Jorge Denti presenta en Uruguay documental sobre Gelman

"El testimonio único de un hombre que ha hecho de la palabra una forma de acción"

Denti nació en la localidad bonaerense de San Martín, en 1943, es director y productor de cine y televisión; autor de películas como Malvinas, historia de traiciones, Las AAA son las tres armas, País verde y herido, Trece años y un día y Carta abierta de Rodolfo Walsh a la Junta Militar, entre otras. En el Festival de Invierno de Cinemateca, que comenzó ayer, se presenta su último trabajo, «Juan Gelman y otras cuestiones», un documental que fue producido para TeveUnam, la cadena de televisión dependiente de la Universidad Autónoma de México. Es un retrato humano y político de Gelman, estructurado en base a entrevistas y material de archivo, ofreciendo en los casi 90 minutos de duración una mirada profunda y singular de la historia argentina del siglo XX.

«Esta es una historia que empezó hace mucho tiempo, con Juan -explica Jorge Denti, pausadamente-, con la idea de hacer una película de un concierto que hacía Juan con César Stroscio, quien es un gran bandoneonista argentino que fue del Grupo Cedrón, que se fue a París en la época de la dictadura… Entonces Juan, que era parte de esa banda cuando vivía en el Río de la Plata, recitaba sus poemas y César le ponía música. Hay una cantidad de discos de aquella época de los años 60 y 70, con esa connotación». Denti recuerda que «años después en el exilio, ellos se juntaron e hicieron  sin Cedrón-, algo nuevo, lo armaron en París y se hizo una vez en Europa, pero nunca en el Río de la Plata. Quisimos hacerlo pero no se pudo, a raíz de una circunstancia familiar que vivió Juan. Años después se hace en México. Era un recital que se llamaba ‘El ruiseñor otra vez’, un poco tratando se sonreír a la tragedia». Cuenta el cineasta que «a partir de eso traté de pedir permiso para hacer la historia de Gelman. Te digo esto porque es un proyecto que tiene años, con Gelman no es fácil hacer películas… (ríe). Es un extraordinario poeta al que no le gustan las cámaras. Las cámaras a veces le gustan en la guerra, pero en la paz no… Costó; él dice que yo soy un testarudo, que lo he acorralado varias veces y bueno, al final lo hizo y está contento con el resultado».

 

–¿Cuánto tiempo insumió el rodaje?

–Son cinco o seis entrevistas básicas que se dieron a lo largo de años y también tuve un programa de televisión con él que me ayudó a despuntar otros temas que eran tabúes. La película no trata de ninguna forma el drama de Gelman.

 

–Sólo tangencialmente…

–Sí, sólo «pasa» por ahí, nada más. Es la obra, quién es Gelman, quiénes son sus padres, su familia, es como una biografía de Gelman, aunque con una referencia constante a la política.

 

–¿Abarca toda la obra de Juan, desde la época de «La rosa blindada» y «El pan duro»?

–Todo. Bueno, en 88 minutos no se puede abarcar una obra demasiado grande… Es la poesía; realmente me jugué a una historia, respeto mucho los cuentos pero yo hago imagen. En el cine documental lo importante es la imagen y no siempre es posible que camine junto con la palabra. Es un gran desafío. Aparte hay que respetar la palabra y el sentido de lo que es la poesía, y la de Gelman tú sabes que no es una poesía lineal, tiene otras connotaciones, demasiado vuelo y profundidad como para transmitirla tan fácil en la imagen, pero le busqué la forma de hacerla. Respeto la palabra, quien interviene en 80 minutos es él, hay puentes, pero esos puentes son con poesía o textos de él mismo, o con apuntes sobre la historia de las intervenciones.

 

–Es muy rica y llamativa toda la peripecia existencial del poeta.

–Sí, te cuento algo, Gelman nace el 3 de mayo de 1930. A los 126 días más o menos se da un golpe de Estado en Argentina, el primero que se dio en la década del treinta. Eso marca en cierta forma la vida de Gelman, siempre el intento de los militares de golpear, el poder civil, el poder de la democracia, ya sea de los peronistas o de los radicales, quien sea… Los militares están ahí golpeando y jodiendo la vida al pueblo argentino y a los de alrededor, eternamente. Eso sí es una constante, como una ubicación en la historia.

 

–Y una constante en la vida de Juan…

–Sí, es una constante en la vida de él y en la de todos nosotros. Es una narrativa para acompañarle, para darle un marco a la gente, de este señor Gelman que recorrió, se la jugó, fue de la Juventud Comunista, después fue comunista, se fue de los comunistas. Trabajó con los chinos en la agencia de noticias, viajó muchas veces a Cuba, escribió poemas al Ché, a Fidel. Después de eso, llega a la Argentina y es uno de los fundadores de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), termina aliándose con los Montoneros, luego rompe con ellos y al fin declara que ya no participa más en política. Eso fue después de la dictadura; abandonó, no porque estuviese desilusionado con la política sino tal vez creo que porque los partidos son muy chiquitos y mediocres, por lo menos los de Argentina.

 

–¿Estás satisfecho con el resultado?

–Creo que sí. «Juan y otras cuestiones» es el testimonio único de un hombre que ha hecho de la palabra una forma de acción. Es la mirada al mundo de Juan Gelman, un acercamiento al escritor, a su vida, a sus vicisitudes, a su obra.

 

–¿Dónde se hizo la producción?

–Se realizó en Argentina y en Francia. Tiene pedacitos en Nicaragua y fundamentalmente en México; se posprodujo y terminó en México. Tiene música de César Stroscio y de un joven roquero que se llama Federico Bonasso, hijo del escritor Bonasso.

 

–¿Te defines como documentalista?

–Sí, pero soy cineasta, no me gusta que me encasillen en nada, tampoco en el cine. Porque hice cine y trabajé en la televisión europea, fui diez años director de producción de un canal de vanguardia en México.

 

–¿Algún referente?

–Hay tres personas que me marcan. Joris Ivens en el documental, Federico Fellini en la ficción y Roberto Rosellini con su extraordinario realismo. Te podría enumerar muchísimos, Glouber Rocha en América Latina, el gran talento, el gran perfil del cine latinoamericano; y gran creador. Siempre quise mucho a Santiago Alvarez, documentalista cubano audaz que tomó el cine con esa picardía y ese humor. Tomás Gutiérrez Alea, que fue un gran maestro… Respeto y quiero mucho a Raimundo Gleiser, de quien fui compañero, secuestrado, desaparecido y muerto durante la dictadura. Bueno, tengo una lista innumerable de cineastas que respeto y quiero, y sobre todo los jóvenes, porque ahora hay una camada con gran talento. Es extraordinaria la fuerza que tiene este continente para este ejército de creadores jóvenes; como no hay política, los estados no tienen política y no ven la necesidad que tienen del cine y la importancia que este posee. El cine primero que nada trae la afirmación de la identidad, y a través de esto vienen los inversores en las diferentes áreas.

 

–¿Qué proyectos tienes en la «carpeta»?

–Lo que tengo en la carpeta es caminar por América Latina otra vez. Este es un momento extraordinario, difícil pero extraordinario… hay que esperar las elecciones del próximo domingo (por hoy) en México. *

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