Proyecto social que dirige el Padre Mateo Méndez celebra sus cuatro años
-A cuatro años de la creación del proyecto Caqueiro, ¿que evaluación hace del mismo?
-Creo que hasta el momento es una experiencia positiva. Pese a que los muchachos no siempre aprendieron lo que se les enseñó en el curso, igualmente pienso que les sirvió como bagaje de formación. Y eso queda ahí. Quizás de las muchas cosas que oyeron, vieron, y aprendieron algunas le van a servir para otras propuestas laborales.
Trabajar en equipo, trabajar con compañeros, los hace más respetuosos de su trabajo y valorarlos. Creo que en todas las cosas hay un porcentaje de gente que se prende, y otro porcentaje de gente que abandona. Eso nos sucedió con lo de forestación. Del proyecto nuestro, por ejemplo, salieron cinco muchachos, de los cuales cuatro se insertaron en el trabajo de la forestación. A dos de ellos le ofrecieron el curso de motosierristas, y ahí están. Poder entender que la propuesta que estás haciendo, no es una propuesta fácil porque es agarrar un ritmo de cumplimiento de horario, trabajar en equipos, valorar el trabajo de los otros, y considerarse que eso es para uno y que lo va a ejercer. Que no es una cosa siempre para los otros y que no debemos autoexcluirnos. Los cursos de Caqueiro son cursos hechos para considerar la autoestima, también la valoración de sí mismo. Para eso uno necesita tenerse mucha confianza en sí mismo, ser perseverante, constante, tener mente clara y saber dónde quiero llegar, y en vista de eso, ponernos en camino. Por supuesto que vamos a encontrar un montón de dificultades, mientras voy en camino de lograr el proyecto que quiero. Y a veces nuestra propia familia, los parientes, los amigos, el propio barrio puede llegar a ser una especie de obstáculo en el camino, diciéndote: «Vos no podés, no vas a poder», siempre bajoneando. Entonces ellos son conscientes de que también tienen que superar ese tipo de cosas.
-¿En qué cursos se están formando los jóvenes?
-En el procesamiento de madera, motosierras de aserraderos y la plantación, cultivo, y venta de arándanos. Quisimos abrir un poco más nuestra propuesta porque también en otras comunidades hay gurises en situación de pobreza. De los 24 muchachos que hacen el curso en Tacuarembó, siete son de acá. También hemos apostado al tema de la apicultura. Hay un grupito de una media docena de jóvenes que están haciendo su camino. Es una cosa nueva que tienen que asumir porque hasta ese momento no estaban haciendo nada. Hoy están trabajando, con sábados y domingos dedicados a la cuestión de las colmenas.
¿Cómo define a la población que atiende «Caqueiro»?
-De clase media para abajo. Hay muchas familias integradas al Plan de Emergencia, y a Trabajo por Uruguay. Y eso ha cambiado algunas realidades y se nota, tanto en la vida de las familias como de los chiquilines. En algunos lugares también se nota en el barrio. La pregunta que siempre nos hacemos es qué pasa cuando esto se termine. Las rutas de salidas son a las que hay que ir apuntando como respuesta a la situación. Porque en este caso son menos los chicos que se quedan al comedor, a la merienda, la vestimenta comienza a ser diferente, se les nota mejorcito físicamente. Se ve que hay más elementos de alimentación. Uno nota que hay una diferencia, pero siempre queda la pregunta, una vez terminado todo este apoyo, cómo la familia va a obtener los ingresos. Porque una vez que se acostumbra a tener un ingreso determinado, después volver a lo de antes, va a ser un poco complicado. Por eso creo que la búsqueda con la familias de los gurises es fundamental.
Ahora empezamos un espacio con las madres, que los días sábados, van a venir a escuchar, hablar sobre sus cosas, sus vidas. A aprender cosas de la vida. La intención no es hacer cosas. Lo que se quiere es tratarlas a ellas como personas. Hay un equipo de profesionales que se ofrecieron para acompañarlas. Esto va a contemplar un poco más la propuesta, porque a veces la familia no queda siempre sumada a la propuesta, queda un poco relegada. Creemos que esto va a ayudar a mejorar la calidad de las propuestas que estamos haciendo, desde el proyecto Caqueiro. Seguimos con el tema del deporte, que es una herramienta muy importante. Hay grupo de danza que hace como dos años que está integrado por adolescentes, donde se ha generado un espíritu muy lindo, muy solidario, de mucho compañerismo, hay un buen clima. Para esto estamos cada vez más convencidos de que el educador venga del propio barrio, ya que conoce cómo es la realidad por vivir allí, y eso ayuda. A veces viene gente de afuera y no entiende muy bien los comportamientos y los códigos de la convivencia. Si son del barrio se entienden, y se ayuda a mejorar la calidad de vida.
-¿Cuáles son las metas hacia el futuro?
-Lo que procuramos ahora, es apuntar a lo que viene de abajo, a la gurisada chica. Aquí es en donde haremos mucho hincapié en el acompañamiento a ellos. Se llamará a la familia para que venga. No solamente por razones de conflicto, sino con actitudes positivas.
Para contarles cómo han mejorado sus hijos. El hacerles saber que sus hijos no son un problema, que son niños. Si tienen sus situaciones por encima de todo eso, son niños que tienen elementos positivos, muy buenos y que en este proyecto tratamos de ayudarlos a crecer y dar valor a lo que tienen en casa. *
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