En el mundo sobran abogados para cualquier cosa

Soberanía nula

Hace poco se publicó un documento destinado al Congreso del MPP en el que se afirma que luego del proceso de acumulación ininterrumpida más largo de América Latina la izquierda se había quedado sin estrategia.

A la vista de los últimos acontecimientos regionales y mundiales, podemos decir que nos quedamos cortos: es Uruguay el que se ha quedado sin estrategia.

Las brutales agresiones propinadas por el gobierno argentino, y las que amenaza agregar; el ominoso silencio sepulcral de Brasil ante ellas, sus excluyentes e inconsultos acuerdos bilaterales y otro cúmulo de problemas estallados en la región han sido el aldabonazo táctico, concreto y puntual, que puso en evidencia, ahora sí, un déficit estratégico: el de la inserción internacional de Uruguay en el mundo actual. El de su política exterior y, por ende, el de su Defensa Nacional. Una cosa no puede encararse sin discutir antes la otra.

Ninguna de ellas puede elaborarse sin definir la estrategia política, económica y social de Uruguay en la Era de la globalización y de las grandes Cuatro Crisis: energía, alimentos, agua potable disponible de buena calidad y poblacional o demográfica. Esta última también también ha mostrado en los últimos días las más grandes movilizaciones de que se tenga memoria en los EEUU y la militarización de su frontera con México.

Puede también ser una realidad acá a poco que Uruguay logre (y sus vecinos no) mejorar el nivel de vida de su población. El cumplimiento de nuestro programa lleva implícito este problema… Por razones demográficas.

Es por eso acertado lo dicho por Tabaré Vázquez hace pocas horas: es necesario lograr consenso nacional en torno al tema de la inserción internacional de Uruguay. Esta es una muy grave e impostergable discusión NACIONAL.

Reconociendo que hasta en los grandes centros imperiales, especialmente a nivel de sus entidades peligrosamente pensantes más que a nivel de sus pasajeros gobiernos de ocasión, no existe acuerdo absoluto, hay dudas, enfrentamientos y debates (siempre en torno a cómo mantener sus dominios), debemos hacer una muy resumida reseña de algunas líneas estratégicas de sus últimos tiempos.

Finalizada la Guerra Fría y con ella las estrategias pensadas para esa realidad, en especial la Doctrina de la Seguridad Nacional, hemos venido evolucionando por varias cada vez más nuevas «ideas» o doctrinas.

Al principio, la de la «ESTABILIDAD MUNDIAL» o statu quo, para la que fue imprescindible la de «SOBERANIA LIMITADA» y, a la vez, para que ésta fuera viable, casi enseguida pero reforzándose hasta hoy, las viejas ideas de Malthus renovadas y excelentemente bienvestidas para poder meterlas aceitadamente por los gaznates más refinados (incluso de izquierda): la gran campaña mundial tan sideralmente bien financiada por el aborto denominado desde hace poco a nivel mundial y en todos los idiomas en forma extrañamente unánime, «salud reproductiva» es una parte componente de ello. Pero lo sustancial para el exterminio, es a quién se le permite, o no, tener energía (por ahí vienen las últimas amenazas de Kirchner contra los uruguayos) porque por ahí van las amenazas de hoy.

O las de los Derechos Humanos como complemento ideológico imprescindible para el logro de otros objetivos (entre ellos el de la soberanía limitada o nula y el de la disolución de los Ejércitos, asunto que sirve obviamente para muchísimas otras cosas).

El desarrollo fabuloso de las ONG (luego de haber demostrado «en el campo de batalla» su extraordinaria, barata y terrible capacidad destructiva, decisiva en la demolición del Campo Socialista) como medio para sustituir a los Estados y aún a los gobiernos y ni qué hablar a los Partidos Políticos que son objetivo central por muy molesto y por lo tanto un escollo a desprestigiar para destruir sin que por fin sean necesarias las elecciones y por tanto las soberanías.

Electas a dedazo limpio desde los centros imperiales por la vía de su financiación y tramposa propaganda, le han dado ya, graciosamente, reconocimiento oficial en la ONU y, llegando a lo que se busca, le han otorgado, luego de la intervención de la ONU, a una de ellas, el gobierno de Timor Oriental, que la susodicha ejerce desde un barco (!!!), generando así el primer caso en la historia de la humanidad en el que una Organización No Gubernamental (¿) (algo tan inasible y anónimo) ejerce el gobierno de un país por tercerización internacional.

