Los hermanos sean unidos…
¿Mujica o Astori? Simplismos no. Bajar la pelota al piso.
Un día sí y otro también un compañero dice que se va del Poder Ejecutivo si esto no se hace o, si en el futuro, sucede tal o cual cosa. Lo digo claramente, no estoy de acuerdo con ese estilo. Gobernar es asumir responsabilidades, prioridades y tiempos. No se puede atender todo a la vez en un país que se recibió fundido. Los reclamos pueden ser muy legítimos, pero no es posible contemplar a todos al mismo tiempo. Por algo tan fuerte como la ley de la gravedad. Una cosa es desarrollar políticas activas que dinamicen el crecimiento y permitan el repago de deudas, y programas sociales para dar una mano a los más dañados por la miseria o el endeudamiento, dentro o fuera del agro, cosa que pueden hacer los Ministerios correspondientes, la OPP o la CND, y otra cambiar a cada rato las reglas en temas de fondo. Eso sí fundándose en los datos reales y globales sobre el endeudamiento y no en cifras que no coinciden con los cuadros que dan las propias instituciones acreedoras como el BROU: el porcentaje, por ejemplo, de productores agropecuarios que estaban amparados por las pautas y refinanciaron es varias veces más importante que algunas cifras divulgadas con apresuramiento. Eso no quiere decir que estemos de acuerdo con todo lo que se hace. En particular en relación con las políticas productivas o culturales, o con opiniones negativas al barrer sobre nuestros socios en el Mercosur. Pero hay tiempos y lugares para marcar diferencias y, lo que es más importante, formular iniciativas viables. A eso todo nuestro apoyo, con Mujica y Astori pero también con el resto de las orientaciones que integran el gobierno que preside Tabaré.
No es la pantalla de la televisión el lugar idóneo para el debate político en el gobierno. Y mucho menos para temas complejos y en escasos segundos. No se puede hacer eso en un país con un problema externo tan gratuito como destructivo con la Argentina, con una sequía dramática y la consiguiente crisis agroenergética, una herencia de terror y centenares de demandas justificadas y postergadas por decenios. Y mucho menos con un gobierno de izquierda que no comunica institucionalmente en campañas informativas de sus ministerios y entes autónomos los contenidos y alcances de los principales programas que está llevando adelante, que son, la verdad sea dicha, muchos y buenos. Y muchísimo menos con elecciones internas del Frente Amplio a cuatro meses. No nos gustan las polarizaciones. Sí el debate pero no las tensiones al máximo que dañan al gobierno y desconciertan a nuestra militancia y a la ciudadanía frenteamplista.
La larga marcha del Frente Amplio
La historia del Frente Amplio nos muestra que está en su sexta fase evolutiva. La primera fue la fundacional (71-73); el autoritarismo creciente de la época y la agudización de la crisis económica fueron los catalizadores para la unión de las diversas fuerzas que le dieron origen. La segunda fase enraizó en la resistencia a la dictadura (73-84). Allí se construyó el entramado emocional, la izquierda de las emociones compartidas, una izquierda capaz de construir una identidad asentada en el espíritu y en las lealtades, la de las personas entre sí y con una memoria, dolorosa, hermosa y común; eso le permitió terminar con el bipartidismo tradicional en el Uruguay. En la tercera etapa (85-89) el Frente fue protagonista destacado de la apertura democrática y aportó todo su peso social y político. En la cuarta etapa (89-94) se convirtió en gobierno de la capital y lo hizo con éxito, porque el doctor Tabaré Vázquez terminó su gestión como intendente con mayor respaldo que al principio. A la elección siguiente se reiteró la victoria, y Mariano Arana triunfó por amplio margen, lo que repitió aún con mayor respaldo en 1999.
A partir del 94 se inició la quinta etapa, del ascenso al gobierno nacional. Estuvimos muy cerca de ganar en el 94, de ser el tercio mayor, y eso fue determinante para que la derecha impusiera el balotaje para impedir el triunfo de la izquierda. El nuevo sistema electoral, definido por una reforma constitucional, fue pensado para bloquear al FA. Sin embargo el escenario cambió velozmente, y solo se aplazó la victoria por un período. En octubre de 2004 ganamos en la primera vuelta, con lo cual se inició, desde el 1 de marzo de 2005, la sexta etapa, la prueba de fuego del gobierno nacional.
