Hasta el año que viene no habrá otro martes 13
A nadie debería importar que en martes 13 «ni te cases ni te embarques», ya que para casarse cada día hay menos anotados, y embarcarse literalmente, tiene que ver con un barco… y en nuestro país nadie ya casi se embarca. Con excepción de quienes embarcan en un crucero, y para quienes la suerte no parece ser la más aciaga.
A propósito de suerte, los actos «apotropaicos», son aquellos destinados a eludir la mala ídem, «desviarla, evitarla, o rechazarla».
Por lo tanto, es hoy un día ideal para cumplir con estos actos que nos ayudarán a lidiar con la infausta fecha: pisar con el pie derecho al bajar de la cama en la mañana, echar sal por encima del hombro, poner en su hogar un altar con estampitas de distintas personalidades sacras –también con ángeles y arcángeles es válido–, por supuesto que encender velas a santos, son todos actos que inhiben las consecuencias de que el almanaque esté donde está. Para los más convencidos no está de más la limpieza con «magia blanca» mediante bruja o curandera, santiguarse cuando alguien pronuncia alusiones a la mala suerte, procurar algún consejo o conjuro que nos evite el mal de ojo, utilizar alguna prenda o cintillo de color rojo, todo encamina hacia un pasaje sin complicaciones de este día.
Lejos por supuesto hay que mantenerse de definiciones que denuesten la importancia de la nefanda jornada -por ejemplo la de la Real Academia, que considera a la superstición una «creencia poco fundamentalda o asentada de forma irracional en el hombre».
Por supuesto que a los «apotropaicos», pueden sumarse estímulos para la fecha: entrar en posesión de una herradura, tener y frotar una pata de conejo, emplear amuletos que pueden ir desde geománticos hasta litúrgicos, tocar la joroba a un jorobado, etc. Ahora bien, si usted es incrédulo desafiante, podrá hoy: romper espejos, mencionar cosas horrendas o indeseables sin tocar madera sin patas, pasar por debajo de escaleras, cruzar a propósito el camino de los gatos negros, bautizar un barco con el mismo nombre de otro o cambiar el nombre a una embarcación, abrir paraguas bajo techo, y, cómo no, sentarse a una mesa a comer con otros doce comensales.
Así pasará esta jornada en la que coinciden pueblos tan dispares como hispanos y nórdicos, latinos y anglosajones, aunque estos últimos prefieran para su terror al viernes 13.
El día consagrado a Marte, dios de la guerra en el antiguo mundo latino, se suma al número que refiere tanto a los comensales de la última cena, como al capítulo del Apocalipsis en que aparece lo peor. Tanto en las leyendas nórdicas con sus 13 espíritus del mal, como al día en que se confundieron las lenguas en la Torre de Babel. Todo esto, a vuelo de pájaro. Aunque sin ir más lejos, tan malo no debe ser, ya que también hoy el 13 estará limitado en el sorteo de quinielas, tanto a la cabeza como en todas sus variantes, demostrando que más de uno busca tentar la fortuna allí donde los apesadumbrados solamente ven desgracias.
En fin, lo bueno sea tal vez que hasta 2007 no volverá ha haber martes 13 (aunque en octubre próximo habrá viernes 13… pero eso es ya otra historia.
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