Cumplió un año la Cooperativa "Juan Cacharpa"

Trabajan duro y sueñan con dignificar la tarea del clasificador de residuos

La Cooperativa de Clasificadores «Juan Cacharpa» -aún en formación-, nació por iniciativa de algunos miembros del asentamiento, «cuando a causa de un incendio que dejó sin vivienda a dos de nuestros compañeros de trabajo de la cantera estábamos construyendo junto a ellos su nueva vivienda, que como la de todos nosotros es en un asentamiento precario de la Cruz de Carrasco y construida de madera, cartón, chapa y plástico o nylón. En ese momento pensamos que si podíamos reunirnos para solidarizarnos en situaciones de emergencia también lo podíamos hacer para mejorar los ingresos económicos a nuestros hogares, de igual manera que lo hacen muchos ‘catadores’ (clasificadores de residuos) en Brasil, los que vimos cuando fuimos invitados a visitarlos -en los años 2002 y 2004- por el Movimiento Nacional de Clasificadores de Materiales Reciclables (MNCR) de Brasil», contó a LA REPUBLICA Eduardo Pérez, integrante de la cooperativa.

En Uruguay existen otras tres cooperativas de clasificadores. «Cacharpa» es de reciente creación y aún lucha por sentar bases firmes, ya que inició con 14 miembros y actualmente son cinco. A finales del año pasado lograron construir un galpón de acopio de lo clasificado, que luego de tres meses de reclutamiento se vende a un intermediario. La cooperativa obtiene por día 15 K de papel blanco ($ 60), 7 K nylón ($ 2), y entre 4 y 5 K de botella PET ($2). «Por el momento no nos da para vivir, por eso hacemos otros trabajos para complementar. La idea es que podamos dignificar la tarea. Esperamos un efecto multiplicador de la preclasificación de los residuos por parte de la comunidad al momento de tirarlos» afirmaron Pérez y Marcelo Molina, otro miembro del colectivo.

 

Algo más que una cooperativa

Uno de los objetivos de la cooperativa es «mejorar nuestros ingresos, eliminando los intermediarios, quienes lucran con nuestro trabajo, evitando así el individualismo provocado por la competencia y dignificando nuestro trabajo. Asimismo, buscamos promover la educación y capacitación involucrando a la población en conductas que modifiquen sus hábitos en la manera en que deshecha los residuos, preclasificándoles de forma apropiada para su posterior clasificación de los materiales reciclables. Así como también nuestra formación aprendiendo a leer y a escribir, capacitándonos en las áreas donde se requiera, ya que por las condiciones socio económicas, algunos no pudimos acceder a la educación básica».

También apuntan a disminuir el trabajo infantil en esa tarea «y otras actividades en las que utilizan mano de obra infantil, hasta su extinción». Aspiran mejorar las condiciones sanitarias y de seguridad en el trabajo de la clasificación. Los socios depositan una cuota de $ 100 mensuales, de los cuales un 20% es destinado a situaciones de emergencia en la salud; ya que promover la prevención y la atención en salud de los cooperativistas es otro objetivo secundario de la misma.

«Promover también el apoyo mútuo para lograr obtener nuestros derechos perdidos y muchas veces desconocidos como la recreación, la alimentación, la vivienda, la salud, la educación, entre otros -expresan-, buscamos además, ser reconocidos por el gobierno y la sociedad como actores ecológicos ya que mediante la clasificación y el reciclaje de los desperdicios que la sociedad desecha y termina en arroyos, terrenos baldíos, calles y veredas, o directamente en entierros sanitarios, son recogidos por nosotros y devueltos a la cadena productiva proporcionando así beneficios económicos y ambientales a la sociedad».

Jorge Meoni, misionero laico que está apoyando a la cooperativa desde su inicio, señaló que «se rescata del grupo la apertura al aprendizaje y la predisposición al trabajo en equipo». *

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