Prohibido para nostalgicos

El Mago

La tarde fría y gris lentamente caía oscureciendo temprano la ciudad. Ese lunes 24 de junio del 35 trajo escondido el inmenso dolor colectivo. Cuentan que la noticia llegó primero a los radioaficionados que charlaban con colegas colombianos. De golpe, fue un clamor que inundó aquel Montevideo. «En Medellín se incendió el avión y murió Gardel», repetían radio El Aguila, La Edinson y Carve. Ya con la noche cubriendo los barrios, la sirena de El Día largó su metálico alarido. En esa fecha de San Juan, los vecinos no hablaban de otra cosa. «Se piantó Carlitos», comenzó diciendo el Loro Collazo en su programa de las 8 de la noche en la CX32 y todos recordamos el metejón que tenía El Mago con la troupe Ateniense a la que nunca se cansaba de elogiar. Y comenzó una cabalgata de recuerdos sobre sus últimas actuaciones montevideanas.

Fue un par de años atrás, allá por octubre del 33, cuando El Invicto sin nadie imaginarlo se estaba despidiendo del Uruguay.

Cuando se presentó con sus guitarristas en el Teatro 18 de Julio, a pesar de lo caro de las entradas el público colmó las instalaciones. Pero un montón se quedaron con las ganas de ver de cerca a su ídolo. Por eso, al día siguiente, cuando se anunció que actuaría en la fonoplatea de Carve, una multitud se conglomeró en pleno centro por «18» en esquina con el London París y frente a la coqueta plaza. El tránsito cortado y ¡bruto lío con los tranvías!

Adentro de la Carve, solo tuvieron acceso unas pocas personas y la puerta estaba llena de guardiaciviles. Los pocos privilegiados espectadores de la actuación de Gardel fueron los dueños de la emisora, los dos Fontaina, al lado de Farrel y De Feo. También estaban especialmente invitados, a pedido de Carlitos, varios integrantes de la troupe Ateniense. Y controlando todo e incansable ahí estaba el popularísimo Perico su representante para todo el Uruguay. Fue una de las trasmisiones récord de audiencia en aquella pionera radiotelefonía. Para la multitud que aguardaba en la calle se pusieron parlantes colgando de un balcón.

En esa su última visita no faltaron sus reconocidos gestos humanitarios. En aquel octubre del 33 se presentó ante los enfermos del Hospital Fermín Ferreira alegrándolos con sus tangos. Cuenta la tradición oral que para hacer esa desinteresada actuación en el Hospital, El Mago rechazó una invitación en el aristocrático Club Uruguay que le ofrecía una jugosa remuneración.

Los vecinos de la Unión también recordaron las últimas actuaciones en la Villa. Y compartían recuerdos de cuando lo habían visto, siendo aún muy joven, en el tablado El Paraíso, cantando a dúo con Néstor Feria. Y también en los boliches de la Unión, esa noche del 24 de junio, todos hablaban de haberlo visto cantar en el Empire Theatre, luego el popular cine Gluskman.

Ni te cuento como pintó la cosa la mañana siguiente en los fondos del mercado de la Ciudadela, por las mesas de Fun Fun donde Gardel había cantado varias veces a pura «capella».

¡Qué dique se daban los afortunados que lo habían escuchado cantar en el lujoso Royal, al costado del Solís!

Con más recuerdos y música del ayer los esperamos en la 1410 AM LIBRE.

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