"No tenemos política de ahorro como se hace en todo el mundo"

Crisis energética

Estamos constatando una vez más la temible ausencia de estrategia en materia tan vital como la energía. Su falta es el más grave talón de Aquiles para cualquier proyecto de «Uruguay Productivo» y para cualquier «Guerra Contra la Pobreza». Si estando como estamos (en plena crisis) la demanda ha venido creciendo en torno a un 3% anual, fácil es imaginar qué puede pasar si, intentando cumplir el Programa del Gobierno, Uruguay se pone en marcha: no habrá energía (ya no la hay ni para prender la luz de casa en invierno).

Podríamos detenernos y hasta regodearnos morbosamente en señalar la horrible culpa de sucesivos y multicolores gobiernos anteriores que condujeron previsiblemente a este desastre. Es un cuento de realismo fantástico de terror.

Baste por hoy, como viñeta, recomendar al lector que visite (por ejemplo el Día del Patrimonio) las sedes respectivas del Ministerio de Industria, Energía y Minería y las de UTE, Ancap y Antel. Y compare…

La primera, la del organismo que «manda», es una triste esquina de la Ciudad Vieja, medio destartalada, que fuera memorable quilombo de bien ganado prestigio rioplatense en lejanas épocas de vacas gordas.

A pocas cuadras yerguen sus imponentes estructuras la Torre de ANTEL (el «monumento a la estupidez» según Jorge Batlle), el Palacio de la Luz y el edificio central de ANCAP.

Basta con ello para conocer la historia de una rara subversión criolla. Y temer sus consecuencias…

Es más: La Dirección Nacional de Energía del citado Ministerio, es decir el «Cerebro Nacional» en tan vital materia contaba y cuenta con, óigase bien, siete funcionarios, dos de ellos «de confianza política» y cinco de plantilla permanente pero además en régimen de media jornada. ¡Cómo para tener estrategia!

Es decir: estaba y está desierta. Mejor dicho: como algunas famosas zonas de África y China fue desertificada por la acción del hombre. Un problema ecológico.

El «Cerebro» carece de neuronas porque las que brindan siete cráneos, por mas brillantes que sean, son harto insuficientes. Lo poco que esos pocos pueden hacer es heroico siempre.

Mientras tanto, en los otros tres edificios pululan ingenieros desempeñando incluso tareas que nada tienen que ver con la ingeniería.

Como si ya desde la escuela y al entrar en Facultad, estudiaran para ingenieros de UTE, Ancap, Antel, Vialidad y, los menos, de OSE.

Los más preparados e informados, estudian incluso para determinada Sección de algunos de esos Entes.

Son más super-especializados que los ingenieros yanquis.

Han llegado a constituirse dinastías y hasta cargos hereditarios. Una «nobleza» sui generis, ad hoc, que tal vez sea, sin que nos demos cuenta, la «clase dominante».

Por eso hace ya mucho que venimos reiterando que la Energía es asunto demasiado grave como para dejarlo en manos de los ingenieros.

No puede ser que en medio de los debates por la debacle energética, el cuerpo gerencial Permanente de esos Entes Estatales no haga autocrítica.

La responsabilidad mayor, sin duda, ha sido y es la de los mandos políticos y por ende cambiantes. Pero hay otra que pertenece sin atenuantes a quienes han sido los asesores permanentes de absolutamente todos. El caso mas grave de los últimos tiempos ha sido la estafa que Ancap sufriera en Argentina: tal como dijimos en la Comisión Investigadora y en el Pleno del Senado cuando éste resolvió enviar los antecedentes a la Justicia Penal: la estafa no pudo perpetrarse sin la complicidad activa de la alta gerencia permanente de Ancap.

Ahora no estamos ante un delito pero sí ante gravísimos errores de franco tono mamarrachesco y consecuencias muy costosas para el país. A cuenta de mayor cantidad y a saber:

Nulo desarrollo de las fuentes de energía alternativas cuando desde hace décadas es público y notorio su desarrollo en los principales países del mundo ante la previsión razonable (hoy totalmente confirmada) de la crisis por precios y escasez (valga la redundancia) de los mas baratos combustibles fósiles.

Ante la necesidad de desarrollar energías «limpias» dado el peligroso avance de la contaminación a nivel planetario.

