Una ONG que trabaja en la construcción de la identidad barrial

En el Centro Juvenil "La Bodega", los adolescentes aseguran su futuro

Socode surge como un grupo de apoyo y de acompañamiento organizativo a las familias de la Ciudad Vieja, ocupantes de ex hoteles Juncal, Ansina, Alhambra, ex sanatorios Beisso y Fraternidad y otros. Cuando se procede al desalojo y traslado de estas familias a las zonas periféricas donde se las instala, Socode las acompaña, dándole continuidad al trabajo promocional y generando un salto cualitativo, ya que de grupo pasa a conformarse como organización jurídica con estatutos, reglamentos, comisión directiva, procediéndose a la contratación de personal técnico.

«Esto ocurre ante la demanda de la comunidad de hacerse cargo de la gestión formal de un centro CAIF, en el barrio Conciliación, que tomará el nombre de ‘Abracitos’ en el año 1994″, rememora Agustín Guerra, integrante del equipo de educadores de Socode.

Los objetivos específicos que se ha planteado esta ONG son construir colectivamente un equipo de trabajo que sostenga la gestión del proyecto, retroalimentar la dinámica a través de la profundización, conceptualización y sistematización del trabajo que se realiza. Hacer partícipe a la familia y a la comunidad en el proceso de desarrollo del adolescente y el joven, fomentando su participación activa como agente educativo central en este aprendizaje. Fomentar el sentimiento de pertenencia al barrio por parte de la comunidad, contribuyendo al análisis de la vida cotidiana, de su situación actual y anterior de las necesidades comunes como colectivo y de la puesta en práctica de estrategias conjuntas para satisfacerlas.

Hacer del proyecto un ámbito de referencia, donde albergar consultas, circulación de información sobre recursos zonales y sociales, y posibles derivaciones, además de fortalecer las redes locales.

 

Centro Juvenil «La Bodega»

En Badaraco y Edison funciona, en una vieja bodega, el Centro Juvenil de Socode, conocido justamente como «La Bodega». En este lugar, unos 35 adolescentes, de ambos sexos, concurren a los talleres que se han habilitado como forma de captar el interés de los jóvenes que viven en una zona más deprimida de la ciudad. En el lugar se realizan talleres, algunos de ellos son estables, como el taller de apoyo escolar y liceal, de plástica, de deportes y recreación.

«Existe otra clase de taller que varía según el interés de los chiquilines y según las posibilidades de la organización, pero están los talleres de murales y jardinería que terminaron de ambientar el Centro Juvenil y ahora se van a abrir más a la escuela 128 de Conciliación», dijo a LA REPUBLICA, Joaquín Rocha, el educador responsable de «La Bodega».

Según Rocha, los adolescentes que concurren al Centro Juvenil, provienen de los barrios Conciliación, Nueva Esperanza, Nuevo Colón, Guayabos y Torre 8, entre otros.

«Generalmente viven en asentamientos y llegan acá, porque los compañeros o algún familiar los traen. Con el boca a boca, la familia, los amigos, en la comunicación de la gente, pasa por ver a qué lugares pueden ir sus hijos para hacer algo, donde recibir un apoyo para los estudios. Básicamente es eso, después tenemos derivaciones de alguna escuela o liceo, pero generalmente vienen por amistad».

 

Lejos del sistema educativo

Rocha manifiesta que los adolescentes que van al Centro Juvenil viven la angustia cotidiana de que buena parte de sus padres están sin trabajo.

«Sufren el desempleo crónico y un montón de problemáticas que son las que los hacen estar en una zona de vulnerabilidad. Problemas familiares, de violencia, de las cercanías con bocas de consumo. De lo lejos que está quedando, hoy por hoy, el sistema educativo para muchos de estos gurises, que están en un ‘borde’ peligroso. Tienen potencialidades, tienen recursos, pero por otra parte se vinculan con todos estos factores que son de riesgo para ellos», sostiene Rocha.

«Hay momentos en que los gurises pueden laburar bárbaro, en un clima lindo, y de a ratos, por muchas circunstancias, factores barriales, sociales y a veces por la convivencia misma, el trabajo se hace un poco más pesado. Tenemos crisis como en cualquier grupo humano, pero tratamos de tomar eso como una forma para reorganizarnos y plantear cosas nuevas». El abordaje de esta problemática para los educadores sociales de «La Bodega» se hace muchas veces complejo. «Trabajamos con un dispositivo de talleres a cargo de licenciadas y especialistas, en los temas que les toca trabajar con los adolescentes. Tenemos una visión global de trabajo en equipo que, fundamentalmente, es socio-educativo. Se trabaja con estos talleres para que ellos puedan mejorar sus condiciones de vida, buscar alternativas y desarrollar estrategias para cambiar su situación. Muchas veces pasa un tiempo largo en darse cuenta en la situación en que están. Son grupos bastante heterogéneos. Si bien se comparte con toda la población, sin duda hay un margen mayor de diversidad, de diferentes historias familiares, diferentes lugares y modos de relacionarse con instituciones como nosotros, como el liceo. Diferentes realidades con relación al trabajo. Tratamos que esa diversidad juegue a favor», comenta Rocha.

 

El aporte de los uruguayos  en el exterior

Para llevar adelante el proyecto, Socode cuenta con el aporte del INAU con el que mantiene convenio. Pero recibe además, el apoyo de un grupo de uruguayos que vive en Australia y Suecia.

«Estos son apoyos puntuales que últimamente han estado siendo interesantes, y que permiten otra movilidad. Ellos hacen un aporte de dinero y han estado apoyando algunos proyectos en particular de mejoras en las condiciones edilicias y de complemento para el rubro de alimentación. Esta plata se destina a los lugares de trabajo donde más se necesiten; una parte al mantenimiento de los locales de Socode, y otra a un proyecto educativo. Los jóvenes que concurren al Centro Juvenil, reciben una merienda diaria, en una tarea compartida entre ellos y la encargada del servicio. «Se encargan de servir, lavar la loza, de la limpieza de los espacios, el baño. Es parte de la tarea diaria que tienen. Tratamos de que ellos sean protagonistas de este lugar». Rocha destacó coma una carencia de la zona, la falta de una coordinación más efectiva, entre las organizaciones que trabajan en estos barrios. «Los niveles de comunicación entre los servicios de la zona, es algo muy difícil de lograr y es algo que siempre te termina limitando. Faltan recursos en salud, educación, las coordinaciones con el Centro Comunal. Algo similar sucede con las organizaciones de la zona. No se desarrollan políticas que vayan más allá de las instituciones. Cada institución desarrolla su programa para la zona. Sería deseable algo que sobrepase nuestros límites. Es decir, que estemos de acuerdo nosotros con otras organizaciones que trabajan en el barrio Si bien se tienen niveles de coordinación, quizás estos no son los deseables». *

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