El tipo puede
Hay cierta impaciencia alrededor de la reforma tributaria. Se ha hablado tanto no en balde es una de las propuestas que han generado más expectación que hay algunos a quienes el tiempo discurrido sin que se defina les parece excesivo.
Conjeturan que al gobierno le puede pasar lo que al famoso burro de Buridan, al que le pusieron delante dos haces de heno similares; dudó tanto de cuál comer que se murió de hambre.
Bueno, no creo. En política y en economía, dice la experiencia, más vale ir despacio pero seguro que tan rápido como para darse de cabeza contra un ladrillo.
El proyecto está ahora en el Parlamento, donde, según un experimentado legislador frenteamplista, todo es negociable. He allí la primera clave; que no haya fronteras para aportes ni para cambios. La segunda clave es igualmente diáfana; sumando las observaciones que se ha ido acumulando sobre el texto original, hasta un distraído entendería que habrá que afilar mucho el lápiz para corregir y tomar bastante café para no dormirse.
Dos aspectos me interesan. Uno tiene que ver con el riesgo de que se vaya a una simplificación desproporcionada y, en el afán por reducir la cantidad de impuestos de todos modos un objetivo compartible se afecte, paradójicamente, la equidad y la eficacia de la reforma. El otro es una advertencia: que nadie olvide que este proyecto puede ser el puente a la solución de asuntos también vitales como la reforma del sistema de salud.
Los legisladores parecen bien dispuestos. Supongo que también el equipo económico. Y siendo imprescindible un acuerdo, el tiempo disponible es suficiente; salvo, claro, que se les ocurra usar el lenguaje de los bosquimanos, un pueblo primitivo que durante la noche se llama a silencio porque se comunica sólo por gestos. Imaginemos si el día no alcanza y Lepra baja la palanquita…
En fin, seamos optimistas y pensemos que recordarán a Wimpi: «El tipo es la libertad. Quiere decir que puede. Lo malo es sólo cuando no se da cuenta». *
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