Por el bien común
Para suerte de los seres humanos, la vida es multicolor. En ella, salvo en situaciones límites, nada es blanco o negro sino también rojo, azul, verde o amarillo. Si siempre nos presentara opciones dicotómicas, de bien o mal absolutos, de cielo o infierno, si fuera maniquea, esquemática y sin matices, reduciría dramáticamente nuestros grados de libertad y, por añadidura, sería tremendamente aburrida.
Hoy en el país político, en los grandes medios de comunicación y en algunos sectores de nuestra sociedad prima una tendencia a la simplificación excesiva. No es el único mal que nos aqueja: con frecuencia encontramos una buena dosis de hipocresía o de corporativismo en las posturas. Vamos a escribir contra estos males a propósito de varios temas.
Contra el simplismo
En la última minicrisis ministerial estuvimos en contra de aceptar el falso dilema Mujica-Astori, y a favor de la diversidad de alternativas con una salida de unidad en el seno del gobierno, reconociendo la conducción del Presidente y su resolución en última instancia en los temas de gobierno, y del Frente Amplio en las cuestiones que competen a la fuerza política.
Próximamente nos vamos a dedicar a la sustancia de los acuerdos de inserción internacional que Uruguay debe promover, centrados en el concepto de asimetría (debilidad relativa de un país pequeño), o en las cuestiones sensibles que Uruguay debe cuidar (como la política de compras del Estado, la situación de las empresas públicas o la propiedad intelectual en materia de medicamentos), en sus negociaciones en el Mercosur con EEUU, China o la Unión Europea, más allá del simplismo que expresa a secas la opción TLC o Mercosur.
En futuras notas explicaremos por qué estamos en contra del aborto en lo ético, fuera de determinadas circunstancias, pero a la vez a favor de la despenalización (contra la injusta cárcel para las mujeres o parejas que lo deciden también en ciertas condiciones), de acuerdo con el proyecto que ahora firmamos y como expusimos en el Senado en el período anterior. Porque hay cuestiones en las que prima la ética de los individuos, la opción de las personas, y no deben ser definidas por la ley penal. O por qué estuvimos radicalmente en contra del tono de las declaraciones que formuló el Cr. Zaidensztat a raíz de un fallo judicial. Pero dimos por terminado el episodio cuando pidió las disculpas del caso, ya que también estamos a favor de perseguir y sancionar en forma adecuada los delitos de cuello blanco de los evasores y consideramos equivocado el fallo del Dr. Pablo Eguren en el caso «La Pasiva». Como también consideramos equivocado y excesivo el procesamiento del director de Rentas por esas declaraciones.
Contra la hipocresía
Nos parece de una absoluta hipocresía horrorizarse por el consumo de marihuana y penalizarlo, a la vez que aceptar como natural el estímulo al consumo de una droga dura como el alcohol con costosísimas campañas televisivas; esto, más allá de que considerar necesario perseguir el tráfico de drogas y a las mafias que hacen estragos sobre todo entre nuestros jóvenes con la pasta base y otras sustancias adictivas de acción terrible.
Con independencia de que el secretario de la Presidencia haya indicado a su estudio, como lo hizo, que no asuma defensas en las que está en juego el interés del Estado, pensamos que no se le puede pedir dedicación exclusiva al Dr. Gonzalo Fernández sin pedírsela por igual a todos los cargos políticos y de particular confianza, incluidos los legisladores. Estamos hartos de ver cómo un sinnúmero de parlamentarios de los partidos tradicionales, aunque no exclusivamente, votan en los Presupuestos, Rendiciones de Cuentas u otras leyes que pasan por el Parlamento normas que afectan directamente a las empresas que integran o a las profesiones que ejercen, y de ver cómo sólo en casos muy evidentes se excusan de intervenir por estar implicados en la situación que se define. Así que, si de legislar se trata, legislemos pero con carácter universal, para todos.