En Uruguay, hace bien poco, hemos sido víctimas también de sus agresiones anfibias y testigos estupefactos de cómo las ONG pueden impunemente financiar delitos internacionales, como por ejemplo el bloqueo de un país: es público y notorio, hasta elogiado, que los piqueteros recibían apoyo financiero desde lejanísimos confines por obra y gracia de las ONG autodenominadas ambientalistas. Miles de personas van a la cárcel por mucho menos. Y acá no pasa nada. Y, lo que es mucho más alarmante: nos vamos acostumbrando.

Esas organizaciones autoproclamadas ambientalistas forman parte, lo sepan o no, les guste o no, de un muy bien articulado, sistemático y estratégico pensamiento de dominación imperial.

Nos van violando de a poquito, a fuego lento, y encima exigen que les pidamos disculpas por darles la espalda.

Luego del 11 de setiembre de tan dudosa factura (en especial dudosa dentro de los EEUU), irrumpe grosera, la DOCTRINA DE LA GUERRA PREVENTIVA.

Lo de la vieja Doctrina de la Seguridad Nacional y la más actual de Estabilidad Mundial y lo de la de la Soberanía Limitada queda empalidecido: «allí donde nosotros entendamos que hay una amenaza (con eso basta) contra nuestra seguridad, no sólo intervenimos sino que invadimos por la fuerza o aplicamos la fuerza por resolución absolutamente propia».

La Soberanía Nacional, ese invento del Tratado de Westfalia (1648), pasó al Museo. Un nuevo «Derecho Internacional» nacido de la FUERZA (como todo Derecho Internacional, alegan), ha nacido. Lo más increíble y cómico, es que ellos le otorgan magnánimamente ese mismo derecho a cualquier país…

«Si usted se siente amenazado mándese una guerra preventiva porque somos todos democráticamente iguales y la seguridad nacional es un bien supremo». La fuerza se encargará de definir quién tenía razón como dijo aquél Obispo antes de la Matanza de San Bartolomé: Dios se encargará de elegir a los justos: ustedes salgan y maten, el que muera es porque era un malvado. O como en la vieja Ley de Duelos.

Entonces nace, mejor dicho cambia, la doctrina de la «SOBERANIA LIMITADA» por la de los «ESTADOS FALLIDOS».

Este es el último grito de la moda: no se animaron a bautizarlo «SOBERANIA NULA» (queda muy grosero) y una horda de juristas y ONG, muy bien pagos, seminariados, conferenciados y publicados a diestra y siniestra, le inventaron este elegante apelativo poniéndole perfume a la bosta.

Sería largo entrar a detallarlo, pero establece ya no la soberanía limitada en ciertos casos (en especial bélicos o terroristas) y ya no la guerra preventiva cuando algo o alguien nos amenaza según nuestro servicio de inteligencia, sino que avanzando por ese mismo camino, ahora basta con que se violen los derechos humanos en un país, haya hambre, haya enfermedades curables, haya daños ambientales, no haya buenas políticas de género, no haya gobierno electo democráticamente, no haya libertad de prensa e incluso, llegando al colmo, haya gobierno electo democráticamente pero fracase, basta con eso para invadirlo, atacarlo, intervenir en él de todos los modos posibles e imaginables y, para que no se crea que esto es improvisado, hay una fastuosa Comisión de la ONU que ha elaborado un nuevo Derecho Internacional. De corte y confecciÃ
³n.

En el mundo también sobran abogados para cualquier cosa que, además de lo anterior, gradúan con meticulosidad propia de un Código del Proceso esta demolición del Tratado de Westfalia para la gasificación total del viejo concepto de soberanía nacional… De tal manera entonces, podrá intervenirse de cualquier modo, por cualquier motivo, en cualquier país: y será todo absolutamente legal e internacionalmente autorizado, respaldado y aplaudido por las ONG que avalarán y serán una muy seria garantía de imparcialidad (¿Quién lo duda?).

En nuestra próxima columna, aclararemos algunas de las afirmaciones hechas y complementaremos lo que por falta de espacio ha quedado en el tintero. *

(*) Senador de la República

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