EL ESCRITOR ARTHUR CONAN DOYLE Y SU "HIJO" LEGENDARIO, SHERLOCK HOLMES

Hace 147 años nacía el creador del más grande detective de todos los tiempos

El doctor Conan Doyle se dedicó a muchas ramas de la literatura -el terror, el suspenso, la novela histórica, la ciencia ficción e incluso la especulación metafísica y espiritista-, pero fue su perfeccionamiento de la novela detectivesca lo que lo llevó a la fama. Tomando como base al genial Auguste Dupin del escritor estadounidense Edgar Allan Poe, Conan Doyle dio forma acabada a la narración analítica, llevando a Sherlock Holmes al puesto del detective más entrañable de todos los tiempos.

Gran parte del éxito radicó en la complejidad del personaje: un detective misógino, cocainómano, ciclotímico, enigmático, excesivamente cerebral pero con una extraña habilidad para algunas ramas del arte, como la música. Colocando a este conflictuado personaje en una neblinosa Londres de fines del siglo XIX -todavía en shock por los asesinatos en serie de «Jack el destripador»-, Conan Doyle obtuvo una fórmula que hizo estremecer y deleitar a sus lectores.

 

Escribir por diversión

Conan Doyle nació el 22 de mayo de 1859, se educó en Stonyhurst y estudió Medicina en la Facultad de Medicina de la Universidad de Edimburgo. Allí conoció al doctor Joseph Bell, profesor que inspiraría a Doyle para construir su personaje más famoso.

Doyle trabajó en una consulta en Southsea entre 1882 y 1890. Fue cirujano en el ballenero groenlandés Hope y después sirvió como médico del ejército en Sudáfrica durante la Guerra de los Boers. A su regreso le fue otorgado el título de Sir en 1902 por los servicios prestados así como por los dos libros que escribió sobre el conflicto bélico sudafricano bajo el título de «La guerra en Sudáfrica: sus causas y su desarrollo».

Doyle comenzó a escribir sus relatos detectivescos como simple diversión contra el tedio que le producía esperar a sus pacientes. Las dos primeras novelas que Sherlock Holmes escribió, «Estudio en escarlata» (1887) y «El signo de los cuatro» (1890) anticiparon algo de la popularidad que llegó con «Un escándalo en Bohemia», el primero de sus relatos cortos, «culpable» de instalar a Sherlock a un nivel mítico.

De hecho, el personaje creció en forma tan desmedida que despertó la ira de su propio creador, quien decidió matarlo en el relato «El problema final». A esa altura, el pueblo inglés estaba tan encariñado con Sherlock -al que muchos tomaban como una persona real, enviando sus problemas a su supuesto domicilio, ubicado en Baker Street 221B-, que presionaron a Conan Doyle para que lo reviviera de alguna forma. Finalmente lo hizo años después, con «La casa vacía». A partir de allí, Sherlock acompañó a Conan Doyle hasta su muerte, aunque sus aventuras finales, influidas por un patriotismo heredado del imperialismo y la Primera Guerra Mundial, se alejaban del Sherlock que todos queremos: aquel atormentado personaje de Baker Street, capaz de diluir cocaína en una solución de 0,7 si no había misterios capaces de desafiar su mente. Sir Arthur Conan Doyle murió de un ataque al corazón en 1930, a la edad de 71 años. Su cuerpo está enterrado en Hampshire, Inglaterra. Sherlock Holmes, mientras tanto, sigue vivo en todas partes del mundo *

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