¿Hasta cuándo seguiremos omisos con la protección de la fauna ictícola?

La pesca furtiva y depredatoria en ríos y arroyos no encuentra freno

Hace más de un año, una crónica recogida por LA REPUBLICA desde San José, por la corresponsal Mariana Rabinovich, informaba la denuncia de un edil de aquel departamento, sobre la actividad depredatoria de supuestos pescadores «artesanales» en el río San José y en las costas del departamento sobre el Río de la Plata.

Igual análisis periodístico puede trasladarse casi puntualmente a cualquier punto del país, en sus ríos o arroyos, donde estos pescadores, usando todo tipo de artes absolutamente prohibidas, están verdaderamente «colando» nuestros cursos de agua, arrasando con cualquiera que sea la especie ictícola que los habite.

Cada vez resulta una aventura más difícil, la otrora habitual excursión de fin de semana a pescar en algún arroyito, algún que otro bagre o tararira, ni qué hablar de dorados. Hoy en algunos cursos, ni mojarras quedan. Amparados en una fachada de artesanales y de pescar para la venta al menudeo, aquellos pescadores denunciados, resultan ser verdaderos secuaces -y por pocos pesos-, de grandes empresas por lo general con asiento en Montevideo.

Estas empresas fletan camiones refrigerados a diferentes partes del país donde se concentra alternativamente la captura y la trasladan a la capital, en donde se selecciona, se clasifica, se pone a la venta una mínima parte del total recibido, apenas como pantalla o para cubrir «la diaria» y el resto se traslada a las fábricas de alimentos para animales o de harinas de pescado, particularmente a territorio brasileño. Para ello, todo sirve, sin importar especie ni tamaño.

 

Una práctica de larga data

Esta resultó una de las tantas materias pendientes de los gobiernos anteriores, por descuido o por connivencia. No obstante nada hasta el momento se ha anunciado formalmente como medida para contrarrestar esta situación, aún cuando, nobleza obliga reconocer, algunas declaraciones al respecto se han formulado desde los ministerios de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente y de Ganadería, Agricultura y Pesca.

Hoy cuando la defensa del medio ambiente se ve casi exclusivamente concentrada en el tema de las fábricas de pasta de celulosa y si contaminan o no y cuál será la mejor forma de controlarlo, bueno sería no olvidar este gravísimo atentado no sólo al ambiente sino a la soberanía, ya que muchas de estas empresas responden a intereses internacionales; incluso muchos de sus empleados ni siquiera son uruguayos.

Es de esperar que las autoridades tomen debida cuenta de este crimen contra natura y se ensayen los recaudos pertinentes. No es tarea fácil y en ella tiene que comprometerse todo el gobierno, a través de una coordinación de eficaz vigilancia y actualización del código de penas, donde deberán estar integrados además de los ministerios mencionados, los de Interior, de Turismo y el Parlamento. Pese a reconocer las dificultades, la actuación gubernamental debe ser urgente, porque a este ritmo, poco nos quedará a muy corto plazo para defender y si no, que lo digan los miles de fanáticos de la pesca, entre ellos nuestro primer mandatario.

No obstante, más allá de la defensa de los pescadores turísticos, este planteo procura orientarse en salvaguarda de nuestra riqueza ambiental, en absoluto riesgo, además de ser fuente de recursos genuinos para mucha gente, que efectivamente pesca, para vivir de la honesta comercialización del fruto de su trabajo y quienes lo hacen para comer.

Una fuerte presencia de brigadas afectadas a la vigilancia y represión de las actividades ilícitas en nuestros cursos de agua y en las costas del Río de la Plata, dotados de los medios y suficiente personal idóneo para el cumplimiento correcto de esta función vital sumado a una legislación acorde, son absolutamente imprescindibles. Para ello, antes que nada, es necesaria una vocación real y manifiesta de encarar esta lucha por parte de las autoridades, de la que no dudamos. No obstante, bueno sería alguna señal indicativa de esta orientación. No solamente para quienes sustentamos esta postura, sino para aquellos a los que las reglamentaciones y la defensa del bienestar del pueblo todo, son solamente parámetros, para medir la riqueza que se amase en su transgresión.

 

Contaminación

Esta denuncia no debe hacernos olvidar que mucho del vaciamiento de vida en nuestros arroyos y ríos se debe a la cada vez más importante contaminación, por el uso indiscriminado de plaguicidas y diferentes sustancias químicas que «favorecen» en forma antinatural e irresponsable, los plantíos linderos a los diferentes cursos de agua. Aquí también hay una materia pendiente que habrá que atacar sin piquetes ni cortes de ruta, pero con decisión y sin concesiones. *

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