Pacto social
Permítame el lector la licencia de volver a una conocida obra literaria española.
Don Leonardo acostumbra arrimarse a mesas donde alguien fuma tabaco rubio. Y dice: -¿Me da usted papel de fumar?-. Y casi siempre le contestan, porque le conocen y saben que él paga unas copitas: -No, no gasto, pero si quiere usted un pitillo hecho-. Y don Leonardo responde: -Bueno, fumaremos rubio por variar-.
Eso, si más allá de su sencillez (y de la literatura) uno le toma el gustito profundo que tiene, es una suerte de pacto social. Cotidiano, activo y pragmático.
Pues que se esfuerce por instalar el Consejo de Economía Nacional para impulsar un pacto social es lo que, precisamente, ha reclamado del gobierno la Confederación Empresarial del Uruguay (CEDU), que agrupa a siete mil empresarios del Interior. Su idea es que ese pacto social impida desbordes que comprometan la democracia y obligue a trabajadores y patrones a recorrer caminos civilizados para resolver las crisis y los disensos. En el horizonte, obvio, sobrevuela el caso Dancotex, su estancamiento y sus eventuales y no deseables consecuencias dañosas.
Dice la CEDU, con una lógica quizás debatible pero no irresponsable, que si las máquinas salen de Dancotex trescientos trabajadores quedarán desocupados en Montevideo, pero en Colonia, que tiene su propia desesperación, habrá alrededor de quinientos empleos nuevos. A su juicio, ese pacto, que podría darse en el contexto del Consejo de Economía Nacional, si se instala, evitaría semejante disyuntiva y alentaría el trazado de políticas de Estado a nivel laboral.
O sea, es una convocatoria a que se haga la luz, a que se imponga el sentido común y a que se aleje la incomprensión.
Algo que, a fin de cuentas, impida que a trabajadores y empresarios les ocurra lo que a Ortega y Gasset, el hombre que dedicó su vida a comprender, pero que, cuando tomó conciencia de que se estaba muriendo, llamó a su mujer y le dijo, angustiado:
-No te vayas, que ahora sí no entiendo nada. *
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