El espectáculo de la izquierda latinoamericana

Vergonzoso

¡Y sí!: debo confesarlo aunque la derecha cobre alevosamente. Es más: invito a la derecha a que pase con la boleta por la Caja. Lo merece.

Debo confesarlo porque rompe los ojos. Es inocultable.

El espectáculo que la izquierda latinoamericana le está brindando al mundo es triste y muy ordinario. Ordinariazo.

«Pizza con champagne» es el título de un famoso libro argentino endilgado oprobiosamente por un famoso escritor y periodista contra el gobierno de Menem y su gente.

Se quedó corto. ¿Por qué solamente a Menem?

«Repúblicas Bananeras» era, muchos años antes, el calificativo merecidamente desdoroso con el que se clasificaba a los despreciables gobiernos de Batista, Trujillo, Papá Doc, Somoza, Pérez Jiménez y tantos otros personajes de pacotilla. «Hijos de puta pero hijos de puta nuestros», decía de ellos un presidente de los Estados Unidos.

Y Latinoamérica cobraba de ese modo una muy fea fama mundial.

Hace unos años, de paso por París, vimos el Arco de Triunfo y la Tumba del Soldado Desconocido pletóricos de políglotas turistas adocenados que evidenciaban no tener idea de qué era aquello. En una de esas piedras descubrí la clásica frase: «El Coco estuvo acá».

Hace unas horas fuimos a Viena y, como no podía ser de otra manera, le metimos a los europeos y al mundo un culo babilónico en la jeta, nos matamos de la risa y hasta hoy venimos comentando, en sesudos análisis no sólo de periodistas sino de profesionales universitarios (¿) la originalidad y proverbial viveza de aquellos imponentes glúteos. Parece ser que no somos más que eso.

No puede ser, estoy absolutamente seguro de que no puede ser que haya faltado el consabido gritito desde la culata del camión con las piernas colgando para afuera: -¡Dale pa´tabaco loco!

Y bueno: tal vez eso da la justa medida de nuestro destino posible. Perdimos el tren y queremos ser eso: hurgadores de basura en masa. A lo mejor, no da para mucho más la cosa.

¡Ojo! La figura del hurgador de basura, su mujer, sus hijos, el caballito y los perros es de las más dignas y enaltecedoras que es dable ver hoy día por nuestras calles. Y visto y oído lo que estamos viendo y oyendo, de las más cultas.

La ordinariez suprema nos tiene agarrados con sus malolientes zarpas. Basta con ver televisión. Sin ir más lejos.

Somos masivamente culpables de haber expatriado a la exclusión de la infravida a decenas y centenares de miles de compatriotas.

Y es por eso que en realidad, lo que nos está pasando a quienes todavía comemos normalmente unas tres o cuatro veces por día, es que de alma, lo que se dice de alma, nos hemos ido yendo a vivir en el asentamiento espiritual y a comer de los tachos de la basura moral.

A lo mejor es la pena por el pecado cometido.

Porque ser ordinario como sueco nuevo y turro como un balde de agua no es cuestión de dónde se vive ni de qué se come ni tampoco de qué marca de auto se usa.

La izquierda fue, es, y será, más allá de las discrepancias que con ella se tengan, una cosa muy respetable. Digna.

Y entonces por eso, nada más que por eso, uno (incluso hasta uno de derecha) tenía pleno derecho a esperar nada menos que eso.

El derecho a tener que pelearse con ella, duramente, pero no a encontrarse con la triste sorpresa de un puñadito de miserables fósforos apagados.

Invito, como quien dice en la hora de autocrítica urgente y necesaria, a rememorar y de paso valorar qué es lo que esa izquierda a la que pertenezco ha venido haciendo en materia de política regional e internacional desde que conquistó o se encontró con colosales triunfos electorales en unos cuantos Palacios de Gobierno a lo largo y ancho de esta dolida América Latina.

