El Raje
El hombre del sobretodo miró al otro y le dijo:
-Vaya a la dirección para que me cambien de habitación. Esta es impresentable.
El otro salió, presuroso, y el hombre del sobretodo metió las manos en los bolsillos, caminó, tomó el ascensor, llegó al hall de entrada y, silbando bajito, salió y subió a un taxi.
-A Tres Cruces, rápido. «ordenó tajante».
-Qué humedad ¿no? «intentó conversar el tachero. » Te mata.
-Si fuera lo único. Respondió enigmáticamente el hombre del sobretodo. El tachero no insistió. Tipo raro, reflexionó.
El hombre del sobretodo bajó en Tres Cruces, fue a una ventanilla y pidió un pasaje de ida a Rivera. Compró un diario «¿a qué hora juegan mañana Italia y Alemania?» y se ubicó en el ómnibus. Durmió un buen rato durante el viaje y, ya próximo al destino, sacó el celular y llamó a Canal 12: -Estoy cerca de la frontera. Yo no tengo nada que ver con eso de lo que se está hablando. Pero no se preocupen. Vuelvo en cualquier momento y hago unas puntualizaciones.
Al bajar en destino dudó en qué hacer primero. Unas compritas en Livramento, pensó, pero una puntada en la próstata le hizo cambiar de idea. Siguió caminando. Ya veremos, se dijo bajito.
(Esta podría ser una historia real. Si al del sobretodo lo traen de los fundillos en pocas horas, es posible que descienda la presión arterial del hombre del jopo elegante que está de viaje, del gordito morocho de uniforme y lentes oscuros y de la señora canosa y delgadita. Y todo cerrará como la tonta traición de un tipo solitario al que le entró el chucho, porque a la noche soñaba con rejas y una cerradura con la inscripción «Made in Argentina». Ojalá haya sido así. Aun en medio del bolonqui suena tranquilizador. Pero no sé. Se lo conté a un amigo y su respuesta me dejó dubitativo y consternado:
-¿Te digo la verdad? Si te la creés vas a parecer aquel gallego que entró con una hermosa joven a un bar y pidió una cerveza. «¿Familiar?», preguntó el mozo. «No, es una puta, pero tiene sed», contestó el gallego. *
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