A hojear el libro
Se ha dicho que en Uruguay reina el «talenteo»: las personas con responsabilidades públicas tienen una buena formación pero el hábito hace que jueguen «de taquito». Una exageración. Pero a veces pasa. Y pasa, entre otras causas, porque se lee poco.
«Usted lea siempre», me dijo hace décadas un viejo maestro de periodismo. «No confíe en la memoria y consulte los textos, empezando por el diccionario».
Si hablamos de representaciones del Estado, hay un libro de referencia impar. Es el que reúne a la Constitución y a las leyes que ayudan a interpretarla. Sería bueno que, cada tanto, quienes representan a esos poderes lo hojeasen para recordar lo esencial.
Viene a cuento, ahora que sabemos qué pasó con el procedimiento judicial en el caso de Dancotex. Las investigaciones periodísticas y los testimonios dejan claro que el presidente de la Suprema Corte, Hipólito Rodríguez Caorsi, y la jueza Corrales incurrieron en errores: ni Rodríguez Caorsi debió trasladar a la titular de la sede preocupación alguna de un miembro del Poder Ejecutivo, ni la jueza debió permitir que ese comentario influyera en una decisión jurisdiccional (el cumplimiento de una orden fundada de su juzgado).
Cuando un miembro del Poder Judicial, así sea el presidente de la Corte, se aparta, por poco que fuere y más allá de su intención constructiva, del dogma que garantiza la independencia de los magistrados, habrá sombras y no luz. Claro que un juez se puede equivocar. Pero antes del fallo sólo debe oír a su conciencia; después, el propio sistema judicial abre instancias procesales y administrativas para corregir lo que hubiere que corregir.
Ojalá esta peripecia haya calado en sus protagonistas. Ellos están para ser vistos, si respetan la Constitución y las leyes, como modelos de conducta a imitar.
Que no les ocurra como al pobre Pascual Duarte, personaje de quien Cela hasta hizo decir al imaginado transcriptor de sus memorias: -¿Ves lo que hace? Pues hace lo contrario de lo que debiera. *
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