Dudo que haya un período histórico tan corto en el que se haya cometido casi al unísono y en masa tan gran cantidad de errores, desaciertos y desaguisados. Con un entusiasmo militante digno de muy superiores causas.

Fijemos la vista en el Mercosur por ejemplo: hace no muchos meses que la enorme mayoría de los votantes puso a la izquierda en su gobierno. Oportunidad magnífica. Unica en la Historia. Casi inimaginable.

Es verdad que ya estaba muy mal pero, vamos a reconocerlo, lo hicimos puré en cuestión de semanas peleándonos por chauchas y palitos.

Nadie, ni la más extrema derecha proimperial le ha hecho un favor más grande a Bush en tan poco tiempo. Nunca Bush le debió tanto a tan pocos y tan gratis. Si esto sigue así, Bush nos financia. Se hace de izquierda.

Obviamente que la responsabilidad más grande y más pesada en este gravísimo error estratégico reposa en Argentina y en Brasil. Vamos a no hacernos los chanchos rengos.

La actitud para con Bolivia de todos, de absolutamente todos (salvo de Uruguay), ha sido vergonzosa. Como de eso todavía queda, hace añares que no hemos sentido tanta vergüenza.

¿Será acaso porque hemos sido aficionados a leer mucha historia? ¿Será porque acostumbramos a ponernos en el pellejo del otro?

Pero las agresiones sufridas por el pueblo boliviano en estos últimos meses desde la muy educada izquierda chilena, pasando por la enorme izquierda brasileña (debe ser de las más grandes del planeta), y la flamante izquierda o progresismo argentino, puesto en el gobierno por la insurrección del dos mil uno y su enorme tributo de muertos muertos y de muertos en vida luego de uno de los saqueos más grandes de la historia del capitalismo mundial, pasando por las injerencias especuladoras de otras izquierdas latinoamericanas más lejanas en el espacio, cada una de las cuales llevando agüita para su mezquino molinito táctico, de poca monta, de eleccioncitas internas y lucha por milímetros de poder y perfilismos lunáticos de baja estofa, algunos de ellos arqueológicos, nunca las hubiera tan siquiera imaginado ni soñado en las peores pesadillas del calabozo.

El espectáculo brindado sin taparrabos en las últimas semanas ha sido oprobioso.

Con todo el respeto que se merecen las doñas de mi viejo barrio: pero los escobazos que hace unos días entrecruzaron brasileños y venezolanos en la vereda iba a decir del conventillo pero no debo faltarle el respeto a los conventillos, hicieron volar los ruleros de papel más municipales y de pan con grasa de que se tenga memoria en los anales de la izquierda.

Los facilistas y facilongos dirán: «todo es obra de la CIA».

Linda excusa para sacarle el formidable traste a la jeringa… Y usarlo como cerebro.

Pretende explicarlo todo, como siempre, sin rendir cuentas de absolutamente nada.

Le echamos la culpa al imperialismo y ya está. Tiene espaldas muy anchas. Y de tan delincuente que es, se come en santa paz cualquier garrón agregado. Brinda un buen servicio.

Lo peor de todo es que se están formando, y tratando irresponsable y empeñosamente de formar, dos acérrimos bloques de alegres suicidas: por un lado Cuba, Venezuela y Bolivia. Por el otro Brasil, tal vez Chile y seguramente Argentina.

Todos en la izquierda, con mínimo rodaje, sabemos, por haberlo sufrido mil veces, lo que ello lamentablemente significa.

Vendrán los fanáticos alineamientos perfilistas para uno u otro lado dividiendo a la izquierda esté o no en algún gobierno.

Vendrán, en manada, los imbéciles de siempre (que no son poca cosa) y la ganancia imperial será total porque el imperio de turno, y los imperios complementarios, manejarán entre bambalinas los hilos de uno y otro bando.

En lo que nos es personal y propio, como jamás reconocimos ni reconoceremos vanguardia internacional alguna, a Dios gracias, seguiremos afiliados a la izquierda uruguaya y nada más que a la uruguaya, aunque tan sÃ

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