Galimberti recibió las llaves de la ciudad de San José

El intendente maragato Juan Chiruchi le entregó la llave de la ciudad, en el Teatro Macció repleto de gente, a quien durante 22 años fuera obispo de San José, ciudadano comprometido, ser humano valorado por la mayoría de sus pares josefinos y no sólo por los de la comunidad católica. En la ceremonia, junto a cientos de vecinos, autoridades, representantes sociales, políticos, y el intendente de Flores, Armando Castaingdebat, se destacó la presencia del nuncio apostólico, representante del Vaticano en nuestro país, Janus Bolonek. Si algo no hizo Pablo Galimberti, fue encerrarse a rezar entre las vastas paredes de la Iglesia que se yergue al centro de la capital maragata. Galimberti anda por la calle y participa de todos los eventos con peso social, como cualquiera a quien le importe participar. Si no fuera por su sotana, alguien que no le conozca físicamente, puede confundirlo con un dirigente gremial o un conductor político. Sin agredir ni manifestarse políticamente inclinado hacia algún lado, de todos modos tiene gestos y actitudes bien definidas en relación a los hechos en sí. Toma partido y está de cuerpo presente, allí donde lo convocan. Una de las imágenes más claras y fuertes que me ha quedado como periodista, de su pasaje por estas tierras, ocurrió un día de invierno, en medio de un diluvio y un frío de los helados, cuando San José marchaba reclamando para que en el hospital se construyera un CTI. Los manifestantes iban por las calles ensopados, aplaudiendo y portando pancartas que denunciaban y peleaban una vez más, contra la postura empecinadamente negativa de los sucesivos gobiernos y ministerios de salud. Allí, codo a codo con gobernantes, representantes, actores sociales, gremiales, trabajadores, jubilados, empleados, estaba el obispo. Ensopado también, aplaudía desde la primera fila de la manifestación. Sin embargo, a nadie se le puede ocurrir considerarlo un «cura revoltoso», por el contrario, siempre mantuvo una postura rotunda en defensa de valores tradicionales como los de la familia, el matrimonio, el no aborto, el no casamiento entre homosexuales.

 

Animar, apoyar, dirigir

Sin ser contradictorio ni amilanarse, Galimberti defendía en la misma entrevista los valores que el periodista le endosaba como los más reaccionarios del Vaticano y los derechos humanos perdidos en la dictadura, a la que condenaba.

Un periodista cuenta: «Nos conocimos cuando usted (Galimberti), recién llegaba a San José y había un acto de homenaje a Michelini, en la esquina de Larrañaga y Colón. Escuchamos un discurso grabado de Zelmar Michelini (…) Confieso que me llamó la atención que estuviera usted allí. Era un gesto significativo en aquel momento. (…) Yo le pregunté qué le parecía el discurso que habíamos escuchado y usted me contestó ‘por algo lo mataron’.» Acerca de su participación directa en el proceso de recuperación de la vigencia de los derechos humanos, ha dicho: Es una «clave de lectura de mi pasaje en estos 22 años. Por un lado, obviamente mi tarea específica como obispo hacia la comunidad católica en primer lugar, al animar, alentar, apoyar y dirigir. Pero indudablemente que hay otra dimensión tan importante, que es la vinculación con situaciones, realidades de la cultura, de la sociedad, de la vida, de la política y de los momentos que esa historia reciente del país ha vivido y ha atravesado». Se trata de recuperar esos derechos «olvidados, negados, marginados o excluidos, tratando que esa temática o esa realidad sean punto de encuentro, más allá de las creencias con vecinos y ciudadanos de un mismo departamento», consideró Galimberti.

«Viéndolo así, una despedida es una manera de ver todo lo que se ha hecho, pero al mismo tiempo, debo ser sincero y decir, todo lo que aún falta por hacer». El obispo llegó a San José en el año 84 y mucha agua ha corrido bajo tantos puentes. Recuerda: «El restablecimiento de la democracia, progresivamente se fueron explicitando derechos, conquistas, cambios de gobiernos muy significativos, como este último; y bueno, siempre estamos escarbando, ahondando, y creando nuevas utopías también. Porque la vida humana es memoria, es presente y es también proyecto. Así que es lindo que reconozcamos que queda un largo trecho por andar y que lo importante es caminar, no detenernos, no quedarnos en la nostalgia, sino reelaborar constantemente nuestras metas, nuestras lealtades, nuestras creencias y nuestras utopías, que las vamos conquistando, pero al mismo tiempo, si no nos preocupamos de mantenerlas vigentes, se nos desmoronan». *

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