Y si hay que pagar más para exigir dedicación exclusiva, habrá que hacerlo. Tampoco estoy de acuerdo con esa demagogia neopopulista, antipolítica y funcional al neoliberalismo, que arremete contra la política y los partidos y desacredita al barrer, practica la caza de brujas en procura de un puñado de votos, se sube al carro de las frustraciones colectivas ocasionadas por décadas de políticas económicas ruinosas y por una dramática exclusión social sin asumir las consecuencias de lo que demanda. Con las restricciones obvias que impone un país pobre, a la gente hay que pagarle según su responsabilidad y capacidad. No estoy, nunca estuve, para estigmatizar la tarea política y alentar el autoritarismo, o terminar en una función pública desempeñada por los más ricos en sus ratos de ocio, o por descarte, por parte de quien no encuentra ninguna opción laboral mejor. Me inscribo en una tradición democrática verdaderamente fecunda, donde la actividad política tenga una base vocacional y otorgue una remuneración adecuada que permita hacer opción por ella sin sacrificios personales o familiares.
No estoy de acuerdo con la manipulación de algunos editores de medios de comunicación que recortan frases o imágenes y sólo dejan lo que conviene a sus agendas; o dan amplia cobertura a ciertos hechos y minimizan u ocultan otros que deberían ser igualmente destacados. Ni con la cobardía política cuando se trata de legislar para democratizar los medios de comunicación o para encarar el financiamiento de los partidos políticos.
Superar los corporativismos
En todas partes se cuecen habas y no hay nada peor que las reacciones corporativas, sean de quien sean: de políticos, jueces, periodistas, militares o sindicalistas. Aunque cueste enfrentar las presiones y la acción de los lobbys, quienes ocupamos cargos de gobierno debemos estar comprometidos con el interés público y el bien común.
El Frente Amplio accedió al gobierno en un momento histórico determinado, donde las demandas sociales insatisfechas cruzan el país a lo largo y a lo ancho. En ese cuadro en el que no hay sector social sin un reclamo pendiente, hay que tomar opciones, ya que no se puede atender en forma inmediata a todos. En un país que en un solo año, el 2002, duplicó la cantidad de pobres, desangrado por la emigración de sus jóvenes, el empobrecimiento y la fragmentación social, en el cual más de la mitad de sus niños nacen y crecen por debajo de la línea de pobreza, la opción prioritaria tiene que ser por los más necesitados. En la emergencia para asegurar su subsistencia, y en la forma más inmediata posible para atender su reinserción laboral, social, educativo o sanitaria.
Y todos deberían saberlo: priorizar a unos, en forma inevitable implica postergar a otros. Desde el gobierno y desde el FA debemos luchar contra las ansiedades e inmediatismos, explicando que los recursos con los que se cuenta son limitados y que algunos reclamos valederos no pueden ser atendidos en primera instancia. Informando de la discrecionalidad y el favoritismo en el gasto del Estado durante décadas, que ha dejado al BHU totalmente fundido, a la OSE como un modelo a no imitar en cuanto a la dilapidación de sus recursos, a los contratos del estado como una forma de nepotismo o de pagar favores políticos, al despilfarro en todas las formas imaginables. Se enojan algunos cuando se habla de la herencia maldita y pretenden que el gobierno, tras año y medio de gestión tenga todo resuelto. Durante años vimos crecer la imprevisión energética, la inseguridad, el desempleo, la pobreza y la marginalidad. Aterrizados en la oposición, blancos y colorados par
ecen haberlas descubierto recién ahora.
El Frente Amplio nació para impulsar la profundización democrática y el desarrollo nacional con justicia social. Respetando las reglas de la democracia y dentro de ellas, a todos los sectores políticos y sociales, aún a los que se oponen a su programa de cambios. Ese proceso está en marcha; con convicción, sin caer en voluntarismos ni en atajos facilistas. Enfrentando los simplismos, la hipocresía y también los corporativismos. *
(*) Senador
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