Cambiar para avanzar y gobernar
En cada etapa el Frente ha debido cambiar para avanzar. En otra nota nos referiremos a los cambios que ha tenido, y que deberá realizar en lo ideológico y programático, político y organizativo, comunicacional, simbólico y emocional. Pero no es ahora la oportunidad. Hay que ocuparse de lo urgente aunque pueda no ser lo más importante. Y es urgente que las internas no nos polaricen, acentúen los perfilismos y, como consecuencia inevitable, debiliten al gobierno progresista. Para usar una expresión reiterada en otros asuntos: necesitamos más y mejor Frente Amplio, para sustentar al gobierno progresista.
Nuestro compañero Tabaré Vázquez asumió la presidencia del país hace 15 meses. Se ha hecho mucho, en particular en materia de derechos humanos, políticas sociales y económicas, transparencia y austeridad republicanas, relaciones laborales, conducción de las empresas públicas y defensa de la soberanía del país. Pero falta mucho por hacer. Hay que ir a más.
Pero un gobierno progresista necesita como el pan el respaldo de una fuerza política, el FA, sólida, informada y convencida. Necesita más que nada de la acción colectiva, en todos los niveles, partidarios y de gobierno. Estamos convencidos de la necesidad de fortalecer la fuerza política Frente Amplio, como forma de respaldar la acción de gobierno, con participación democrática, apelando al formidable capital humano de nuestra izquierda, fortaleciendo los flujos de información y los espacios de trabajo colectivo. Porque no estamos trabajando colectivamente como se debe.
Un aviso de mi casa: elecciones en la Vertiente
El 3 y 4 de junio celebramos elecciones internas en la VA para la renovación de autoridades, de acuerdo con lo que marcan sus Estatutos, para lo cual convocamos a sus miles de afiliados de todo el país. Nos queremos referir a las mismas por su significado para el Frente Amplio y para nuestro gobierno.
Un gobierno progresista fuerte e innovador necesita una Vertiente Artiguista participativa y dinámica. Lo mismo deseamos para las organizaciones políticas aliadas en nuestro proyecto político común y para las estructuras de base que todos compartimos. Con la participación y el oído alerta a lo que siente y opina el millón de uruguayos que nos respaldó a todos, y el otro millón que optó por los partidos tradicionales.
Queremos una instancia de reafirmación y renovación del proyecto político, en la que participe la mayor cantidad posible de compañeras y compañeros, dentro y fuera del país. Por primera vez regirá la regla de una representación máxima por sexo de dos tercios. No podemos olvidar que asumimos responsabilidades directas ante los cien mil votantes que nos respaldaron en las últimas elecciones nacionales. Es imprescindible renovar nuestras autoridades, para asignar funciones y tareas a compañeras y compañeros que desarrollen nuevas actividades y espacios de participación. Muchos de los que fueron designados en distintas responsabilidades hoy se encuentran trabajando a nivel del gobierno nacional, de los gobiernos departamentales y del Parlamento. Por otra parte, la reforma estatutaria de la VA realizada en 2001, estableció, a nuestra iniciativa, la rotatividad obligatoria de todas las responsabilidades políticas y organizativas.
En ese marco, por último, una constancia personal. Llevamos cinco años en el ejercicio de la responsabilidad de Presidente de la Vertiente, desafío hermoso y carga fuerte. Con independencia de la evaluación que ella merezca, llegó la hora del término estatutario de esta clase de responsabilidad. Es preciso incorporar un nuevo compañero/a a esta tarea y por nuestra parte nos aplicaremos a lo que nuestro colectivo indique, fundamentalmente, y por el lugar que ocupamos en el Senado de la República a las absorbentes tareas de gobierno y del vínculo entre la fuerza política y el gobierno popular.
Y en esta crisis, la de ahora, queremos salidas con todos en el mismo barco, y respaldamos la decisión que el Presidente adopte, que no quepa la menor duda. *
(*) Senador por la VA
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