Uno por mil de la sociedad uruguaya practica esta forma de sexualidad

Avanza sexo tántrico en Uruguay, modalidad que prioriza orgasmo femenino

¿Es posible que el 1 por mil de los uruguayos practique el sexo tántrico? Así lo afirman al menos, algunos de los seguidores del Tantra, base del milenario taoísmo hindú, practicantes en nuestro medio. Más aún distintos centros de culto a las disciplinas orientales, consultados por LA REPUBLICA, coincidieron en que, efectivamente, hay una mayor inquietud y consulta con referencia al sexo tántrico. «Se trata por lo general de gente de mediana edad, estresada por distintos factores, que busca mejorar su rendimiento sexual», indicaron fuentes vinculadas.

Si bien en Uruguay, la información disponible habla apenas de un centro en fase de apertura, con miras a la difusión del Taoísmo y el sexo tántrico, en Buenos Aires funcionan varios. Aunque los cálculos sobre el número de cultores de estas disciplinas en nuestro país son aventurados, su expansión entre los aproximadamente 15.000 adeptos, en uno u otro grado, a temáticas de Oriente en Uruguay, avala la hipótesis del 1 por mil.

Ahora bien, ¿de qué hablamos cuando referimos al sexo tántrico?

Con el surgimiento de la filosofía taoísta, en la China de hace unos 14.000 años aparece, como parte de la visión de las artes en aquella parte del mundo, el aprendizaje de técnicas para desarrollar particularmente el arte del coito. Su base esencial son aquellas técnicas que habilitan al hombre a prolongar el coito el mayor tiempo posible, abriendo a una segunda fase de creación versátil.

El Tantra (término sánscrito que significa tejido, entramado, en una acepción de entramado entre el cuerpo y la mente, lo trascendente y lo inmanente), es en esencia, un sistema de técnicas que permite formas de conocimiento más elevado que el cotidiano. Quien practica el Tantra «es como el domador que controla sus leones, el tántrico controla sus pasiones. Pero como el domador no mata ni anestesia sus leones, el tántrico no elimina ni atrofia sus pasiones», dice el Bhagavad Guita uno de los más antiguos textos que guía a los adeptos. El Tantra es una filosofía que emplea el yoga y la meditación como herramientas, así como técnicas respiratorias unidas al movimiento, incluso en forma de danza apuntando a una purificación sicosomática. Esta purificación deviene en un poder sicoespiritual particular, donde la positividad de lo físico cobra vital importancia.

Aunque distinta perspectiva occidental ha dado al sexo tántrico una visión casi libertina, originalmente el Tantra considera el cuerpo humano como plataforma para la iluminación en cualquiera de sus actuaciones. La mayoría de las escuelas tántricas consideran incluso el autodominio en materia sexual como una de las virtudes más destacadas.

La reivindicación del erotismo tiene una visión sanitaria primigenia, en tanto los defensores del sexo tántrico, aseguran que mejora dolencias que van de las enfermedades reumáticas a otras óseas y articulares, hipertensión, tiroidismo, deficiencias circulatorias e incluso debilidades de diferentes orígenes.

Todo ello causó en la última década fuerte impresión en los países desarrollados, llegando a nuestras costas con retraso considerable. Su inserción, en un país donde casi la mitad de las mujeres es anorgásmica o lo ha sido durante algún período de su vida por causa ajenas a su condición, abre campo fértil a esta concepción india.

 

La tapa del libro

La evidencia muestra que a Occidente, del taoísmo le importa (con excepciones claro está), más que cualquier otra cosa, la mejora posible de la vida sexual. El taoísmo parte de la base de que el hombre es «naturalmente» un eyaculador precoz, y que la mejor forma de disfrutar y meta imprescindible consiste en lograr que el placer sea mutuo. Aunque no necesariamente simultáneo.

En tanto tiene atributos eminentemente religiosos, el sexo debe ser adoptado en toda su duración como una ceremonia. La preparación interna con tiempo y en forma del acto es tan imprescindible, como la compenetración íntima hacia la pareja en cuestión, lo que da por tierra con muchas prácticas múltiples u orgiásticas con que algunos occidentales interpretan el Tao.

El erotismo taoísta está fuera de simples caricias e implica manifestaciones con cada uno de los sentidos hacia y desde la pareja. Esencias, masajes corporales, sabores, la construcción misma del ámbito templario, dónde se practicará el encuentro sexual, son fundamentales en este aprendizaje.

El hombre deberá aprender las técnicas relajatorias de alguna de las formas del yoga «kundalini», basadas en la respiración, focalizadas directamente en el retraso de la eyaculación masculina. También deberá desarrollar su musculatura de la zona pélvica, mejorando su erección. Otro tanto es la opresión manual de puntos específicos situados entre el ano y el escroto. Toda esta fase de aprendizaje para demorar el orgasmo es imprescindible, en tanto el sexo tántrico debe ser practicado en forma consecuente, como forma de enriquecimiento de la pareja.

El formato alcanza al poscoito, donde algunos comportamientos se hacen necesarios como confortación en un momento de extrema sensibilidad.

En cuanto a las mujeres también deben asumir su trabajo de fortalecimiento muscular (básicamente del músculo pubococcígeo), cuya tensión y distensión acompasada mejora la calidad de sensaciones en ambos participantes. El autoconocimiento físico es considerado imprescindible, en tanto es rol de la mujer orientar adecuadamente su cuerpo para mejor amoldar el miembro masculino a los requerimientos de cada postura.

En cuanto a las posturas, los tántricos deben estudiar detenidamente las variedades presentadas en el Kamasutra y sus derivadas, en tanto la duración que se puede alcanzar para un coito (como media se superan las tres horas, los avanzados alcanzan las siete horas), habilita a un gran abanico. *

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