Cafetín de antaño
Y con tanta presencia de Gardel en estos días, la memoria se puso tanguera. A pura pasión por el ritmo canyengue llegan postales del Montevideo del ayer. Surge la imagen de un bastión del tango que hizo capote allá por fines de los años 60. ¡Qué veterano no recuerda aquel «Cafetín de Antaño»! En la tradicional esquina de Yaguarón e Isla de Flores todos los fines de semana los amantes del dos por cuatro tenían una cita obligada.
Adornado cálidamente con motivos y cuadros que ilustraban imágenes del arrabal, en ese cafetín se respiraba tango. Le dabas al Espinillar que estaba de moda y las musas del lunfardo se acercaban cariñosas. Varios eran los artistas que desfilaban ante un público cumplidor que los viernes llenaba el local.
El Potrillo César Zagnoli y su trío le daban a las milongas. Al sonar el bandoneón irrepetible del querido Toto D’Amario junto a Héctor Urtazú todos los duendes compadritos llegaban a ese rincón del barrio Palermo. En sus mesas encontrabas personajes entrañables del Montevideo tanguero.
Como el popular Pintín Castellanos que cada tanto llegaba a saludar a sus amigos y admiradores. Por esos días de finales de 1969 estaba cumpliendo nada menos que 50 años de compositor y en el Cafetín de Antaño todos lo saludaban en la noche del festejo.
Muy bien engominado, con un traje impecable y con bastón Pintín agradecía emocionado pero sin perder su atildada compostura. Los aplausos atronaron cuando se sentó al piano para interpretar su mítica milonga «La Puñalada». Otro que también venía al Cafetín era Alberto Mastra y su inseparable guitarra. Un enorme silencio para escucharlo cantar «Bonjour mamá», que enternecedor entonaba mientras acariciaba las cuerdas de la viola.
Los comentaristas de tango Avlis, pionero en proclamar el origen oriental de Gardel, y la exquisita Lilián fueron también habitués a ese fraternal rincón de la noche montevideana. Cuando llegó al Uruguay el poeta Héctor Gagliardi para cumplir un ciclo de programas en Radio Carve muy pronto fue captado por el magnetismo de ese baluarte tanguero.
Una noche, Gagliardi que venía de un agasajo en la cantina del club Las Bóvedas, en la Ciudad Vieja, llegó al Cafetín rodeado de amigos y al rato ya estaba recitando con su voz tan varonil unos versos dedicados al barrio Guruyú. Figuras de la radiotelefonía que amaban al tango nunca se olvidaban de visitar al Cafetín. Por eso, no extrañaba ver en una mesa de preferencia a la pareja protagónica del radioteatro «La Chimba», Chelita Linares y Rómulo Boni. Otro que se acercaba al Cafetín era Miguel Angel Manzi que tenía en Montecarlo un programa pionero llamado «Sábados de Tango».
Cuentan que una mágica noche llegó de visita Julio Sosa que venía de hacer una actuación en Saeta y a todos iluminó con su sonrisa bonachona de «humilde muchacho de Las Piedras», como cariñosamente le decía Lilián. Cafetín de Antaño, un recuerdo tanguero que llega para entibiarnos desde la callecita Isla de Flores. Con más añoranzas y música los esperamos en la 1410 AM LIBRE. *
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