Calendiario

1976.- Juan María Bordaberry fracasa al intentar poner a las Fuerzas Armadas en un brete para que no puedan escapar y lo dejen seguir siendo la cara de la dictadura. En la noche anterior les había dicho que abandonaría el cargo si le retiraban el apoyo. Justo lo que estaban esperando. Por lo que la Junta de Oficiales Generales la tomó al vuelo y de inmediato acepta la despedida. Le contestan, sin pensarlo porque ya era cosa resuelta de antes, que «reiteran a usted que le han perdido la confianza y le retiran su apoyo, por lo que han solicitado al vicepresidente que asuma el poder y éste, Alberto Demicheli, ni lerdo ni perezoso, pese a los muchos años de edad, ya geronte, acepta tomar su lugar en el sillón presidencial. Lo hará en este mismo 12 de junio a las 20.00 horas.

Claro que todo el lío merecerá una cadena oficial de radio y televisión, en la que los poderosos intentarán explicar las diferencias con el anterior señor que estaba cumpliendo la tarea de protagonista . En el libro «El Proceso Político» de la Junta de Comandantes en Jefe, se da un viraje en la historia. Salvo en ese comunicado emitido a las 18.00 horas no volverán a referirse al anterior actor como Bordaberry sino que se limitarán a llamarlo ex Presidente, en lo que se acentuaba el papel de figurón y no de socio en la dictadura.

En esa comunicación oficial del despido de Juanma señalan las discrepancias que tenían las dos partes.

La primera era que el que se iba no aceptaba el funcionamiento de los partidos políticos tradicionales y quería sustituirlos por las corrientes de opinión, mientras que las FFAA no querían compartir el compromiso, la responsabilidad histórica –así decían– de suprimir a dichos partidos. En segundo lugar se expresaba que el saliente no aceptaba el pronunciamiento a través del voto porque entendía que votar era una práctica superada. El voto sólo debería exigirse a través de referéndum o plebiscitos sobre puntos especiales, mientras que las bondadosas FFAA sostenían que la soberanía estaba radicada en la Nación y que el voto era manifestación de expresión soberana. Alguien que estuviera escuchando o viendo la cadena se habrá preguntado: ¿Entonces, por qué están aquí si nadie los ha llamado? Pero eso es una cuestión que no tenía importancia. Además el despedido quería que se promulgara una nueva Constitución con sus ideas reaccionarias, lo que no era aceptado por los generosos armados. Todas esas discrepancias llevaron al retiro de la confianza y aceptar la renuncia. A las 8.00 de la noche, por lo tanto, se libra el Acta en Casa de Gobierno por la cual se designa a Demicheli como Presidente.

De inmediato se toman las primeras medidas, los Actos Institucionales 1 y 2. Por el Nº 1 se suspenden, hasta nuevo pronunciamiento, las elecciones generales. Y por el Nº 2 se crea el Consejo de la Nación, órgano que estará por encima de todos los demás. Ese Consejo de la Nación, para mayor seguridad y más claridad sobre quiénes son los que mandan, estará constituido por los miembros del Consejo de Estado –los dignos señores que posan de legisladores– y por la Junta de Oficiales Generales, o sea todos los militares con ese máximo grado, para que no quede nadie fuera, para que todos pasen a la mejor historia del disparatario constitucional.

 

FELIZ DIARIO

1933.- Nace Milton Cairoli, abogado, jurisconsulto, ex ministro de la Suprema Corte de Justicia.

1943.- Nace Cristina Landó, escritora, periodista, crítica de espectáculos. Entre sus poemas, «Desde la voz primera», «Una película de amor», «Mitades vivas».

19.. Nace Ricardo Scaglia, ex Presidente de UTE.

1958.– Nace María del Rosario Fossati, arquitecta, con participación activa en la Intendencia Municipal de Montevideo, en el área de Espacios Públicos y Edificación.

 

LO PIENSO, LO DIGO

«La ausencia de partidos es el cretinismo de los pueblos. La función de los partidos dentro del Estado ha de ser, en primer término, la de organizar y educar cívicamente a los ciudadanos sobre una base ética. Deben actuar como agentes de ideas, disciplinando las fuerzas y orientando los sentimientos. Si el partido persigue sólo el poder, si no le alienta un ideal superior, si descuida el interés colectivo, entonces no hay propiamente un partido, sino una facción». Alfredo Palacios, 1941, político socialista argentino, embajador de su país en Uruguay hace muchos, muchos años. *

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