Escrito por: DAMASO

Con restricciones al consumo de energÃa eléctrica, calefaccionar se convierte en una mezcla de ciencia y economÃa doméstica, en tanto las alternativas, aunque escasas, exigen un análisis riguroso.
Casi todos los servicios meteorológicos coinciden en que luego del próximo fin de semana, las temperaturas comenzarán a abatirse de forma más contundente, y que el inicio del invierno podrÃa tener un rigor más duro que el habitual. En ese orden, si bien muchas de las decisiones seguramente ya estén tomadas, no parece de más ponerse al dÃa con lo existente en el mercado.
Breve reseña merecen este año las opciones eléctricas. Condicionadas por las restricciones, el hecho de que la electricidad se haya convertido también en el combustible más caro, exime de más comentarios.
De todas formas hay dos sistemas de calefacción eléctrica dominantes: los que funcionan con resistencia y las “bombas de calor”. Las estufas a resistencia -popularmente conocidas como “cuarzos”, aunque hay también otras variedades, producen unas 850 kilocalorÃas/hora, por kilovatio consumido. Tomando como ejemplo, para todos los casos a evaluar, una finca de 100 metros cuadrados, se necesitarán alrededor de 10.000 pesos mensuales para mantener ambientes relativamente calefaccionados, aunque ello dependerá en mucho de las horas en que se usen los artefactos. La ventaja que tienen es su bajo precio en el mercado, ya que se puede disponer de “cuarzos”, a partir de 500 pesos. En cuanto a las bombas de calor -también llamados “aire acondicionado” o splits- en general alcanzan a triplicar el rendimiento del sistema con resistencia. Por kilovatio rinden hasta unas 2.400 kilocalorÃas, suficiente para la casa del ejemplo de 100 metros cuadrados, a un costo mensual de energÃa oscilante en los 2.800 pesos. Aquà la ecuación se ve fuertemente incrementada en el aparato, que además requiere instalación especializada: el conjunto siempre está por encima de los 1.000 dólares, pudiendo duplicar esa cifra en función del potencial a adquirir.
Lo más económico como combustible es, hoy por hoy, la leña. Aunque la conversión calórica de la madera está entre las de menor calidad y rendimiento, el escenario energético nacional, la coloca a la cabeza de las posibilidades más económicas. A partir de la “quematutti”, variedad económica de las “salamadras” aún existentes en el mercado, pasando por las “cocinas de campaña” -de hierro fundido las antiguas, con convectores las modernas-, las variedades de aparatos para quemar leña son tantas, como ideas para calefaccionar ha tenido el hombre desde que descubrió el uso del fuego. La materia combustible tiene diferentes precios aunque dentro de un rango: una tonelada de astillas de eucaliptus seca cuesta entre 1.200 y 1.600 pesos. Otras leñas de flora nativa, tienen mayor rendimiento pero también pueden superar los 2.500 pesos los 1.000 quilos.
En cuanto al precio del aparato a emplear, va de los 1.000 pesos la más modesta quematutti, a 4.000 dólares una caldera combinada que permite, desde calefaccionar por losa radiante hasta obtener agua caliente para todo uso doméstico. En otro orden de combustibles están el gas por cañerÃa, el supergás, gasoil y fueloil. Estos dos últimos aparecen con cada vez más difÃcil inclusión en el presupuesto doméstico, en tanto el precio del petróleo no cesa de aumentar. El rendimiento de las calderas de este tipo es alto -el poder calórico de los hidrocarburos es el mayor-, pero se justifica en volúmenes importantes -edificios, piscinas y demás-, y difÃcilmente a nivel de núcleo familiar individual, atendiendo costos de caldererÃa e instalación. Existen dos sistemas básicos de caldera para calefaccionar, una casa de 100 metros cuadrados por ejemplo. El sistema de caldera central, calefacciona haciendo circular agua caliente por debajo del piso -loza radiante- ó a través de serpentines adosados a la pared -paneles-.
El sistema tiene un precio base de 3.000 dólares. Para unas horas de calefacción diarias, se insumirán unos 4.500 pesos en el caso de gas o supergás, y hasta el doble para los restantes hidrocarburos.
En las calderas de “tiro balanceado”, el sistema es parecido pero limitado a calefaccionar las áreas que se desee en la vivienda.
El sistema aparece en el mercado a partir de los 1.600 dólares, a los que debe sumarse unos 280 dólares para cada ambiente a calefaccionar. En iguales condiciones que el ejemplo de la vivienda de 100 metros cuadrados, el combustible para calefaccionar con el “tiro balanceado” significará hasta un 45% menos que en la caldera central con paneles o loza radiante.
Por supuesto que gas y supergás permiten también sistemas bastante más modestos, principalmente en el caso del último citado. Las estufas de supergás transportables de un ambiente a otro, se pueden comprar a partir de 2.500 pesos aproximadamente, a lo que debe sumarse garrafa y válvula, otros 1.000 pesos. Consumiendo una garrafa de 13 quilos por semana, se gastarán 1.400 pesos mensuales, aunque la calefacción se limitará a ambientes especÃficos a lo que se suma la contra que estas estufas no son recomendadas para espacios pequeños o escasamente ventilados, en tanto generan gases secundarios y consumen el oxÃgeno del ambiente. *
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