generador de rentabilidad. «La primera fuente de ingreso -señala Gubern- es la venta o alquiler de videos y DVD; la segunda, la pasada por Tv de las películas y, en último lugar, las salas cinematográficas».

Esta información, que podría ser una mera estrategia empresarial, adquiere resonancias, sin embargo, tanto en el plano estético como creativo. En este último punto convergen varios componentes; desde el enfoque de los planos hasta el aterrizaje de un video juego en guión cinematográfico (Resident evil; Doom, etcétera), todo puede suponer una actitud comercial. Para Guberm, el perfil del cine se ha desdibujado porque «el audiovisual es una gran parcela donde entra la televisión, la videografía, la industria discográfica y el merchandising«.

Por un lado la pluridiversidad de formatos (televisión, video, DVD, Tv por cable, etcétera) impresiona como un gran avance tecnológico que optimiza los niveles de comunicación aunque también genera riesgos. El productor, para optimizar la rentabilidad de su producto, debe lograr una obra que encaje en todos esos espacios sin desmerecer la calidad visual. La realización, entonces, queda supeditada a los límites tecnológicos que aseguren una máxima capacidad de lucro. Gubern asegura que ìhay leyes macroeconómicas que muestran que tamaños excesivos, por ejemplo, no son rentables por lo que «el tipo de encuadre, los planos medios y primeros planos, planos de detalle y hasta el ritmo, son pensados para la pantalla chica del televisor y no para la sala cinematográfica». (Al leer estas afirmaciones, un cinéfilo puede llegar a cortarse las venas con un video, por cierto). Pero la cosa no queda aquí, el renombrado historiador de cine también afirma que la digitalización ha degradado la esencia de la cinematografía porque carece de verosimilitud: «la imagen digital tiene el estatuto ontológico del dibujo animado». La tecnología, entonces, reduce costos pero sacrifica la credibilidad del espectador, lo que genera «un límite a la capacidad de emocionar». Si esto es así, hay que comenzar a repensar, en forma urgente, qué tipo de producción audiovisual es la que realmente queremos ver. ¿La imagen chatarra o el cine en serio? Ojalá que estemos a tiempo de revertir procesos. *

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