Evangelina
Ya lo dije. Hay que cuidarse de una cola rotunda.
Flor de estrategia les ha regalado Evangelina a los llamados «asambleístas de Gualeguaychú», eufemismo anémico para describir la excepcionalidad de unos cuantos entrerrianos dedicados a andar por ahí, levantando carpas, agitando pancartas, cortando puentes, encadenando vehículos, dándole al bombo y al mate y gritando con una letra que da fe de la inmortalidad de la estupidez humana- frente a sedes diplomáticas diversas.
Se les venía la noche y apareció esta chica que, como decía un amigo, «carga bien de atrás». Ahora, claro, la exhiben a cada rato. Y como viene la pelea, en cualquier momento aparecen por Durazno.
Somos lentos. Las oportunidades se nos están yendo como agua entre los dedos. Ya no es tiempo, siquiera, de buscar otra cola para pelear en la misma cancha. Llegó la hora de «Misión Imposible IV», de sacar del medio a la coluda: ¿y si le proponemos algún desafío que le rompa la cabeza? ¿Qué sabemos de ella? Le encanta mostrarse y hacer de heroína. Que se le haya negado a Sofovich no dice nada, porque el ruso viejo te toca, te exhibe diez segundos, te paga dos pesos y después te vende como «gato vip».
Sugiero alguna de estas posibilidades, cualquiera de ellas, si sobrevive, pagada con una semana gratis en el Conrad junto a Luis Miguel (si adelgaza, de lo contrario le tiramos al Pitufo Lombardo): explicar en el congreso nacional de la Asociación Rural, al aire libre y en lenguaje gestual, las ventajas de la trazabilidad; encabezar, llevando sólo un sombrero tipo «casita», la próxima movida de Fucvam frente a la ventana del escritorio de Astori, en Colonia y Paraguay; distribuir en el Borro, vestida como en Viena, formularios del Panes; controlar, de botas negras y látigo en la mano, el siguiente motín en la Colonia Berro; o, si todo esto le resultase insulso, ir a contar, pintada al desnudo con los colores celeste y blanco, el cuentito de las buenas noches a los muchachos que están ocupando Dancotex.
¿Agarrará? *
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