Ante la necesidad de ganar independencia en ese rubro decisivo. Y muy especialmente en nuestro caso, ante la necesidad de vincular la energía a la creación de fuentes de trabajo y el ahorro de divisas. Para colmo, teníamos a la vista el ejemplo de Brasil que hace veinticuatro años y teniendo petróleo desarrolló por Ley la producción de etanol en base a caña de azúcar obligando a mezclarlo en sus naftas. Hoy Brasil es punta tecnológica mundial en ese aspecto, exporta etanol y fabrica autos alemanes que se exportan a Alemania con esa tecnología incorporada. Radicó familias en el campo y subsidió de ese modo el precio de su azúcar. Mientras tanto nosotros destruimos El Espinillar creado para eso y en estos días tratamos penosamente de reconstruir la demolición poniendo en marcha ese Plan en Bella Unión casi a partir de cero.

No desarrollamos el biodiesel; tampoco la biomasa; tampoco el tratamiento de la basura; tampoco la energía eólica (en este caso destruímos lo poco que nos fue donado desde Europa y radicado a la salida de la Dictadura en Polanco de Barriga Negra).

No desarrollamos la construcción de mini-represas hidráulicas con adyacentes fines de riego y piscicultura de las que se pueden construir doscientas cincuenta en todo el país generando con ellas el equivalente a una gran represa sobre el Río Negro.

Invertimos sumas colosales en diversos gasoductos desde Argentina haciendo caso omiso a las advertencias acerca de los problemas argentinos de abastecimiento y a que el precio de su gas, el más barato del mundo, era un precio «político» insostenible a mediano plazo. Advertencia hecha entre otros por Davrieux en el Senado delante de todos los especialistas.

Ahí quedaron los yermos caños de Paysandú, tapados, pintados de color naranja para que nadie se los lleve por delante, que sólo sirven de atracción turística (venga y vea el monumento a la equivocación) como el Águila del Graff Spee, pero que le costara millones de dólares al pueblo.

No nos planteamos la compra de buques gaseros que todo el mundo está comprando con el «argumento» de que las plantas terrestres de tratamiento son caras y demoran en ser construídas usando para esa argumentación el único ejemplo de la de Chile e ignorando (¿) que hay otras, cinco veces mas chicas, mas baratas y de mas rápida construcción …

Desmantelamos la flota petrolera uruguaya regalando millones de dólares del pueblo a fletes y salarios extranjeros haciendo oídos sordos a nutridas advertencias en ese tema.

No hubo la más mínima política de eficiencia energética a pesar de las investigaciones y trabajos hechos por ejemplo en la Facultad de Arquitectura.

Por el contrario, en una política suicida, gastamos millones de dólares en campañas publicitarias convocando al pueblo a consumir mas energía eléctrica y hasta contribuyendo a financiar desde UTE la compra de voraces artefactos eléctricos mientras en el resto del mundo incluso en los países mas ricos se hacía todo lo contrario.

Destruimos el ferrocarril (porque no hay política energética sin política de transporte ni de viviendas) y la marina de cabotaje que son las menos consumidoras de energía.

No tenemos política de ahorro en el resto de los transportes (autos, carreteras y camiones) como se hace en todo el mundo en especial en el más rico desde hace décadas.

Gastamos sumas colosales en la compra de energía a los países vecinos en la compra directa anual mas grande del Estado con todo lo que ello implica incluido el rie
sgo de que mañana o pasado (como ya pasó) nos corten la luz por los mas diversos motivos y remachando nuestra dependencia. No estamos contra la interconexión con Brasil sino todo lo contrario pero estamos, principalmente, por nuestra independencia. Es una propuesta estratégica muy distinta a la otra. Diametralmente distinta. Alguien tiene que decidirlo. No puede quedar, esa decisión, en manos de un puñado de ingenieros de Entes Autónomos. Las Intendencias, por ejemplo, tienen mucho para decir y decidir. Los vecinos también. Esta debe ser una discusión pública en el mejor y más pleno sentido de la palabra.

Lo mal hecho y lo no hecho hasta hoy tiene un denominador común: lo fácil. Nada de ello radica gente en el campo, independiza, crea tecnología nacional y, lo más importante: nada de eso crea mano de obra uruguaya en un país de desocupados y emigrantes.

Es un furibundo pelotazo en contra. Pero módico, cómodo, confortable.

Como para que algunos, muy pocos, puedan seguir durmiendo en santa paz la siesta inoperante e ineficiente. *

(*) Senador de la República

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