La imagen
Maupassant padecía alucinaciones. Se veía separado del propio cuerpo, moviéndose y actuando como si fuera otro. En el Tíbet creen que es la «tulpa», una suerte de doble vaporoso de uno mismo que ah, esto es lo mejor- produce también uno mismo luego de un extenso entrenamiento mental. Si se piensa sin apuro, es mucho mejor que un espejo.
Tal vez a los hel, con tanto tiempo ocioso, les esté pasando lo mismo que a Maupassant, sea la aparición de sus «tulpas» o unas meras, vulgares alucinaciones. Y tal vez por lo que observaron así, vaya uno a saber si bueno o malo, han decidido contratar a un argentino experto en comunicación para revertir imagen negativa; experto en comunicación en crisis para ser más exacto.
La idea central parece ser que los hermanitos no han «comunicado bien» en el pasado reciente y, gracias al debido asesoramiento, lo harán desde ahora, contrarrestando la «precipitada condena social» con que la mayoría de los uruguayos los ha virtualmente aplastado.
Ahora bien, si volvemos por un momento a la realidad objetiva (en caso de que exista), ya es imposible dudar acerca de hacia dónde va este mundo. Se precipita a lo ilusorio, a la fosforescencia cretina (como decía Borges), a la imagen prefabricada y a pedido, en fin, al riesgo de la distorsión intelectual y moral. Si existen estos expertos los hay a montones y muy, pero muy eficientes- existe la posibilidad de convencer a los demás de algo esencialmente falso; en otras palabras, se puede convencer al otro de cualquier cosa.
No soy quien para juzgar esta forma de ganarse la vida; como dicen los abogados, todo el mundo tiene derecho a una buena defensa. Puedo sentir, sí, cierta tristeza, o quizás decepción por los otros, aquellos incapaces de asumir su propia realidad.
¿Qué «comunicación en crisis» le habría cambiado la vida, por ejemplo, a Jack the ripper?
¡Lo que se me ocurre! Si Alposta (un académico) y Melingo (un reo) le hicieron un tanguito delicioso. *
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