Un feudo privado donde no existe control del Estado

La costa de los secretos

Se trata de la marina que controla el argentino Eduardo «Pacha» Cantón en la desembocadura del Arroyo Víboras, en los primeros tramos del Río de la Plata sobre el oeste del departamento, un paraje conocido como Paso Camacho.

Diversas fuentes señalaron a LA REPUBLICA que cada fin de semana viene allí el vicepresidente argentino Daniel Scioli y otras estrellas del espectáculo argentino, y que llegan en sus enormes yates a descansar y pasar desapercibidas. La Marina sobre la desembocadura del Arroyo Víboras es un refugio inexpugnable del que nadie sabe nada, ni quién entra ni quién sale. En el departamento de las contradicciones, mientras atrapan bagayeros con una docena de camisetas de dos pesos, te sacan un refuerzo de mortadela al pisar cualquiera de los puertos colonienses y te señalan el enorme cartel del Ministerio de Ganadería diciéndole NO a la Aftosa ubicado a la llegada del ingreso de turistas al país, en el muelle de Cantón puede entrar una tropilla de elefantes sin que nadie diga mu.

Cuentan la anécdota del dueño de una importante compañía naviera que llegó en un yate imponente desde Argentina con un griego, un francés, un alemán y dos señoritas dinamarquesas que entraron al país sin ningún tipo de registro oficial y fue tal la influencia que usaron en las altas esferas políticas en las postrimerías del gobierno anterior, que consiguieron legalizar su ingreso al país para partir al otro día sin problemas hacia Europa.

A nivel oficial, el proyecto de puerto privado, que expropia al uso de los uruguayos el uso de la costa del arroyo Viboras y la zona de playa que conocimos como La Vuelta Honda de Camacho, figura como un emprendimiento de Grenfix SA en la Dirección de Hidrografía del MTOP pero ante la Dinama no tiene los trámites regularizados.

El proyecto comenzó bajo la firma Pinopark SA que tramitó dos expedientes, fraccionamiento 4551/2002 y amarradero 2001/14001/1/04729, ninguno con autorización. Tampoco Greenfix 3774/2004 no cuenta con autorización aunque más tarde incorporó alguna información que se le solicitó.

La Marina está ubicada sobre el arroyo Víboras en su desembocadura en el Río de la Plata, escondida a la vista pública por los árboles que hacen al entorno del Puente Castells. Al atravesar una muralla de piedra (justo hay un espacio libre de menos de un metro entre ésta y el alambrado), a poco de ingresar un cartel indica que «Narbona está colmada» de embarcaciones, al menos eso decía en referencia a los ya pasados meses «enero, febrero y marzo», aunque realmente no fue así ya que en pleno enero sólo hubo 37 embarcaciones según los registros oficiales. El paraje es hermoso, la Marina luce impecable, todo está cuidadosamente planificado, hasta la prohibición de ingreso de quien a Cantón y su gente se le ocurre.

Durante los primeros días de marzo había un par de yates amarrados sobre el calmo Río de la Plata, el resto era agua y arboles, en la tranquila marina. «Todos los fines de semana viene el vicepresidente argentino Daniel Scioli», cuentan por lo bajo algunos que ven la impunidad con que se manejan allí. En Semana de Turismo se contaron 18 barquitos atracados.

Hasta allí no llega Prefectura, ya que el rol de embarque lo lleva algún empleado de Cantón a la subprefectura de Carmelo, que avisa que a su puerto llegó tal o cual barco. La obligación de registro dice que el barco que llega a aguas uruguayas por esta zona debe atracar en el Arroyo de las Vacas, bajar su tripulación en la oficina de Prefectura y ahí registrarse para luego partir si así lo quiere, al muelle de Cantón u otro destino en esta jurisdicción. Pero esto no se hace y los amigos del «Pacha» llegan directamente a su muelle y queda en la voluntad de los anfitriones hacer conocer su existencia a las autoridades. Tampoco llega allí a recibir los barcos personal de la Dirección de Aduanas y menos el Ministerio de Ganadería, que tanto celo pone y con razón en las barreras sanitarias en el puerto carmelitano para evitar el paso de alimentos de origen vegetal o animal que podrían traer enfermedades como la temida aftosa.

Además, la Dirección de Migraciones debería conocer la cara y los documentos de quienes atracan allí porque podría llegar alguien requerido por la justicia nacional o internacional, por Interpol o la CIA, alguien con documento falso o un delincuente común huyendo de la policía del vecino país «para nosotros en las leyes, ese puerto no existe», afirman desde Montevideo las autoridades de la Dirección Nacional de Migraciones. «No tenemos ningún control sobre la gente que llega desde Argentina y si es extranjero, extra Mercosur, europeo o americano, tiene la obligación de registrar su ingresos si baja a tierra», señalan.

En la tierra de Cantón, su feudo, su privada isla, su tierra conquistada en donde existen sólo sus leyes, los secretos se guardan con el mismo celo con el que los piratas escondían los tesoros en el siglo XVII.

Como un moderno Henry Morgan pero del siglo XXI, sin parche en el ojo, sin pata de palo ni lorito sobre sus hombros, el pirata Eduardo Cantón colonizó estas costas y se instaló rodeado de alambrados y muros de piedra para proteger vaya a saber el ciudadano común qué clase de secretos.

El rey Carlos II de Inglaterra confiando en la lealtad de Morgan y por sus proezas y pillaje a favor de la corona le concedió el titulo de sir y lo nombró vicegobernador de Jamaica.

Cantón es amigo de Jorge Batlle -que los visitaba frecuentemente- y del vicepresidente argentino Daniel Scioli. Supo relacionarse con el grupo del árabe Ghaith Pharaón, el ex banquero del quebrado Extrader Marcos Gastaldi y el ex cuñado presidencial Emir Yoma.

Queda saber si esos vínculos, al igual que a Morgan, le alcancen para que alguien lo proponga como gobernador del paraje de Camacho. *

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