Impronta
Esto lo aprendí del inolvidable Rodolfo Tálice.
El comportamiento adquirido resulta de la acción de estímulos externos durante ciertos períodos del ciclo vital individual, llamados críticos o sensibles. Lo que no se adquiere durante los períodos críticos, no se adquiere más. El comportamiento adquirido más relevante es conocido como impronta.
Pues bien, gracias a este conocimiento, desplegado en síntesis, podemos ahora dar más certeza al juicio sobre el comportamiento del señor K.
Primera actitud del señor K: lanzar un mensaje conciliador, canchero, a los uruguayos; algo así como «quiero acordar ya, no esperemos más», tal vez impelido por el temor de perder el juicio de La Haya.
Segunda actitud del señor K: plantear el conflicto de las papeleras en pleno Congreso español y jugarse a un ablande de los directores de ENCE, a los que ¡vaya casualidad¡ tuvo a mano; ambas cosas las hizo aduciendo poseer la razón y con su estilo de «mirá que sigo en la mía, pero no soy malo y podemos arreglar».
¿Cómo se explica tamaña incongruencia? Ni razonando como un prehomínido. ¿Cómo se pega la primera actitud con la segunda? Ni con cola.
Pero no lo culpemos. Todo está en su impronta.
Tálice decía que la impronta -o el comportamiento adquirido- resulta casi siempre de estímulos visuales. Bien. El señor K, durante ciertos períodos críticos de su ciclo vital, habría visto alrededor cosas conmovedoras: en su juventud, a Cristina, mujer bella y ambiciosa, que enseguida aprendió a manipularlo; en su madurez, a una provincia que podía manejar a su arbitrio y en su absoluto beneficio; más recientemente, a un Duhalde ingenuo y obcecado a través del cual llegó a lo que no debió llegar jamás; y hoy, a una reelección que le exige ciertos pagos a socios necesarios.
La impronta del señor K nos puede cocinar a fuego lento. Ya lo dijo Yanuzzi: no nos comamos la pastilla.
Ah, me olvidaba. Tálice, cuando dijo lo que transcribí, estaba hablando, en realidad, de animales. ¿Importa demasiado? *
Compartí tu opinión con toda la comunidad